¿Qué es el franquismo sociológico? (II) Resurgimiento e impunidad

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La muestra de la pervivencia del franquismo sociológico entre amplios segmentos de la población española es la reaparición, con cada momento de crisis, de determinados mantras que son esgrimidos, hasta la saciedad, por la derecha.

Un ejemplo de ello es el concepto de que “con Franco vivíamos mejor”, que resurge en cada momento de crisis económica. Aunque la crisis de finales de los 1970-80 se había gestado ya durante el régimen. O el de “con Franco no pasaba”, que surgió para censurar comportamientos y situaciones que se salen de lo marcado por la moral ultracatólica.

El franquismo sociológico en los últimos años

Hoy día se utilizan para demostrar que el régimen franquista era más “democrático” y aperturista que la imperfecta democracia actual. Por ejemplo, se ha utilizado en la batalla por el tabaco y fumar en lugares públicos, o durante los debates sobre la circulación de vehículos en Madrid.

El franquismo sociológico se ha mostrado muy activo en determinados momentos en los últimos años, como quedó demostrado durante el debate de la Ley de Memoria Histórica, en 2007, que demostró la resistencia a condenar el franquismo por parte de un gran sector político, social y económico español.

Uno de los fenómenos que han abanderado el surgimiento de este franquismo sociológico es la larga lista de “intelectuales”, periodistas o políticos que se han dedicado a justificar el golpe de Estado de 1936 o, directamente, a blanquear la dictadura genocida.

La lista de estos personajes ha sido, y es, larga y sigue creciendo cada día: desde personajes como Salvador Sostres o Pío Moa, a políticos como Pablo Casado o Albert Rivera, por no citar al sacrosanto Santiago Abascal.

>>¿Qué es el franquismo sociológico? (I) Origen y valores<<

El discurso de la derecha actual sigue plagado de los mismos conceptos y valores del franquismo: son los que defendió Ruiz Gallardón para intentar reformar la ley del aborto; las referencias al “milagro español” de Cristobal Montoro, en lo más duro de la crisis de 2008; o las referencias constantes a la unidad de España.

Estos valores tienen como objetivo despertar las emociones que se fomentan entre los votantes de la derecha. Una añoranza de la que no se han separado en ningún momento en el PP, por convicción de sus miembros o por mero cálculo electoralista. Pero también lo han conseguido con su actitud, negándose a condenar la dictadura, oponiéndose a la Ley de Memoria, a la retirada de simbología de las calles, etc.

El franquismo sociológico está infiltrado, no tanto en el conjunto de la población, sino en sus instituciones esenciales, gracias a la impunidad que siempre ha gozado una ideología tan fascista como el nazismo alemán. Esa fue la herencia ética que nos dejó una Guerra Civil, una dictadura represiva, una Transición “modélica” y cuarenta años de democracia imperfecta.

La impunidad

La impunidad del franquismo en la sociedad española no tiene igual en ningún otro régimen dictatorial del mundo. La Transición garantizó esa impunidad, y ni siquiera cuarenta años de democracia han conseguido cambiarlo. El Estado actual es heredero directo del franquismo y ese es el problema de España.

La falta de asunción de la carga del pasado ha permitido al franquismo seguir presentándose como el nuevo dueño del Estado. No se depuró a los elementos más comprometidos y criminales, ni a los enemigos de la auténtica democracia. Al contrario de lo que pasó con la purga que el dictador genocida hizo de las estructuras de la República.

Mientras no se asuma esa impunidad, seguirá el franquismo sociológico presente en la deriva autoritaria del Estado. Pero tampoco permitirá el reconocimiento y la justicia para las víctimas. Es una impunidad que nos impide avanzar como democracia.

Los defensores del franquismo sociológico son la cara de un poder económico y político que no ha abandonado los vicios de una economía que tantos beneficios les produce. De una política que les permite seguir controlando el sistema, que pretenden seguir interviniendo la educación, que propaga unos valores sociales que, en realidad, no es más que adoctrinamiento.

Hay dos elementos clave para tratar ese franquismo sociológico. El primero sería una condena unánime y real de la dictadura franquista, rompiendo con ella. Esto evitaría que, en una encuesta del CIS de 2008, se reflejase que el 58.2% de los encuestados afirmase que el régimen tenía “cosas buenas y malas”.

El segundo sería que la derecha rompiese abiertamente con la dictadura, como sí se hizo en Alemania, en procesos complejos pero que han resultado beneficiosos para su democracia.

Los hábitos del franquismo no desaparecieron con la llegada de la democracia, igual que los franquistas siguieron haciendo carrera pese al cambio político. Esos hábitos fueron heredados por la democracia. Cuarenta años de socialización y propaganda franquista generaron una multitud de comportamientos que afloran cada cierto tiempo.

Algo que hicieron también con el relato de la guerra y la dictadura, y que permita que aún haya personas que defiendan el golpe de estado, que critiquen a los familiares que aún buscan a los suyos, o que montaron el circo tras la exhumación del dictador del Valle de los Caídos.

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