Relato de Gears Of War 4: Horda, el enemigo ya está aquí (II)

Segunda y última parte de las aventuras del Ecuadrón de Élite entrenado por Marcus Fenix, Victor Hoffman, Sam Byrne, Cole Train y Damon Baird. La horda continua llenando de enemigos el lugar en el que los gears de la GCO intentan salvar a la humanidad. Para leer la primera parte haz click aquí.

Oleadas 11-20

“-¡Bien hecho cariño!” -exclamó Sammy tocando el culo de Luna.

La gear se quedó petrificada. No pudo ni volver la vista atrás perdiéndose la amable sonrisa de Dalyell. Había pensando en multitud de ocasiones en lo que haría si le sucediera algo como lo que acababa de pasar. Siempre se imaginaba dándose la vuelta y rompiendo la nariz del agresor pero ahora no era capaz. Sammy la anulaba, no podía sobreponerse al tétrico pasado que compartían. Ella, a fin de cuentas seguía siendo su víctima, atada por el miedo a lo que su familia pudiera hacerle si decidía plantarle cara.

Durante esos tensos segundos Gabriel sentía la sangre hervir por su cuerpo, “tengo ganas de partirle el cuello a ese puto cabrón” pensó. Cerró los puños valorando si hacerlo o no. Un ruido seco lo sacó de sus oscuros pensamientos, Vany se había adelantado y le había roto la nariz a Sammy. La independiente se disponía a darle una patada en la boca del estómago cuando Luna se lo impidió.

“-Déjalo, no merece la pena” -pidió la pesada.
“-¿Vas a protegerlo?” -preguntó con frustración Litvak.
“-No se trata de e…” -alcanzó a decir Scott.
“-No te engañes, me quieres y te ha gustado, por eso me defiendes” -explicó Sammy.
“-Su familia es muy poderosa, si a él le apeteciera, tu vida quedaría destrozada en horas” -explicó Luna a Vany pasando olímpicamente de Dalyell.
“-Me da exactamente igual. No pienso consentir ni una injusticia más por una perversión del sistema como lo es el nepotismo de la puta familia Dalyell. Además de nuestro lado está la razón, ¡algo que en la nueva CGO de la presidenta Jinn importa más que el dinero y los contactos!”.

Sammy se empezó a reír tras las palabras de Vany.

“-No tienes ni puta idea de cómo funciona…” -una patada en la boca de Gabriel lo mandó a callar. El soldado lo agarró por la nuca y le ordenó que construyera fortificaciones. Sammy se dirigió hacia el fabricante advirtiendo que disfrutasen de sus últimas horas como soldados de la CGO.

Pasaron unas oleadas en las que los enemigos que volvieron a aparecer eran drones de El Enjambre o pastores de Damon Baird Industries hackeados por pouncers. Nada complicado. Sammy había puesto algunas vallas de pinchos y se había vuelto a recostar en el fabricante. No había soltado ni un solo tiro ni arreglado ninguna de las fortificaciones que habían destruido. Era una de las formas con las que quería llamar la atención de Luna, pero no conseguía de ella ni una sola mirada. Le enfurecía. Él solo sentía un deseo carnal hacia ella, no había sentimientos. Era solo un capricho que se había vuelto obsesión por el paso del tiempo, porque él siempre tenía lo que quería. Y en esta ocasión no iba a ser diferente. “Será mía” pensó.

Un DR-1 diseñado y fabricado por Damon Baird.

“-Empiezan a venir enemigos duros, necesitamos una torreta ingeniero” -expresó fríamente Luna.”
“-Claro mi amor, te la pongo en cuanto me la pidas de una manera más cariñosa” -respondió Sammy.”

Luna no dijo nada y siguió disparando junto a sus otros tres compañeros Vany Litvak, Bell Mataki y Gabriel Maynard. Estaban en la oleada número 16 y ya había que actuar con calma y con absoluta concentración, cosa que iba a ser difícil estando Sammy Dalyell allí. Lograron superar las siguientes cuatro oleadas con serias dificultades al solo ser cuatro miembros activos.

Los cuatro soldados de élite se habían compenetrado tan bien y tan rápido que casi no necesitaban hablar para comunicarse, una sola mirada bastaba, debido en parte a la alianza que habían formado en contra del Teniente General. Al despachar a un scion con bajonazo, el último de la oleada diecinueve, los cuatro se miraron y se prepararon. Ahora vendría un enemigo poderoso. Lo comprobaron en unos pocos instantes. El suelo vibraba de nuevo.

“-¡No!” -exclamó Bell, “¡es un raptor!” -avisó aterrorizada.”
“-¡Manteneos lejos de él para que no os trague!” -alertó Gabriel con un tono de voz que dejó entrever lo acojonado que estaba.
“-Bell y Vanny disparad a los Scions, Centinelas y DR 1. Los demás dispararemos a los enemigos menores como los drones” -ordenó Luna.

El escenario que la comandante se planteó como con más posibilidades de suceder era que el raptor llegase vivo a la base. Si eso sucediera y tuvieran que escapar para luchar en campo abierto, no quería que le llovieran las balas por diferentes direcciones ni encontrarse cara a cara con un scion, había que centrar toda la atención en el raptor si querían sobrevivir.

Comprobó que Sammy no se había puesto a disparar pero no le dijo nada, no quería que su pervertida mente le hiciera pensar que ella le dedicaba algún tipo de atención. Iba a pasar de él aunque le costase la vida.

“-Me adelanto” -avisó Gabriel. El soldado llevaba un enforcer con 880 balas y un lancer con 1100, ambos modificados para hacer un 50% más de año y ser más demoledoras todavía si Maynard lograba hacer recarga activa con ellas. Luna concentró sus esfuerzos para cubrirlo, ya que Bell y Vany estaban cubriendo el otro lado de una manera bastante efectiva.

“No me ha quedado otro remedio si queremos matar a los enemigos antes de que venga el raptor” pensó Gabriel tras haber abandonado su puesto. Había salido a la zona de Impacto en la que había menos coberturas. Recargó perfectamente su enforcer y comenzó a disparar. Sentía un dolor casi inasumible por su lado izquierdo, pero confiaba en que Luna se deshiciera de esos enemigos, él tenía que reventar a todo lo que hubiera allí.

“-¡Detrás!” -oyó la voz de su comandante por el comunicador. Sin pensarlo dos veces saltó hacia atrás y casi sin ver lo que era le soltó un hostión con la culata del arma. No sirvió de mucho, ¡era un scion! Luna comenzó a disparar desde su posición pero no lo mataría a tiempo. Gabriel no huyó porque el arma del enemigo era un Dropshot, lo mataría. De un salto se subió a sus hombros y pudo poner la boca del enforcer en uno de sus ojos, iba a disparar cuando el scion lo tiró al suelo de un brutal puñetazo.

Aturdido, el soldado rodó para evitar el pisotón cuando recibió disparos desde atrás. Era un DB hackeado. Luna disparó al robot para dar tiempo a Gabriel, quién tiró el enforcer al suelo, cogió el lancer y con la sierra encendida corrió hacia el scion que estaba recargando el dropshot. Disparó pero Gabriel lo esquivó evitando heridas graves. Al llegar hasta él, le hincó el lancer en una de sus piernas, cuando el scion dobló la rodilla, Maynard rodeó la cabeza del monstruo con sus manos y apretó hasta que bañó los alrededores con sus sesos, poco importó la lucha desesperada del nieto de la Reina Myrrah por sobrevivir.

Sammy se asomó por encima del fabricante para ver cómo el raptor estaba a punto de llegar hasta él. Y no había nadie para protegerlo. Se le encogió el corazón. Pidió ayuda por el comunicador pero nadie le oyó. Gabriel estaba demasiado preocupado intentando no morir, Luna estaba cubriéndolo sabiendo que si dejaba de disparar su compañero moriría. Bell y Vany estaban apoyándose mutuamente para terminar con los enemigos para poder luchar cómodamente contra el raptor.

El temible raptor iba a por Sammy.

Dalyell se arrastró como pudo para coger el enforcer que había dejado tirado hacía ya unas cuantas oleadas para relajarse totalmente. Lo agarró apuntó, y antes de disparar una sola bala, varias lenguas muy calientes lo arrastraron al estómago del horrible animal. Allí dentro todo quemaba y hedía, y había tanto movimiento que Dalyell añadió su propio vómito a los jugos gástricos del raptor.

Comenzaron los disparos a los pocos segundos, un plazo de tiempo tan subjetivo que a Sammy le parecieron milenios. Podía sentir los impactos en el cuerpo del animal. Se fijó en que no lograban romper el caparazón del animal en un solo impacto. Se necesitaban varios. Unos momentos después el monstruo lo regurgitó.

Sintió frío y un olor insoportable que emanaba de sus propios vómitos y de los jugos gástricos del raptor los cuales cubrían su cuerpo. Gabriel le lanzó el enforcer que llevaba como segunda arma para que se defendiera del inminente ataque. Dalyell lo cogió y se tumbó para no perder tiempo. El asqueroso bicho volvía. No disparó. Dejó que lo tragase de nuevo. “Te vas a cagar puto pedazo de mierda” pensó mientras hacía recarga activa con el enforcer. Disparó. Y lo reventó por dentro.

Oleadas 21-30

El símbolo de la CGO.

El oficial de mayor rango de ése Escuadrón de élite cayó envuelto en trozos de carne y vísceras. Se limpió la cara para respirar y poder abrir los ojos. Una vez calmado, se dirigió a los demás mientras tenía los ojos clavados en el cielo, de un color azul intenso salpicado por retazos de nubes blancas que fueron destrozadas por una tormenta eléctrica.

“-Al final he tenido que hacerlo yo. Os ha costado tanto matar a un par de enemigos menores que el raptor ha llegado hasta la puta base, esta patética situación la voy a tener que relatar con todo lujo de detalles en el informe que haré para el Alto Mando. No me queda más remedio” -expresó.

Al no recibir respuesta se incorporó y miró alrededor. No había nadie escuchándolo, algo que le cabreó profundamente.

“¡Encima que los salvo!” -pensó.
“-Apestoso, ven a la base. No te queremos ver ni oler. Ni tampoco oírte respirar pero va siendo hora de que construyas alguna torreta” -dijo Vany.
“-Había oído que los ricos de la CGO eran vagos y llegaban a los altos puestos por su posición social, ¡pero lo tuyo es pasarse colega!” -exclamó Gabriel.

Sin decir absolutamente nada y sin limpiarse el puré de vómitos, babas, sangre, vísceras y jugos gástricos que lo cubrían, Sammy se dirigió hasta allí. “Aunque me tenga que joder yo y oler esta mierda lo que me quede de estar aquí, ellos también la van a disfrutar. Seguro que ver sus caras de asco me ayuda a acostumbrarme a esta peste” reflexionó.

Al llegar a la base y sin mediar palabra construyó dos torretas. Una la colocó en la posición de Luna y otra tras el fabricante, justo al lado de donde él había pasado la mayoría de las oleadas descansando. También construyó algunas vallas. Sus compañeros, al ver su comportamiento pensaron que se había arrepentido. Solo les duró unos segundos, el tiempo que Sammy tardó en esparcir un poco del puré de mierda que lo recubría en lo que acababa de construir y volver a tumbarse tras el fabricante. Sus compañeros no le dijeron nada.

Cuando ya nadie lo miraba, Dalyell sonrió. No solo había llenado de mal olor toda la base sino que eso le había ayudado a ocultar su sabotaje. Había construido mal las infraestructuras que puso cerca de sus compañeros de equipo, incluso la torreta de Luna Scott.

“-Debe faltar poco para que comiencen a venir los enemigos. Si es como en las anteriores ocasiones ahora deberían venir drones y pacificadores como mucho” -advirtió Luna.

“-Exacto. Eso es justo lo que viene, acompañados de juvies” -clarificó Bell gracias a la mira de su rifle de francotirador.

Tras unas cuantas oleadas en las que no apareció ningún enemigo realmente duro para ese pelotón formado por lo mejor de lo mejor de la CGO, los cuatro compañeros que ya se sentían como amigos estaban más tranquilos. Ya no esperaban nada de Sammy. Al haberlo aceptado se habían podido concentrar mejor en aniquilar enemigos. Gabriel despachó con la sierra de su lancer al último dron de la vigésimo octava oleada.

“-¡Preparaos! Probablemente ahora vengan enemigos que pueden ponernos las cosas difíciles” -avisó Vany, que acababa de llegar con energía para el fabricante.

Luna se dispuso a usar por primera vez la torreta. Pensó que Dalyell no iba a repararla ni a volver a ponerle munición como mínimo hasta que superasen al siguiente enemigo brutal, así que la estuvo reservando para las dos oleadas más complicadas. La porquería que el Teniente Coronel había esparcido por ella ya se había secado así que Scott se deshizo de ella con un golpe seco en las asas de la máquina.

Ese ruido llamó la atención de Sammy, que se asomó por encima del fabricante para ver si los tornillos que clavaban la torreta al suelo seguían sueltos. Lo estaban, nadie había reparado en ello. Los enemigos comenzaron a venir y los humanos empezaron a disparar. La torreta de la Comandante estaba detrás de Gabriel y Vanny, que estaban un poco más adelantados.

Guardianes, scions, centinelas y DR-1 iban cayendo sin causar mayores problemas. Bell avisó que habían matado a la mitad de los enemigos que se acercaban. Luna enfrió la torreta. Un scion con dropshot se asomó. Apuntó a su cabeza y disparó. La máquina empezó a vibrar pero Scott no paró, había que matar a ese enemigo, si un proyectil de su arma llegaba hasta la base les haría mucho daño. Tras matarlo no cortó el fuego porque tras él llegaban nuevos enemigos.

La torreta se soltó. Pasaron unos segundos hasta que Luna tomó conciencia de lo que pasaba y dejó de disparar caóticamente. Al dejar caer la torreta y poder centrar su atención en el campo de batalla un pinchazo le atravesó el corazón. La pierna izquierda de Gabriel y el brazo derecho de Bell habían sido alcanzados por sus balas. No tenían buen aspecto. Vany había ido a socorrerlos mientras Dalyell la miraba fijamente sonriendo como solo un loco podría hacerlo en un momento como ese.

“-Luna, Luna ¡¡LUNA!!” gritó Vany trayéndola de vuelta a Sera. “-¡Encárgate de los enemigos!” exclamó con una carra de horror que trastocó a la comandante.

La independiente estaba apretando con sus muslos la pierna de Maynard y con sus antebrazos el brazo de Bell para que no murieran desangrados. Y además la siguiente oleada acompañada por el Swarmark como jefe ya estaba allí, el incidente los había retrasado y no habían acabado con la anterior.

Luna se puso a cubierto. Las balas pasaban silvando por encima de su cabeza sin descanso. Tenía un lanzagranadas con seis balas y un dropshot con 8. “Vale. Salgo, apunto y disparo. Avanzo y hago lo mismo. No puedo permitir que se acerquen y disparen a Vany, ¡morirían los tres y luego caeríamos Sammy y yo!” reflexionó.

Sin pensarlo más salió de su cobertura y comenzó a correr. No había coberturas y varios drones empezaron a aparecer disparando hacia ella. Apuntó con su boom y erró el disparo. Las balas enemigas le habían causado el suficiente dolor como para que no pudiera mantener su postura normal. Recargó estando ya a punto de morir. Hizo una recarga perfecta “ahora sí” se animó. Disparó y volvió a fallar por las bombas del Swarmark, la habían desestabilizado. Los enemigos habían aprovechado para seguir disparando hasta abatirla. Estaba en el suelo, llorando de rabia y de impotencia por haber fallado antes de empezar. Ahora todos morirían. Su último pensamiento se lo dedicó a Sammy “ojalá te hubiera matado antes pedazo de cabrón”. Tras eso dejó la mente en blanco unos segundos.

Un Swarmak era uno de los enemigos más poderosos de la Horda.

Pero algo no iba como debía, seguía viva. ¿Cómo era posible? La última bala que había disparado se había desviado hacia arriba, tanto que había chocado con una de las alas del avión que se había estrellado en aquel lugar hacía varios años. El impacto la había hecho caer aplastando a los enemigos que la iban a ejecutar. Luna se puso en pie con mucho esfuerzo, se secó las lágrimas, miro hacia el cielo y profirió un grito desgarrador.

Estaba jodidamente cabreada y se iba a desquitar con los enemigos. Miró a la derecha y disparó con el lanzagranadas. Explotó una ampolla del Swarmark. Siguió corriendo mientras desenfundaba el dropshot, apuntó a un scion con bajonazo manteniendo el gatillo tan apretado que iba a romper el arma. Lo soltó con tal furia que se empotró en la cabeza del enemigo bajando por su cuerpo convirtiéndose en la mierda más pesada que nadie había cagado jamás en Sera. El proyectil se clavó en el suelo y explotó llevándose a un grupo de drones y DB’s cercanos.

Luna sintió un tremendo hostión en sus lumbares, lo que la enfureció todavía más. Soltó un gruñido mientras cogía una granada, se dio la vuelta, se la clavó a un scion con lanzagranadas y saltó para atrás. Mientras daba la espalda al enemigo esperando la inminente explosión, cogió el boom, hizo una recarga activa y reventó otra ampolla del Swarmark. La bestia estaba demasiado cerca y venía acompañada de varios enemigos.

Con un semblante serio, la comandante comenzó a correr hacia la mitad del mapa en el que se encontraba. Sacó su última granada y la tiró lo más fuerte que pudo. Sostuvo, con los brazos en cruz, su dropshot y su lanzagrandas cada uno en un brazo. Levantó la vista al aire para ver volar la granada. Cerró los ojos y respiró hondo. Al abrirlos disparó las dos armas a la vez. Los dos proyectiles se unieron con la granada provocando una explosión que hizo tambalear el suelo varios kilómetros a la redonda. La muerte se hizo presente en el fuego para llevarse a todos los enemigos. No quedaba ni uno.

Al ver lo que había hecho Luna se relajó, y sintió todo el dolor que había recibido en forma de fuego enemigo, golpes y el retroceso de las armas que acababa de disparar.

Oleadas 31-40

Los scions lideraban la horda, y eran unos enemigos temibles tanto por su fuerza como por su inteligencia.

Scott volvió corriendo a la base para comprobar el estado de sus compañeros. No quería ni pensar en que Bell y Maynard hubieran muerto desangrados. Apretó los puños confiando en Vany. Al llegar observó una situación que le rompió el corazón. Sammy era la estampa del mal hecho carne y Vany la perfecta representación de la desesperación.

La independiente estaba llorando, sin poder contener ni su saliva ni sus fluidos nasales. Seguía en la misma posición que tenía cuando Luna se fue. Como si estuviera haciendo una plancha de abdominales, seguía apretando con sus piernas la herida del soldado Gabriel y con sus antebrazos la de la francotiradora Bell. Y hacía tiempo que ya no tenía fuerzas. Todo su cuerpo estaba temblando y la sangre comenzaba a brotar de los heridos.

Mientras tanto Sammy seguía tumbado cómodamente tras el fabricante, mirando extasiado los esfuerzos de Vany por salvar a sus compañeros. ¡El ingeniero no había ido a ayudarla y estaba disfrutando con la el dolor y la desesperación de sus camaradas!

Luna vomitó y no pudo impedir que las lágrimas le brotasen de los ojos. Se acercó a Vany y apretó la herida de Bell. La teniente Coronel por fin pudo liberarse y se concentró en curar primero la herida de Gabriel. La bala de la torreta había atravesado la pierna limpiamente. No estaba dentro, pero había seccionado la arteria tibial anterior, perdía mucha sangre. La mujer usó alcohol para limpiar la herida, lo que provocó un grito desgarrador de Maynard. Tras eso le puso un torniquete y le dio de beber algo de agua. El especialista en cuerpo a cuerpo no podía moverse.

Vany corrió al lugar en el que se encontraba Bell Mataki. La mujer sí tenía alojada la bala en su brazo, tenía el bíceps y gran parte del tríceps destrozados. “Cariño, ¿eres zurnda?” -preguntó Vany. “No” -respondió Mataki entre lágrimas. Vany cogió unas pinzas e intentó sacar la bala. Pero no podía. Tras el sobre esfuerzo que tuvo que hacer antes, sus manos seguían temblando y si lo intentaba le destrozaría el brazo del todo.

“Luna, toma”Vany le ofreció las pinzas.

La comandante sabía que no podía negarse, así que decidió no hacerse de rogar. Cogió las pinzas y con muchísimo cuidado las metió en la herida. Bell gritó de dolor. Luna hurgó un poco más para estar segura de hacerlo a la primera. La sacó entera. Vany desinfectó la herida y entablilló el brazo.

Los enemigos comenzaban a venir. Por suerte, como había pasado en las anteriores ocasiones, tras la derrota de un enemigo poderoso, solo eran enemigos menores que no revestían ningún peligro para soldados de élite como ellos. Luna y Vany se encargaron de ellos mientras Gabriel y Bell recuperaban fuerzas y Sammy seguía intentando llamar la atención de la comandante Scott sin conseguirlo.

Luna consideraba que Sammy Dalyell era incluso peor que Skorge.

Luna estaba destrozada por dentro. Nunca se hubiera imaginado que Dalyell se atrevería a llegar tan lejos para llamar su atención. Jamás, ni cuando estudió en La Academia la historia de la Guerra Locust conociendo a figuras tan desalmadas como Skorge o el presidente Richard Prescott, nadie se había comportado con un egoísmo y soberbia tan ilimitadas.

“Podría llegar al mismo infierno y hacer que Satanás pareciera una niña asustada” -pensó mientras un escalofrío recorrió su espalda.

Parapetadas en las coberturas de la base, Litvak y Scott pudieron superar sin muchos problemas las primeras seis oleadas. Pero ya comenzaban a llegar enemigos peligrosos. Ambas miraron al soldado y a la francotiradora. Habían estado hablando animadamente y modificando sus armas.

“No digáis nada, sabemos que necesitáis ayuda. Mirad esto.”

Bell ayudó a Gabriel a ponerse en pie. Ambos se acercaron y mostraron un rifle con el cargador trucado. Habían puesto al francotirador el tambor y y el cargador de la gnasher de Maynard y le habían recortado el cañón.

“¿Qué coño es eso?” -preguntó Vany con los ojos muy abiertos.

“Tiene pinta de tener un retroceso rompe-hombros” -dijo Luna.

“¡A ver! ” -exclamó Bell. “Yo no puedo sostener el arma porque estoy temporalmente manca. Así que aquí, el cojo, sostendrá el arma y aguantará el retroceso. Yo apunto y disparo. Pensamos que este arma a la que hemos bautizado como Soul of Dom va a tener una dispersión de disparo enorme. A largo alcance afectará a muchísimos enemigos pero hará poco daño. A medio alcance dará a menos enemigos pero les hará bastante daño. A corto alcance montaremos una carnicería especializada en carne picada. Así que la usaremos cuando haya muchos enemigos cerca.”.

La comandante alzó la mano mostrando 4 dedos. Era la indicación de que había que tomar posiciones. A los cuatro miembros de la escuadra. Un detalle que no pasó desapercibido para nadie, Sammy seguía tumbado en el suelo pero ya no era capaz de disimular su inmenso cabreo por no conseguir llamar la atención de Luna.

“¡Me cago en el puto Dios!” -pensó. “He dejado a su suerte a dos moribundos y a una independiente de mierda, he disfrutado con ello y al verlo ni siquiera ha venido a pedirme explicaciones. Ni tampoco con todo lo que he hecho antes. Pasa totalmente de mi. Es obvio que jamás será mía. Pero me voy a asegurar que tampoco sea de nadie. No pienso consentir que exista algo que yo no pueda poseer.”.

En ese momento Dalyell acariciaba con su dedo pulgar el filo de su cuchillo de combate. Pensaba darle un lametón en el cuello a Scott y luego rajarle las putas tripas. Pero aún no. Venían enemigos peligrosos y no le apetecía tener que ponerse ni a construir vallas, torretas y centilenas ni tener que disparar su enforcer. Un brutal ruido lo sacó de sus pensamientos.

“¡Toooma yaaa!” -exclamó Bell.

Habían logrado superar las oleadas que les separaban del siguiente jefe final que ya estaba aquí, un transporte que se había acercado tanto hasta allí que pudieron oler su fétido aliento. Pese a que Vany y Luna dispararon hasta quedarse sin balas, el monstruo resistió. Sin embargo, cuando cogió impulso para machacarlos con sus enormes garras, Bell y Gabriel accionaron su creación y literalmente lo reventaron. Los cuatro se felicitaron.

Oleadas 41-50

El arma creada por Bell y Gabriel, Soul of Dom, fue bautizada así en honor al héroe de la CGO Dominic Santiago.

“-Debo ir a por munición, la he gastado toda y quiero aprovechar antes de que vengan los enemigos más duros” -explicó la comandante.
“Te acompaño” -dijo por sorpresa Sammy mientras se ponía en pie.

Todos se quedaron en silencio mirando a Luna, esperando su reacción. Ella se mantuvo impasible, como si no hubiera oído nada y salió a buscar munición tal y como había dicho. Sammy salió tras ella. Vany se fijó en sus manos, pero el ingeniero no llevaba nada a simple vista. Observó el fabricante y vio su enforcer.

“No me gusta” -les comunicó a los demás.
“¿Qué no te gusta? Está claro que va a matarla” -aseveró Mataki mientras le señalaba a Gabriel su petate de la CGO.
“¿Qué?” -preguntó él mientras se lo daba.
“Mirad, por mucha influencia que Dalyell y su familia puedan tener en el gobierno y en la justicia de la CGO, por muy cabronazo que sea, no hubiera actuado como lo ha estado haciendo si no fuera porque quería llamar la atención de Luna, la única mujer que se le ha rebelado y que él no ha podido torcer para hacerla suya. Y digo “hacerla suya” en todos los aspectos, no solo en el sexual. Es evidente que es un piscópata de manual, pero es listo y sabe controlarse, solo que no ha podido por su obsesión con la comandante cuando ella no le ha hecho ni puto caso. Eso ha detonado su locura y su maldad” -explicó Bell mientras terminaba de montar un EMBAR.

Vany se llevó las manos a la cabeza y Gabriel tuvo que sentarse en el suelo.
“¿Y qué vas a hacer? ¿Matarlo?” -preguntó Vany.
“Es un alto mando del ejército y de una familia pudiente. Y ni siquiera sabemos si ha ido para matarla” -razonó Gabrielmás para impedir que la jovencísima Bell cometiera una estupidez que por salvar la vida de aquel bastardo.
“Tranquilos compañeros. Este EMBAR tiene una poderosa mira que le colocó mi amigo Pedro Levedevk. Solo lo mataré si le intenta clavar el cuchillo. A ver, que sigo manca. Vany, ayúdame a subir a esa cobertura. Gabriel sostén el EMBAR.”.

Hacía un par de minutos que Luna había ido a buscar munición llevando detrás a Sammy. El ingeniero no había dejado de hablar en todo momento pero ella no le había hecho caso. Ni siquiera estaba prestando atención a lo que él decía. Estaba más preocupada en recoger munición y, sobre todo, atenta a los movimientos de Sammy, por si se volvía violento.

Un poco más adelante de su posición, cerca de donde había matado al Swarmark divisó mucho armamento. Se adelantó corriendo. Dalyell no varió su ritmo. “Estupendo, estamos muy lejos de la base, los tullidos y la puta independiente no nos verán. La mataré y diré que fue un enemigo. Nadie en la CGO sabrá lo que he hecho aquí, así que todos me creerán” pensó el teniente general.

Luna había encontrado suficiente munición para su boom y su dropshot. Ya iba a retirarse cuando las balas enemigas comenzaron a oírse. ¡Ya llegaban! Se dio la vuelta esperando ver a su acosador pero no estaba allí. Sin perder un segundo en buscarlo con la mirada y deseando que algo malo le hubiera ocurrido, avanzó hacia la base cubriéndose en las coberturas. De repente, al cubrirse en una de ellas, notó un fuerte dolor en el pecho. ¡Era Sammy! Había saltado la cobertura para frenar y desestabilizarla de una patada.

Scott se quedó paralizada. En un primer momento pensó que era un enemigo, después se preguntó qué coño hacía Sammy escondido en una cobertura y para qué había saltado como si ella fuera un enemigo y quisiera… “ejecutarme” pensó unas décimas de segundo antes de morir.

El cuchillo rozó con la punta de su filo la armadura de Luna pero un certero disparo del EMBAR de Bell hizo que Sammy lo perdiera. El ingeniero puso una cara de sorpresa salpicada por una mueca de miedo. Mataki sonrió. Gastó la segunda bala en destrozarle la rodilla izquierda para que se arrodillase frente a Luna. Recargó, y antes de que pudiera disparar, vio gracias a la mirilla de su arma cómo Luna le desgarró el cuello con la sierra de un lancer que había ahí tirado.

La comandante profirió un guito desgarrador, liberando toda la ansiedad que le había provocado aquel puto desgraciado que ya estaba muerto. Continuó hacia la base antes de que la alcanzasen los enemigos que ya podía sentir casi encima de ella.

Al llegar junto a sus compañeros, no dijo nada y se unió con sus armas a la batalla que estaban librando. Nada más acabar de matar al último enemigo, Luna se sentó en el suelo, se tapó la cara con sus manos y empezó a llorar. Bell soltó su arma y fue corriendo a abrazarla, Vany se sentó junto a ella y le dio mano, mientras que Gabriel se puso frente a ella, cerró el puño, se tocó dos veces el pecho a la altura del corazón y la señaló con su dedo índice.

Al ser las primeras oleadas tras la muerte de un enemigo, los soldados dejaron tranquila a Luna unos minutos para que se recuperase de la intensamente dramática situación que había tenido que vivir. Cinco oleadas después, a solo cuatro del siguiente jefe enemigo, Luna se levantó preparada para todo. No fue muy difícil superar las oleadas con Soul of Dom, la creación de Mataki y Maynard, los enemigos que se acercaban eran fulminados. Incluso el raptor que llegó para llevárselos y convertirlos en siervos de los scions cayó rápidamente.

Al vencerlo se prepararon para la siguiente oleada aunque ninguno de ellos podía tenerse en pie. Estaban todos apoyados en las coberturas cuando oyeron a un halcón aproximarse.

“¡No puede ser! ¿Han hackeado un Halcón?” -preguntó Gabriel mientras sus brazos temblaban al no ser capaz de sostener bien su arma sin apoyarla en una cobertura.
“¡Dos enemigos poderosos seguidos, no por favor!” -exclamó Vany.

Apuntaron sus armas hacia él cuando se oyó la voz de la presidenta Jinn.

“Todo ha terminado, ¡hemos salvado todos los asentamientos! Aguantad, en unos minutos pasamos a recogeros. A los 4.”

Los 4 miembros de élite de la CGO se quedaron perplejos. ¿La presidenta sabía que habían tenido que acabar con Sammy? Todos se miraron entre ellos.

“-No parecía muy cabreada ¿no?” -preguntó Gabriel con un tono entre asustado y esperanzado.
“-A lo mejor lo ha dicho en un tono conciliador para que no huyamos” -reflexionó Bell en voz alta.
“-Todo depende de lo que hayan visto. Y oído.” -dijo Vany.

Luna tiró sus armas al suelo y se tumbó mirando el cielo. Hasta ahora no se había dado cuenta de que estaba amaneciendo. Respiró hondó y sonrió.

“Hemos matado a los monstruos” -expresó.

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