El reflote de las cloacas del estado

Esta semana ha estallado un nuevo escándalo: José Manuel Villarejo ha confirmado, en sede judicial, que desde el Ministerio del Interior se habrían fabricado noticias falsas sobre Podemos para intentar sabotear al partido. Desgraciadamente, no es nada nuevo, ni son nuevos sus protagonistas. La democracia española no ha destacado, desde su nacimiento de la llama todavía ardiente del franquismo, por cumplir con las normas básicas de cualquier otra democracia occidental.

No obstante, desde hace unos años se está pudiendo observar que, bajo la batuta del exministro Jorge Fernández Díaz, la manipulación de la información en España dio un nuevo giro de tuerca. Fernández Díaz utilizó su puesto como ministro del interior para crear toda una red policial, periodística y legal para atacar y vilipendiar a todos sus rivales políticos, especialmente a aquellos que consideraba más peligrosos, es decir, la izquierda representada por Podemos, y el independentismo catalán.

Según se puede leer en la Wikipedia –no hace falta documentarse especialmente-, un Ministerio del Interior es aquella “área del Poder Ejecutivo (…) encargado de las políticas públicas relacionadas con la Seguridad ciudadana, la gestión de emergencias, el registro civil e identificación, la supervisión de los gobiernos regionales/locales, la realización de elecciones, la administración pública y asuntos de inmigración (por la seguridad nacional)”. Parece evidente que, entre estas funciones, no aparece ni la creación de noticias falsas, ni el hecho de inmiscuirse en asuntos judiciales.

>>Las cloacas de (son) el Estado español<<

En la época de Fernández Díaz, la fiscalía se convirtió en una herramienta más del gobierno del Partido Popular. Entre muchas otras, destaca especialmente la frase “la fiscalía te lo afina”, que se puede escuchar en las grabaciones publicadas por Público de una conversación entre Fernández Díaz y Daniel de Alfonso, jefe de la Oficina Antifraude de Cataluña, en relación con una investigación del segundo contra Francesc Homs, entonces portavoz de la Generalitat de Catalunya.

Más antiguo es el control de los jueces, que PP y PSOE se han repartido desde hace décadas. Ignacio Cosidó, portavoz popular en el Senado, alardeaba por whatsap hace unos meses del acuerdo pactado con los socialistas para repartirse las cuotas en el Consejo General del Poder Judicial. Ante esta filtración, incluso Inés Arrimadas, portavoz de Ciudadanos, consideraba que el lenguaje parecía propio de una “película de mafiosos”.

Volviendo a las grabaciones de Fernández Díaz y De Alfonso, en relación a la situación en Cataluña, el responsable de la Oficina Antifraude alardeaba de haber destrozado el sistema sanitario catalán y de intentar cargarse el CTTI, el Centro de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información de la Generalitat. No parece que estas sean funciones propias de un ministro del Interior.

>>Las comisiones silenciadas<<

Otro de los temas que demuestra la declaración de Villarejo ante el juez es la participación de los medios de comunicación en la difusión de los engaños ideados por el gobierno. Las grandes corporaciones tienen sus propias agendas, pero estas coinciden con los intereses de los principales partidos; son multinacionales, en muchos casos, con intereses en distintos países, con lo que defienden por naturaleza el neoliberalismo, el capitalismo y la globalización. A pesar de ello, existen periodistas que han convertido su modo de vida en servir de voceros del régimen del ’78, como es el caso de Eduardo Inda.

Desde que Fernández Díaz ocupó la cartera de ministro del Interior, el periódico creado por Inda ha sacado muchas exclusivas que atacaban a los dos ejes principales de preocupación del Partido Popular, los ya mencionados Podemos e independentistas. Desde las supuestas relaciones entre los líderes del partido morado con Venezuela a cuentas suizas secretas de los principales cargos separatistas. En muchas de estas exclusivas, los documentos aportados provenían directamente de la policía, que llegaban a las manos de Inda incluso antes de que las viera un juez o un fiscal.

Todo este entramado es lo que hoy conocemos como las cloacas del estado, formado por dirigentes políticos, periodistas sin escrúpulos y policías mafiosos; entre estos últimos encontramos también la policía patriótica, órgano que lideró Villarejo para atacar a todos aquellos que el ministro considerara enemigos de España. Una especie de Santa Inquisición del Siglo XXI, compuesta por los principales poderes represivos del Estado, que intenta mantener sus privilegios.

>>La contramanifestación antifascista del 30 de marzo: VOX ni en Barcelona ni en nigún lugar<<

En dos meses se avecinan elecciones que reconfigurarán el panorama político español, por lo menos, en dos de sus ejes más importantes: el Congreso de los Diputados, sede del poder legislativo del país, y en los ayuntamientos, donde se dirimen las cuestiones más cercanas a la ciudadanía. Es el momento en que la población española deberá decidir si quiere, por fin, liberarse del yugo franquista que todavía lleva encorsetado la Constitución Española, o quiere caer en las manos del triumvirato ultraderechista formado por Albert Rivera, Pablo Casado y Santiago Abascal.

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