La caída de la Segunda República: la carnicería se pudo haber evitado

El 12 de abril de 1931, se celebraron unos comicios municipales que para la mayoría de los españoles se tornó en un verdadero plebiscito entre dos modelos de estado. Las conspiraciones contra la Segunda República empezarían ya ese mismo año, tras la victoria rotunda de los republicanos.

El primer gran ataque contra la Segunda República, cuando apenas había echado a andar, fue el intento de golpe de estado del 10 de agosto de 1932, liderado por el general José Sanjurjo y que fracasó rotundamente al recibir muy poco apoyo de las Fuerzas Armadas.

Con sus luces y sombras, la Segunda República se fue abriendo paso entre reformas que tenían como fin sacar a España de su oscuro atraso. Ejemplo claro fue la reforma agraria, que venía a solucionar la enorme desigualdad en las tierras de la mitad sur de España, con unos latifundios propiedad de unas pocas familias y más de dos millones de jornaleros sin tierra que vivían en la miseria.

El método elegido fue la expropiación con indemnización y la entrega en lotes de tierras a los jornaleros, cosa que aún en 1933-1934 no se había llevado a cabo, lo que agitó enormemente a la sociedad del campo extremeño y andaluz.

>>La relación de la II República federal con el nacionalismo y el independentismo<<

También cabe destacar la reforma educativa, uno de los mayores avances en materia de educación pública que ha vivido España en su historia: construcción de escuelas, reducción de la alta tasa de analfabetismo, Misiones Pedagógicas, creación de bibliotecas, etc.

Pero ninguna de estas reformas llegaron a su completo cometido.

Lo justo no era que millones de jornaleros trabajaran la tierra de unas pocas familias adineradas y terratenientes, y en unas condiciones infrahumanas, con unos salarios míseros y con familias pasando hambre.

Lo justo no era dejar en la ignorancia a millones de españoles sin una reforma educativa que librara a España de esos «hombres rotos» y dejarlos sin los valores democráticos con los que se acompañó la República.

La Segunda República asaltó los tiempos, quizá, de forma adelantada, pues una buena parte de la sociedad del momento no estaba preparada para tan avanzadas reformas, sobre todo las clases altas y privilegiadas que, junto con la Iglesia, se negaron a dignificar a quienes tenían poco.

Se siguen oyendo ensordecidamente los ecos del discurso franquista, del argumento «Francisco Franco tuvo que salvar a España del dominio rojo«. No sabemos a qué dominio rojo se refieren.

La Segunda República fue un sistema salido de las urnas, un régimen que poco o nada tenía de comunista. Tan poco tenía de «rojo» que incluso en 1933, hasta la derecha más reaccionaria ganó unas elecciones y pudo gobernar, desmoronando, eso sí, todas y cada una de las reformas del bienio anterior.

Es más cierto aún, que la República era más un régimen burgués que poco tenía de soviético. Las diferencias eran evidentes. En ningún caso se puede afirmar que la República acabaría por convertir a España en un país satélite de Stalin.

En 1933, el pistolerismo callejero hizo su aparición en escena de la mano de los discursos incendiarios de José Antonio Primo de Rivera y su partido recién nacido: Falange Española. El germen de la violencia que los opositores a las reformas, apoyados por la Iglesia y los grandes propietarios, habían sembrado en los años anteriores, se materializó en el pistolerismo fascista.

La estrategia de la derecha más reaccionaria y falangistas era clara: provocar a la izquierda y esperar su reacción para una posterior venganza: acción-reacción-venganza.

>>Las Misiones Pedagógicas de la Segunda República<<

Es frecuente escuchar a la derecha, aún a día de hoy, afirmar que la guerra civil fue provocada por el asesinato del diputado monárquico José Calvo Sotelo. Lo cierto es que, con anterioridad, la reacción, había asesinado al teniente de la Guardia de Asalto republicana, José del Castillo.

El golpe de estado de 1936 estaba planificado mucho antes de estos actos. Tanto es así, que en abril de 1936 se urdió un plan para asesinar al presidente de la República, Manuel Azaña, planes que el propio Emilio Mola rechazó afirmando que todo estaba preparado y que un acto tal derrumbaría sus planes.

La Guerra Civil Española se pudo evitar, no debió de ocurrir jamás tal derramamiento de sangre. La Guerra Civil fue provocada única y exclusivamente por un golpe de Estado planificado mucho antes de su ejecución.

Franco no salvó a España de ningún régimen comunista, puesto que este régimen no existió jamás en ningún momento durante la República.

Una vez comenzada la guerra, la izquierda, comunistas y socialistas, se olvidaron de alguna forma de la República y se lanzaron, ahora sí, a hacer la revolución. Es en este momento en donde, y tras el golpe de estado franquista, se puede hablar de la gran «sovietización» de la izquierda socialista y comunista en España. No antes, en ningún caso.

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