Desfachatez

Desfachatez.

Eso es lo que transmite el personaje.

Porque es lo que yo digo, la gente está ya tan curada de espanto que no le sorprende absolutamente nada de lo que, en materia de corrupciones, abusos y componendas pueda acontecer.

Por desgracia.

Pero lo que de verdad ofende, insulta nuestra inteligencia, es que nos tomen por niños de parvulario, ingenuos, analfabetos, crédulos en grado sumo, o simple y llanamente, por qué no decirlo, por imbéciles.

Allí sentado, en un plano superior al de los representantes del pueblo que le interpelan (alguien quizás debería revisar eso), con su casco lacado, esa mirada helada e insolente, ese tono desafiante, ese descaro, y ese cinismo.

Con ese labio casi leporino, inane, inerte, huérfano de aquel desfile de hormigas que antaño le adornaba con resonancias de portador de añorados valores eternos en lejanas gestas imperiales de su unidad de destino en lo universal. Labio fútil y vacuo que deja escapar cual ofidio acorralado silbantes improperios dirigidos sin respeto alguno hacia aquellos dignos diputados que se limitan a cumplir con la obligación que les tenemos encomendada.

A cumplir esta obligación, dicho sea de paso, con mejor o peor fortuna, y en este caso fue peor; nunca lo van a tener tan “a huevo”. Patéticas las intervenciones rufianesca y clerical, y aún así el hombre del norte nos demostró después que todavía se podía hacer peor.

De la R.A.E.:

Epíteto

m. Gram. Adjetivo que denota una cualidad prototípica del sustantivo al que modifica y que no ejerce función restrictiva.  En la blanca nieve, blanca es un epíteto.

Para la mayor parte de los votantes (incluidos los suyos, hasta los más recalcitrantes), el tema de la financiación ilegal y la corrupción ha derivado casi en un epíteto para el partido en cuestión (si, ya sé que desgraciadamente no es el único).

D. Pablo, sé que no te gustan los toros (a mí tampoco); pero permíteme el símil taurino para señalarte que le tenias ahí, en los medios, “cuadrao”, y a tu disposición. Y se te fue vivito y encima “coleando”, a los corrales. Todavía tuvo el atrevimiento de tirarte un par de derrotes que no debiste consentir, ni tú, ni el canario presidente; no eras tú el investigado.

En fin, no quiero ser muy duro y prefiero achacar tu falta de cintura en las distancias cortas (terreno en el que siempre te desenvolviste muy bien), a tu inactividad, y quizás también en parte al sinvivir que debes estar padeciendo como consecuencia del buen ojo del ilustre viajero en el nombramiento de sus colaboradores/as. Que ya le vale.

Pero si he de confesar que mientras otros añoran sus “montañas nevadas y banderas al viento”, yo en esta ocasión he echado en falta a Alfonso Guerra; a buen seguro en la faena del otro día ese le hubiese cortado las dos orejas y el rabo.

Y así al menos, me sentiría menos ofendido ante tamaña desfachatez.

Delenda est Moscardó.

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