El golpismo boliviano usa la sedición para detener a quién proteste contra él

Arturo Murillo es uno de los principales cargos de la dictadura impuesta en Bolivia mediante un golpe de estado, a cargo de los asuntos internos del país, el fascista ha creado una nueva línea de persecución política además de la represión que ya ha provocado 23 asesinados, cientos de heridos y detenidos.

El político, parte del gabinete que Jeanine Áñez ha designado para asentar el golpe, ha expresado que todo aquél que realice actividades en contra de la dictadura, será acusado de sedición, y por lo tanto detenido, lo que convierte en delincuentes a los ciudadanos y cargos públicos que salen a la calle o acuden a las instituciones a hacer valer el voto del pueblo boliviano.

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En una pretensión de evitar que se conozca la represión que la nueva dictadura lleva adelante, Arturo Murillo también ha amenazado a los periodistas con ser detenidos por “sedición“, que en este caso se aplicaría a todo aquel que grabe material que demuestre la existencia de la violencia con la que la policía y los militares intentan desmovilizar a los demócratas que llenan las calles de las principales ciudades en exigencia del regreso al cargo del presidente constitucional de Bolivia Evo Morales.

Sin embargo, la medida va destinada a acabar con la mayoría del Movimiento Al Socialismo (MAS, partido de Evo Morales) en el poder legislativo (parlamento y senado), ya que es necesario para poder imponer medidas que la dictadura necesita para poder convocar elecciones con las que asentar el golpe.

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La semana pasada, el poder legislativo, con quórum, volvió a reconocer a Evo Morales como el presidente constitucional del país, por lo que en el terreno institucional los demócratas bolivianos tienen una ventaja que impide a los golpistas establecer sus políticas.

Ahora con esta nueva medida coercitiva e inconstitucional, la dictadura recién impuesta podrá detener a discreción a los principales líderes del MAS, reduciendo así su correlación de fuerzas favorables en el Parlamento y en el Senado, creando la oportunidad, en base a la represión, de legislar tanto medidas neoliberales, como avalar las elecciones que Jeanine Áñez quiere celebrar cuanto antes.

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