Sri Lanka, ¿es el yihadismo otra forma de fascismo?

El pasado 21 de abril, Domingo de Pascua -es decir, la fiesta central del cristianismo-, una serie de atentados suicidas con bomba provocaron la muerte, al menos, de 311 personas -con más de 500 heridos, es probable que esta cifra aumente durante los próximos días-. Estos hechos sucedieron en Sri Lanka, un estado insular situado en el Océano Índico; los objetivos de los terroristas fueron tres iglesias y cuatro hoteles de lujo.

Según las autoridades locales, los autores del atentado serían miembros de la National Thowheeth Jama’ath -literalmente, Organización Nacional Monoteísta-, grupo yihadista de ideología terrorista islamista que, como único objetivo, promueve esparcir el movimiento yihadista en Sri Lanka para crear odio, miedo y división en la sociedad.

Un país multiétnico y multireligioso

Sri Lanka, además de ser uno de los países más poblados del planeta, es también uno de los que goza de mayor diversidad, tanto étnica como religiosa. El 74,8% de la población es cingalesa, adoptando la mayoría de ellos la religión budista. Introducido en la isla el siglo II aC, el budismo es la religión del 70% de los habitantes de la isla asiática.

El segundo grupo étnico más grande es el de los tamiles de Sri Lanka, que representan el 11,2%; estos están diferenciados de los tamiles que llegaron desde la India, que no llegan al 5% de la población. Ambos grupos, no obstante, son mayoritariamente hinduistas, la religión principal en las regiones septentrionales del país. El hinduismo acoge alrededor del 13% de la población total en la isla.

En relación a musulmanes y crstianos, ninguno de los dos grupos supera el 10% de fieles en el país, aunque los segundos han aumentado en los últimos censos. A lo largo de la historia reciente de Sri Lanka, cristianos y musulmanes habían tenido un papel de mediadores entre los dos grandes grupos, budistas e hindúes, cingaleses y tamiles, enfrentados durante años en una sangrienta guerra civil.

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La guerra civil (1983-2009)

Durante más de 25 años, entre julio de 1983 y mayo de 2009, Sri Lanka se vio azotada por una guerra civil que dejó más de 100.000 muertos y cerca de 800.000 desplazados internos. En este conflicto se enfrentaron, por un lado, las Fuerzas Armadas del país, de mayoría cingalesa y budista, contra los Tigres Tamiles, organización separatista que buscaba el establecimiento de un estado independiente en el norte de la isla, llamada Eelam Tamil, de mayoría tamil e hindú.

Aunque el conflicto estalló en la década de 1980, los orígenes de la misma se remontan a cuando la isla se llamaba Ceilán y el Imperio Británico era la potencia colonial. Como hicieron en otros territorios –Palestina, India/Pakistan-, los británicos fomentaron las diferencias étnicas y religiosas para dominar la sociedad autóctona, enfocando la atención de las élites en los otros, en lugar de las propias autoridades británicas.

Al final, con la muerte de Velupillai Prabhakaran, líder de los Tigres Tamiles durante todo el conflicto, los tamiles aceptaron la derrota, cesando con un conflicto que llegó a contar con la presencia de una fuerza militar de la India. Por este motivo fue asesinado Rajiv Gandhi, hijo de Indira Gandhi y sexto primer ministro del país (1984-1989).

Los atentados del Domingo de Pascua

Desde el cese de las hostilidades y el final de la Guerra Civil, Sri Lanka había experimentado un crecimiento económico sostenido, principalmente gracias al desarrollo del turismo. A pesar de ello, las condiciones de muchos de sus habitantes seguían siendo malas, principalmente como consecuencia de la explotación sufrida por parte de grandes multinacionales, que utilizan las mismas tácticas que se pueden observar en China, Vietnam, Filipinas eIndonesia, llegando a acuerdos con gobiernos corruptos para tener mano de obra barata, casi esclava.

En los últimos años, no obstante, el gobierno del país había detectado la radicalización de alguno de sus habitantes, principalmente musulmanes, que se habían desplazado a Siria para luchar junto al Estado Islámico. Este hecho, además, se producía después de un aumento de la violencia entre budistas y musulmanes, siendo los primeros que atacaban comercios de los segundos.

Ante estos hechos, no es descabellado deducir que estos atentados se circunscriben dentro de la oleada de ataques parecidos practicados por yihadistas en todo el mundo, principalmente en países con mayoría musulmana, pero que también afectan a otros estados -los casos más recientes en Francia y Barcelona, sin olvidar los atentados de Madrid y Estados Unidos-.

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El yihadismo y el fascismo

Son muchos los analistas que intentan centrar el foco de atención en el Islam y los musulmanes cuando se produce un atentado yihadista. El concepto propio de Yihad está discutido; los islamistas radicales defienden la existencia de un concepto, la “yihad menor“, que tendría una connotación violenta y sería la base de la guerra santa. Históricamente, esta faceta apareció cuando distintos líderes musulmanes quisieron legitimar sus ansias imperialistas y se lanzaron a conquistar territorio.

El concepto de Yihad, en realidad, o “yihad mayor“, como se la conoce para diferenciarla de la acepción anterior, tiene una interpretación más espiritual, centrada en la búsqueda que cada musulmán debe emprender para ser mejor persona. En definitiva, se trata de una lucha interior con uno mismo.

El yihadismo, en definitiva, es otro modo de fascismo. Se pretende obligar a todo aquél que piense distinto a abrazar unas ideas, en este caso una fe religiosa, atacando a todos aquellos que no se plieguen a su voluntad, en este caso representada por un líder que es Alá.

El fascismo se caracteriza por exaltar valores como la patria o la raza; en este caso, la religión. También por un intento de mantener permanentemente movilizadas a las masas, como se hizo en el Estado Islámico, donde todos los hombres eran combatientes. Otro rasgo característico es la opresión de las minorías -en casos recientes, se han encontrado más de 200 fosas comunes en Irak-, además de convertir a las mujeres en esclavas, limitadas a servir a los hombres y a procrear.

Por este motivo es cuestionable diferenciar las distintas formas de fascismo y extrema derecha, aunque provengan de grupúsculos neonazis, con lo que representa el yihadismo, ya que ambos son una cara de la misma moneda. El fascismo toma muchos nombres distintos, pero siempre actúa del mismo modo.

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