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El conflicto de Ucrania: ¿Batalla informativa o batalla propagandística?

En Ucrania está teniendo lugar un conflicto bélico, una guerra abierta con víctimas inocentes, desplazados, refugiados y otras miserias humanas derivadas de la conflagración. Pero también está teniendo lugar una guerra informativa, en la que es muy difícil discernir lo que es realidad de lo que es propaganda.

«La primera víctima cuando llega la guerra es la verdad». Esta frase, pronunciada por el senador estadounidense Hiram Johnson en 1917, nunca ha sido más cierta que en estos momentos de fake news, mentiras y propaganda interesada. Y es aún peor cuando se refiere a un conflicto bélico como el que estamos viviendo.

El conflicto que está llenando los informativos estos días, entre Rusia y Ucrania, debe entenderse como una pieza más en el marco de un tablero geopolítico que está en constante cambio.

Se trata, como la han definido muchos analistas, de una guerra imperialista de agresión, que se presenta como todas las guerras de agresión, bajo los pretextos más habituales: la defensa del espíritu nacional, de los intereses patrios, entre otros. En este sentido, este conflicto no tiene nada de nuevo. Pero, para entender mejor el conflicto es necesario analizar sus orígenes, sus raíces más profundas, y los intereses que se han formado a su alrededor.

A pesar de la emotividad y la propaganda que rodea todo el conflicto, en un bando y en otro, debemos ser capaces de comprender que no tiene nada que ver con la maldad de un único personaje (como se pretende hacer creer, y como se hizo anteriormente con Milosevic o Sadam Husein). No se trata de una política basada en un guión de cine al que estamos culturalmente acostumbrados. Se trata de un conflicto que viene de lejos.

Por eso es necesario proporcionar nuevos elementos de juicio que contribuyan a construir un criterio propio, aunque no esté totalmente de acuerdo con lo expuesto.

En Ucrania está teniendo lugar un conflicto bélico, una guerra abierta con víctimas inocentes, desplazados, refugiados y otras miserias humanas derivadas de la conflagración. Pero también está teniendo lugar una guerra informativa, en la que es muy difícil discernir lo que es realidad de lo que es propaganda.

En general, todo lo que se refiere al conflicto entre Rusia y Ucrania se ha basado en líneas informativas muy “planas”: conocemos mucho mejor los dramas humanos de las víctimas que cómo está evolucionando la realidad del conflicto bélico.

En este contexto encontramos, como muchas otras veces, que los tertulianos habituales que saben de todo (ya sea de la pandemia, erupciones volcánicas, precios de la energía o estrategias bélicas); ya tenían una opinión profundamente formada sobre Rusia, Ucrania y el conflicto, mucho antes de que éste comenzase. Y todas esas líneas informativas se han centrado, en gran medida, en la personalidad (o los trastornos de personalidad) del presidente ruso, sin analizar en profundidad las causas y consecuencias de los acontecimientos que han llevado al conflicto.

Esta situación ha llevado a que tengamos acceso a una información muy sesgada de los acontecimientos, con numerosos “creadores de opinión”, plenamente adaptados a las necesidades de sus “amos”, de los que más valdría apartarse.

Una de las paradojas informativas de este conflicto es que nos ha llevado a un punto difícilmente asimilable: se castiga la censura de los medios de comunicación en Rusia, al mismo tiempo que se censuran los medios de comunicación rusos en Occidente. Es decir, estamos reproduciendo el mismo comportamiento que censuramos en otros.