Rompiendo tópicos machistas: “Como una niña”

Hacer las cosas “como una niña”. ¿Dónde empezó todo? He empezado a rebuscar en este mundo cruel sobre los tópicos machistas en un lenguaje cotidiano sexista, que arrastramos desde que somos pequeños. Quiero conocer sus significados para poder impugnarlos.

Tenía que elegir y escribir sobre uno, pero me ha sido imposible elegir entre tantos injustos que existen alrededor nuestro.
Es una maraña de hilos. He intentado tirar de uno pero hay tantos nudos que me es inviable poder decidir sobre uno en concreto. Empezaré tal vez por uno de los que más me duelen a mí como mujer y como persona.

“Como una niña”. Corres “como una niña”, pegas “como una niña”, lloras “como una niña”, luchas “como una niña”… Y así un sinfín de expresiones que asienta la idea de que hacer algo “como una niña” es despreciable.

Empiezo a preguntarme de dónde surgió algo tan macabro en nuestro lenguaje ¿Por qué “como una niña” lleva intrínseco ese desprecio, por aquello del sexo débil? ¿Qué hombre decidió que “como una niña” es indigno comparado a “como un niño”? ¿En qué momento? Qué poderío debe ser luchar como un niño o correr como un niño y no como una niña, ¿no creen ustedes? Despreciable. ¿Dónde está la diferencia entre las lágrimas de un chico o una chica? Explíquenmelo por favor, yo no encuentro respuesta alguna a esta herramienta de humillación.

Yo fui niña, ahora mujer, pero mi esencia de niña sigue estando latente dentro de mí. ¿Les sorprende? Cada día a mi sobrina de nueve años le enseño que tiene que ser luchadora y valiente, como cualquier caballero de la Edad Media; que tiene que ser fuerte como Superman, que tiene que llorar cuando lo necesite, y luchar con todas sus fuerzas cada vez que le hagan daño. ¿Acaso no es eso la esencia de lo que debemos enseñar a nuestras niñas? ¿No debería ser eso lo que debemos enseñar a los hombres de nuestra sociedad, el cómo somos las niñas y su por qué?

Pues eso… Me pierdo en esa expresión tan machista, tan patriarcal. Desde el mismo momento en el que venimos a este mundo: como una niña y no como un niño. Maldigo esa expresión una y mil veces porque la mayoría de las adolescentes cuando crecen se dan cuenta lo que significa esa frase, y caen en la inseguridad de su condición sexual. Es insulto, es desprecio, es ridiculizar la fuerza igual de poderosa que la que tienen los hombres.

A una niña de cuatro años dile que corra, que sea guerrera o que pedalee una bicicleta tan fuerte como pueda. Eso basta. No falta más. Ese comentario sobra, ata y hunde una condición humana y en este caso es la femenina. “Como una niña”… ¡Nosotras podemos igual que vosotros!

Ayer precisamente mi hermano me envió fotos mías de cuando yo tenía apenas cuatro o cinco años. Automáticamente me puse a pensar que en mi vida quién me iba a decir que me iban a intentar hundir con la frase. Pues no señores, conmigo no causó efecto. Yo corrí como una niña, porque fui una niña. Yo lloré como una niña, porque fui una niña. Yo pegué como una niña, porque fui una niña. Incluso luché como una niña porque fui una niña. ¡Con todas mis fuerzas, siempre!

Nunca sospeché que ese insulto impactase en mi vida hasta que empecé en mi primer trabajo. Era bien mayor ya, consciente del daño que podía hacer esa frase.Un trabajo de mayoría de hombres, machotes todos ellos, fuertes, poderosos, soberbios entre ellos.

Y aparecí yo. Llegó un día en el que yo tenía que coger una pieza pesada de un coche y me dijeron:

-No puedes, ya la cogemos nosotros, tú eres una chica. Y tienes la fuerza de una niña.

Con la determinación de mil demonios, me dije:

-¿Qué no puedo? Para querer mi igualdad y para predicarla, voy a coger esta pieza yo sola. Y así hice delante del silencio de mis compañeros (bien es cierto, que la fuerza física es lo único en que somos un poco inferiores, pero todo es ponerse, ¿no creen? A veces la rabia, mueve tempestades). Y la cogí, vaya que si la cogí, como un tsunami de enfado con la fuerza de esa niña de la que ellos se reían.

No pudieron conmigo, pero… ¿Cuántas veces se repite en todos sitios situaciones como ésta? Por desgracia, muchas. Tristemente son muchas. Ahora debo rebatir a todos esos hombres que sostienen cada día esa frase en múltiples situaciones, con el ánimo de la humillación: Llorar, correr, lanzar, luchar, ser sensible, flojear, parecer… Todo ello “como una niña”.

Mi reflexión va más allá a lo largo de toda nuestra historia, en todas las diferentes civilizaciones que podamos recordar:

  • ¿Qué mujer no es fuerte aguantando el dolor de parir como han hecho nuestros ancestros, o llevando a su bebé sobre ellas todo el día?
  • ¿Qué mujer no lucha a muerte si atacan a uno de sus hijos?
  • ¿Qué mujer no pelea por su familia?
  • ¿Qué mujer no corre huyendo si está en peligro?
  • ¿Qué mujer no llora cuando es hija, o hermana, o madre, o esposa, o hija o amiga?
  • ¿Qué mujer no se puede parecer a una niña, si por dentro es la esencia que vive?

Perdónenme si me atrevo a desmentir esa frase humillante pero es que tengo la entera convicción de que nació del miedo de la fortaleza de la mujer, y algo tan obvio lo convirtieron en deshonra hacia nosotras. Su miedo es su humillación hacia nosotras. Su miedo es nuestra lucha. Así ha sido y así será. No hay más. Ahora o en cualquier momento del pasado. Aquí o en cualquier parte del mundo.

Perdónenme si les añado que las lágrimas no deben ser signo de fortaleza, sino de humanidad y sensibilidad. Las lágrimas no entienden de ser niño o niña. ¿Acaso ustedes sí que las distinguen? El poder de la mujer es precisamente ser como una chica. No lo intenten cambiar.

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