Un grito que dura cien años

Andalucía, tierra de labor, de campesinos, de jornaleros, de hambre y miseria. De explotación y de falta de derechos sociales. Tierra que sueña con la igualdad y la libertad. Pero aún no se han pronunciado las palabras mágicas: “¡Viva Andalucía Libre!

Reina Alfonso XIII. Han pasado más de 400 años desde la formación de los latifundios que conforman el yugo de la clase más desfavorecida y después de la Revolución de Octubre de 1917, renace la esperanza en un modelo nuevo de política y sociedad.

Entre 1918 y 1920 se vivió lo que se conoce como el Trienio Blochevique. En Andalucía destacan especialmente las revueltas, manifestaciones y huelgas, tanto en el campo, entre los jornaleros, como entre la clase proletaria en la minería y la industria. Los partidos dinásticos ven un serio riesgo para el sistema que sólo les beneficia a ellos y enfrentan las protestas. Pese a todo, algunos, como el liberal Conde de Romanones, implanta medidas como la jornada laboral de 8 horas.

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Los sindicatos se convierten en un puntal de la clase trabajadora. En 1919 la CNT participó en la Internacional Comunista. Aunque el PCE aún no se había escindido del PSOE, las tornas cambian claramente hacia un movimiento conjunto de la izquierda, desde el pueblo, reclamando mejores condiciones salariales y de trabajo. La CNT llega a contar con 100.854 afiliados, y 23.900 de la UGT.

No creamos que este período fue el único momento de levantamientos en Andalucía, no. Recordemos los Sucesos de Jerez, acaecidos 26 años antes, o los de Casas Viejas 15 años después. Pero en este caso, el movimiento se va generalizando, está empujado por los nuevos aires que soplan desde oriente. Córdoba se moviliza entera en huelga general, y después Andalucía entera.

Se ocupan ayuntamientos, se queman cosechas en protesta. Se expropian campos de labor bajo la voz La Tierra para el que la Trabaja. El pueblo gana terreno y se llevan a cabo durísimas represalias por parte del ejército. En 1919 llegan las ilegalizaciones y se acaba por declarar el estado de guerra en Córdoba.

Pero antes del final de este trienio llegan noticia de la huelga de La Canadiense, del Sindicato Único Textil de Barcelona, del vapor Manuel Calvo y la exportación de rusos y polacos. Se crean fuertes vínculos entre revolucionarios Catalanes y Andaluces. Uno de ellos, andaluz y andalucista, Blas Infante Pérez de Vargas, inflama a las masas de las tierras tartésicas. Ya ha dado a Andalucía su bandera y su escudo; el himno vendría años más tarde. En la Asamblea de Ronda, 1918, provincia de Málaga, se han reunido los Centros Andaluces y acuerdan seguir la Constitución Federal de Antequera de 1883.

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Buena parte de Andalucía ha leído ya “El Ideal Andaluz” de 1915. Quienes no saben leer, escuchan relatarlo a quienes sí saben. Y, para quien no puede costearse un sencillo libro, las revistas obreras publican sus palabras. En él, Blas Infante expone de manera magistral una nueva visión de la historia y la cultura de Andalucía, su problemática, y cómo solventarlo.

El Ideal Adaluz, de Blas Infante

El año 1919 da comienzo con la Asamblea de Córdoba, organizada por la Junta Liberalista de Andalucía. En ella, se redacta y firma el Manifiesto Andalucista o Manifiesto de la Nacionalidad. En el preámbulo del texto constan palabras como “realidad nacional”, a la que los andaluces no han renunciado.

Hemos entreabierto los ojos unos instantes, entreviendo horizontes de dignificación. Hemos sentido varias veces una salvadora expectación, antecedente de una revolución purificadora. No volvamos a dormirnos en la abyección de nuestra existencia pasada.
– Manifiesto Andalucista de Córdoba de 1919

Muchos creen que la voz “Viva Andalucía Libre” viene de esta asamblea, por la manifiesta asociación de ideas, pues el capítulo segundo se llamaba “Andalucía, Libre”. No obstante, no hay ninguna prueba de que se gritara esto ni de que se convirtiera en una expresión popular en aquél entonces.

Sin embargo, gracias al historiador coetáneo Juan Díaz del Moral, así como a la editorial “Movimiento Obrero” de la revista Andalucía que entonces se publicó, hoy sabemos que la primera referencia contrastada se sitúa en Córdoba, el 17 de febrero de 1919.

El 11 de febrero, apenas 6 días antes, en Granada, se agudizaban los conflictos entre el pueblo contra el Diputado al Congreso y cacique Juan Ramón La Chica y Mango y su hermano Felipe, el alcalde. Se da orden a la Guardia Civil de que disperse la manifestación convocada ese día, cosa que hacen con sus “tercerolas” de 1895 o fusil de cerrojo Mauser de factura alemana.

Además de numerosos heridos, resultaron muertas 3 personas: En la misma vía fallecieron por fuego de las fuerzas de seguridad del estado Ramón Ruíz de Peralte y Anguita, estudiante de medicina, y Ramón Gómez Vázquez, mozo de estación. La tercera víctima mortal era Josefa González Viva, valenciana de nacimiento y recién casada. Estando en su domicilio de la calle Mariana Pineda recibió un balazo a través de su balcón en el cuello.

Las respuestas fueron inmediatas en Granada: huelga general espontánea y enfrentamientos con la guardia civil en las calles. Se declara el estado de guerra y el ejército toma las calles. Tanto el gobernador civil como el alcalde son cesados. Por Andalucía se suceden multitud de manifestaciones anti-caciquiles, llegando incluso a hacerse eco de la protesta en Madrid.

El entierro a los pocos días fue multitudinario. La gente de Granada se volcó, asociaciones, colectivos e individuos, familiares, amigos y vecinos acompañaron los féretros de las 3 víctimas con rabia, tristeza e indignación. La Correspondencia Española, el diario más leído de su época, se hizo eco de la noticia, e incluso da el detalle de que el ataúd de Josefa iba “envuelto en la bandera de la Asociación de Dependientes de Comercio”.

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El Centro Andaluz de Córdoba convoca entonces en Córdoba una manifestación con 12.000 jornaleros y obreros, que portaba un cartelón o tela blanca donde aparecía esta expresión junto a “¡Mueran los caciques!”. La pancarta, nos relata la prensa del momento, la portaba la Asociación de Dependientes de Comercio, los mismos que cubrieron en Granada los restos mortales de Josefa.

A raíz de este momento el lema se popularizó, como nos consta en el número 130 de la revista Andalucía del 22 de febrero de 1919, revista que editaba el primer Centro Andaluz, el de Sevilla, del que Blas Infante formaba parte y donde escribió más de un artículo desde 1916.

La cívica lucha, representada por el grito generoso de ¡viva Andalucía libre! y ¡mueran los caciques!, ha tenido muy varios aspectos y consecuencias
– Revista Andalucía, número 22

Esta frase también causó un enfrentamiento entre Blas Infante y el diputado socialista Joaquín García Hidalgo, recogido en el ABC del 1 de febrero de 1933:

– García-Hidalgo: Protesto por ese viva Andalucía libre.
– Infante: ¿Qué quiere usted que dijera, viva Andalucía esclavizada?
– García-Hidalgo: Bastaba con haber dicho viva Andalucía, o viva Andalucía española; porque con este viva a Andalucía libre, no veo posibilidad de Estatuto andaluz.

A partir de entonces, se convirtió en el grito de guerra del andalucismo. Este “Andalucía Libre” además conformaba, entre otras cosas, el mismo nombre de los herederos de los Centros Andaluces, las Juntas Liberalistas de Andalucía. También se llamó así un semanario que vio la luz en 1932. Cuando, semanas antes de que estallara la Guerra Civil, se estrenaba el himno andaluz, su letra recogía esta parte. Incluso después, durante la guerra, carteles animando a enfrentar a los franquistas portaban este lema. En el franquismo se susurraba, y a la muerte del dictador se gritaba en manifestaciones desde Huelva hasta Almería.

Hoy, 100 años después, se sigue oyendo tras cada himno, tras cada acto andalucista, porque esos cordobeses nos legaron tres palabras, tres, que resumen lo que ama todo andaluz heredero de Blas Infante, de la conciencia de su pueblo: La vida, la libertad y su tierra.

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