#EstadoFrikiNet Orgullo friki: la vida del melómano

Con motivo del Día Internacional del Orgullo Friki, en Elestado.net vamos a ofrecer una serie de publicaciones para la ocasión. Como me encargo de redactar en la sección musical, voy a tratar de enfocar tal evento desde la perspectiva del melómano, adjetivo que por supuesto me atribuyo.

Un melómano no deja de ser una persona que siente una enorme pasión por el arte de la música. Obviamente, a muchos les gusta la música, pero sentir pasión por ella es diferente. Es llevar el interés a otro nivel. Puede que algunas personas tengan claras las diferencias al terminar de leer este artículo que, por supuesto, pretendo que sea algo más informal.

La importancia del formato físico

Es habitual que un melómano tenga en su hogar un buen número de discos originales, ya sea en vinilo o en cedé (también se puede escribir así). Esto es así porque solemos darle importancia al trabajo de los músicos y de todos los trabajadores que forman parte del resultado final, que son muchos y de variados roles. El hecho de desempaquetar el artefacto sonoro, de poder tocarlo, visualizar el arte de la portada, leer las letras y los créditos, así como el ritual de reproducirlo, es algo que solamente los melómanos podemos entender.

También suele ser frecuente que los melómanos reproduzcamos los discos de forma íntegra, sin recurrir al salto de canciones o al botón de reproducción aleatoria, salvo en ciertos momentos de reuniones con amigos y demás. ¿Por qué? Pues porque un álbum está confeccionado para darle un sentido. El orden de las canciones está estudiado, y más si nos enfrentamos a discos conceptuales, donde toda la obra gira en torno a una historia o a un tema en concreto. Un álbum conceptual se estropea por completo si no se reproduce de principio a fin.

La importancia de las portadas

Puede que para muchas personas esto no sea importante, pero lo es. Antaño, cuando no había internet y aparecía un disco nuevo que, por sus características tampoco tenía cabida en la radiofórmula, la portada tenía un rol fundamental. Tenía que impactar de alguna manera para que quien acudiese a una tienda de discos pudiese darle una oportunidad a ese trabajo. Así descubrieron muchas personas algunos de sus discos favoritos.

Además, muchas de ellas juegan un papel fundamental en el concepto del disco. Es más, algunas de ellas han trascendido por ser verdaderas obras de arte, las cuales acompañaban y completaban toda la labor musical. Una buena portada no está realizada al azar. Todo el mundo tiene en mente la del disco The Dark Side of the Moon de Pink Floyd, el Tubular Bells de Mike Oldfield o el plátano de The Velvet Undergound.

Además, en muchas ocasiones, la portada es la puerta de entrada a la temática del disco, o tal vez se inspira en la música del mismo. Esto sucede mucho en el rock progresivo. La música empieza en la portada. Y esto es así porque refleja a través de la imagen lo que te puedes encontrar en la música y en las letras. Un disco sin una portada es una obra coja.
De hecho, hay grandes y famosos ilustradores como Roger Dean, Mark Wilkinson, Rodney Matthews o la factoría Hipgnosis.

Ojo, esto no significa que porque una portada sea maravillosa, el disco también lo sea. No, todo debe ir en consonancia. También hay discos maravillosos con portadas horrendas, pero vaya, que la idea no es profundizar en esto sino en la perspectiva de los melómanos.

La información es primordial

La forma en la que se consume la música ha cambiado, aunque no tanto en los estilos musicales más alejados de la radiofórmula. Al fin y al cabo, lo que uno puede escuchar en las emisoras no se acerca ni al 2% de la oferta musical de toda la música existente.

Los créditos de los discos son importantes. Gracias a ellos puedes saber qué miembro de un grupo ha compuesto la canción y qué instrumentos toca cada músico. También otras informaciones como el período de grabación, el estudio en el que se registró la obra, el productor, el ilustrador y mucho más. Esto es interesante. Si un aficionado al cine quiere saber quién participa en un filme, los melómanos lo mismo en la música.

Con la llegada de internet, la información sobre solistas y bandas es mucho más abundante. Uno puede acudir a bases de datos musicales, comprobar las ediciones que hay de cada disco, cuál está remasterizado, cuáles son las ediciones especiales, cuál viene con bonus tracks, consultar la biografía de los músicos y hasta buscar música por estilos y país. Personalmente, esto lo llevo haciendo desde hace mucho tiempo. Busco siempre nuevos artistas de diferentes nacionalidades y diversos sonidos. Ello ha consolidado mi cultura musical y así seguiré haciendo hasta que mis oídos digan basta. Supongo que muchos otros melómanos hacen lo mismo. Me consta que sí.

¿Y qué hay del streaming?

Es cierto que algunos puristas reniegan de las plataformas streaming pero, no nos engañemos, un melómano puede tener una buena colección de discos en casa y también tirar de servicios como Spotify, Tidal, Qobuz, Amazon Music, Deezer e incluso Bandcamp. Esta última plataforma quizá sea la que más cuida a los músicos con menos nombre. Además, en ella también puedes comprar los discos en formato físico y digital al propio grupo.

Los servicios de streaming ayudan a escuchar discos que no tienes en tu colección. Pero ojo, también a descubrir nueva música. Con las escuchas puedes acabar enamorándote de ese grupo que hasta hace un tiempo no habías prestado atención y puede que al final adquieras su álbum en formato físico.

¿Y la calidad del sonido?

Aquí cada melómano posee sus propios artilugios y dispositivos. Equipos de música, altavoces, amplificadores, tocadiscos, DAC, auriculares, dispositivos portátiles de alta fidelidad, etc. Cada cual con sus gustos y según lo permita la economía. A la pregunta de si el melómano le da importancia a la calidad del sonido y de sus equipos, la respuesta es claramente afirmativa.

¿Hay algo de nostalgia en el formato físico?

Es algo complicado de abordar un tema así. El formato físico es fundamental para entender una obra completa. Con un archivo digital, sin libreto, textos y créditos es imposible comprender al 100% el carácter y la función principal de una obra musical concreta. A esto hay que hacer alguna que otra distinción. No es lo mismo un disco de Rosario, con todos mis respetos hacia ella, que uno conceptual en el que se abordan temas importantes o se cuenta una historia desde la primera composición hasta la última.

Lo que sí es cierto es que el formato físico es complicado que desaparezca. Es cierto que el cedé ha caído bastante, pero su desaparición está lejos de ocurrir. Es más, otro soporte físico como el vinilo está resurgiendo. Y no estamos hablando de una moda. Todo el mercado musical se ha puesto manos a la obra. Hay muchas marcas fabricando y vendiendo tocadiscos, y la inmensa mayoría de obras ya se comercializan en formato digital, en cedé y en vinilo, incluso los nuevos lanzamientos.

Es más, la industria estadounidense ha reportado ingresos en vinilo que en 2019 estaban por encima del año 1989. El vinilo, que prácticamente desapareció durante la década de los 90 y con una tendencia a la baja hasta 2007, ha comenzado a subir en ventas desde 2008 hasta el día de hoy, hasta el punto de convertirse nuevamente en un nicho de mercado rentable. Quizá esto se lo tengas que deber a los melómano. Para ti puede ser nostalgia, para nosotros, el cedé y el vinilo, dependiendo de por lo que opte cada uno, es fundamental por lo explicado anteriormente.

Ahora, como melómano, decirte que esto para mí no tiene nada de frikismo. Se trata de interés cultural. Mientras unos oyen la música, otros la escuchamos. No es lo mismo. Es un interés sin más, al igual que otros lo tienen por otras áreas artísticas. La música es arte y así es como la entendemos.

Bueno, que me enredo. Os dejo que voy a poner un disco de The Doors.

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