¿Qué es el populismo?

Para entender esta corriente, debemos viajar en el tiempo hasta la república romana, cuando en su más tardía época muchos líderes llamados de la “facción del pueblo” (factiō populārium), se oponían a la aristocracia conservadora.

Dicha facción promovían las “asambleas del pueblo” para obtener mejoras para la vida de los ciudadanos, como la distribución de la tierra, la condonación de deudas de los más pobres y la participación democrática del pueblo. Cayo Julio César fue uno de sus más grandes líderes.

El concepto político de “populismo” ha devenido modernamente en un término peyorativo utilizado por las clases dominantes contra los movimientos reivindicatorios de derechos ciudadanos y de mejor distribución de la riqueza, los cuales buscan lograr el “buen vivir” y acabar con la explotación laboral, económica y social.

Todo ello devolviendo el poder originario al pueblo, de donde emana todo poder político de la administración del Estado, concedido a un gobierno representado por un líder que encarna en sí las necesidades y las soluciones que harán de la vida cotidiana una realidad posible y no una carga imposible de llevar como en los modelos tradicionales representados por la derecha neoliberal que favorecen primordialmente al capital y no al ser humano.

El populismo termina con la “invisibilización” de los ciudadanos comunes, otorgando voz y poder de decisión a los que nunca han sido escuchados y sobre los que se han tomado decisiones que los afectan sin que haya participado en la toma de esas decisiones. Asimismo, moviliza también a los grupos marginados de la sociedad promoviendo políticas incluyentes.

“Sólo el pueblo salva al pueblo”, esta máxima parece ser la única solución que tienen los ciudadanos de aquellos países denominados “en vías de desarrollo” o “del tercer mundo” (nótese que estos apelativos son inventados y promovidos por los sistemas opresores e imperialistas).

La derecha neoliberal enquistada en América es el brazo ejecutor de las políticas imperialistas que han mantenido subyugados a  los pueblos por medio de títeres impuestos en amañados procesos electorales.

De igual forma, someten directamente con la designación de dictadores que cumplan sus órdenes para seguir beneficiándose de sus recursos y manteniendo los pueblos bajo un régimen de explotación y dominación económica, cultural y política.

Así es entonces como surgen los líderes populares que canalizan los sentimientos y necesidades de un pueblo oprimido y sojuzgado, el cual si no se muere de hambre, se morirá por falta de atención a sus necesidades básicas no satisfechas como las más esenciales, de salud, educación y vivienda.

Siempre los más afectados son los campesinos, explotados por los comerciantes e intermediarios incluso grandes exportadores, que compran la producción, cosechas enteras, a precio de “gallina enferma” para venderla a precio de mercado con especulación e inflación, sobreprecios o subfacturación al mercado nacional o internacional.

En estas condiciones el campesino siempre vive endeudado para poder sembrar, cultivar y cosechar. Así vive, de cosecha en cosecha, esperando que en la próxima le vaya mejor y que el invierno o la sequía no le destruyan sus sueños.

La clase trabajadora es otra sufriente del sistema, junto con la clase profesional y los obreros, los maestros, empleados públicos y privados, son quienes viven en carne propia las dolencias de las imposiciones de las clases dominantes, siempre tratando de obtener mayores utilidades a costa de la vida de quienes trabajan manual o intelectualmente para sostener la empresa o la institucionalidad pública.

La esclavitud moderna, es el sojuzgamiento de las clases menos favorecidas a mantenerlas en ese estado para que sigan siendo lo que son: forjadores de la riqueza de otros sin tener derecho a disfrutar de lo que consiguen con su esfuerzo.

Promover la riqueza, la lucha contra el hambre, contra los impuestos abusivos, contra la discriminación de clases, y por el acceso a servicios necesarios para la vida diaria, como la educación, la salud, la vivienda y un trabajo digno y justamente remunerado es lo que sostiene viva la idea en las mentes y los corazones de la gente.

Es por estas luchas que las siguientes frases no perderán vigencia, a saber: “Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la justicia tiembla”, “Desaparezca el hambre y no el hombre” (Fidel Castro). “Hasta La Victoria Siempre” “Nada para Nosotros, todo para la Patria” (Eloy Alfaro). “El capitalismo es el genocida más respetado del mundo” (Ernesto Che Guevara). “El Estado no debe sustituir a la iniciativa privada, pero tampoco debe someterse a ella pues es el representante del bien común. Un mal entendido concepto de subsidiaridad, nos lleva al estado mínimo neoliberal”; “podrán doblarnos, pero no podrán rompernos; podrán cansarnos, pero no podrán rendirnos” (Rafael Correa).

Ahora que también es cierto que el populismo no es exclusividad de la llamada “izquierda política”, también la facción de la derecha neoliberal lleva lo suyo, estos son los que representados por los poderes fácticos y manipuladores, apoyados por el poder financiero de la banca, el poder económico, la empresa privada y el de la prensa, vienen disfrazados de ovejas mansas pero son  en realidad feroces lobos.

Estos una vez alcanzan el poder, se disponen a pagar la deuda adquirida con quienes los apoyaron y no a quienes votaron por esa opción. En Ecuador hay muchos de estos casos, por ejemplo, Abdalá Bucaram, Lucio Gutiérrez, León Febres Cordero.

Los más famosos de los últimos tiempos son  Macri en Argentina, Bolsonaro en Brasil, Áñez en Bolivia y el traidor de Carondelet en Ecuador, quienes son impuestos a la fuerza o con engaños y falsas promesas.

Todos ellos auspiciados por el Departamento de Estado del Imperio del norte, consiguen el voto del pueblo, presa fácil de sus discursos mentirosos y bombardeo mediático hasta que una vez más se dan cuenta del engaño, pero ya es demasiado tarde.

Por eso tenemos en América Latina grandes redentores populares como Lula en Brasil, Chávez en Venezuela, Correa en Ecuador, Morales en Bolivia, y tantos otros que, siendo lo que han sido, redentores del Estado y del pueblo, han sido objeto de las más grandes retaliaciones, infamias y calumnias persecuciones mediáticas y judiciales.

El “populismo” que representan, permite que el pueblo de sus respectivos países los defienda y los vuelvan a poner en el tablero político con altísimos niveles de aceptación, ya que se tratan de gobiernos que han reivindicado derechos y han provisto de bienestar en equidad y justicia, sin opresión y con alternativas de progreso y desarrollo sostenibles.

La lucha continúa y mientras exista opresión y explotación no acabará jamás, llámele usted populismo, pero es la solución socialista la que encarna la famosa frase “sólo el pueblo salva al pueblo”. Esto es realmente el populismo.

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