La victoria de Bolsonaro anima a Trump a valorar la intervención militar en Venezuela

El triunfo del fascismo en Brasil el pasado domingo, ha hecho resurgir la posibilidad de un ataque armado en Venezuela contra el presidente Nicolás Maduro, quién lleva siendo acosado prácticamente desde el inicio de su mandato. Primero con las guarimbas (en dos oleadas, la primera en 2014 y la segunda en 2017), a las que meses más tarde se unió el boicot empresarial -que se mantiene en la actualidad-, meses la situación se complicó con la especulación de la moneda y ahora, junto a todo ello, las sanciones económicas estadounidenses, que tanto la ONU como el mismo gobierno de Donald Trump afirman que están dirigidas a hacer sufrir al pueblo venezolano.

El ejecutivo estadounidense espera que la escasez de alimentos y medicinas, junto con los altos precios a los que se encuentran, terminen con la paciencia de los ciudadanos venezolanos, provocando que salgan a las calles masivamente contra el presidente de Venezuela, un escenario en el que EEUU podría intervenir militarmente en una operación relámpago.

Sin embargo, en el último año, Donald Trump ha sufrido varios reveses en América Latina que le han impedido llevar a cabo sus planes militares en Venezuela, pese al leal apoyo de Colombia, que le ha decido el control de su frontera para presionar a Venezuela, y cerrarla en caso de que llegase a producir el ataque.

EEUU no fue capaz de vencer a la diplomacia bolivariana en la Organización de Estados Americanos (OEA), ni si siquiera con el apoyo del Grupo de Lima -una entente de países con gobiernos de derecha que se unieron en Perú con el único objetivo de derrocar a Nicolás Maduro– y con la ayuda del secretario general de la OEA Luis Almagro. La victoria de López Obrador en México y el fracaso del chantaje a los gobierno de Nicaragua -mediante los tranques- y al de República Dominicana -con un posible aumento de los precios del petróleo-, terminaron por enterrar la posibilidad militar, que solo se quedó en retórica para presionar al gobierno de Nicolás Maduro.

Incluso el Comando Sur de EEUU se pronunció hace dos días a favor del regreso a la vía diplomática para volver a recomponer las relaciones con el gobierno de izquierdas que se mantiene en Venezuela. Sin embargo, la victoria de Jair Bolsonaro, un fascista que piensa que lo único que hizo mal la dictadura brasileña fue no matar a más presos políticos torturados, ha vuelto a abrir la puerta a la invasión militar.

En la primera conversación que sostuvieron los mandatarios de EEUU y Brasil, Donald Trump le propuso a Jair Bolsonaro unirse al contingente de países que están dispuestos a entrar militarmente en Venezuela para terminar con el bolivarianismo. Funcionarios de EEUU ya amenazaron a Nicolás Maduro en la OEA sobre una invasión organizada por EEUU pero en la que las fuerzas militares del país del norte no participarían.

Brasil no es solo una potencia económica en América, su diplomacia tiene un poder geoestratégico enorme, por lo que la mayoría de los países del continente podrían permitir la invasión en Venezuela, ya sea con un apoyo directo o con un silencio cómplice, para mantener los intereses económicos y los negocios de sus empresas privadas en Brasil, donde confluyen el MERCOSUR y los BRICS.

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