Venezuela, esta es la nueva situación

Nojoda. Se la pasan hablando guevonadas del gobierno, se les pierde la cartera y es culpa de Nicolás, le suben la comida y es culpa de Nicolás, que con Chávez era mejor, que Chávez sí hubiera puesto orden en la vaina, que no pasa nada, y lo que quieren decir es que ojalá se forme el peo de una buena vez y que a la hora de la chiquita bueno, todo el mundo es venezolano y que nadie aquí va a dejar morir a nadie así todo el mundo esté arrecho.

La puesta en escena del venezolano, la charla incansable de unos genes que gritan venganza. Aquí la izquierda utópica, la abstracta que hacemos en los salones se la comen viva. En este crisol de emociones y de furias nadie piensa en la derrota. Lo cual no implica que uno no pueda criticar la mierda como uno quiera, pelear con el vecino y con la esposa, con Nicolás, con Diosdado y gritarle al televisor.

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Lo advierto. Esto es el cementerio de analistas. A lo lejos se ven sus faldas, enterradas de cabeza y con el culo al aire. Una masa más o menos homogénea de siete millones de personas, fundamentalmente emocional y cínica. El “pueblo” caribe no perdona ni respeta cuando de ira derramada se trata, y ha tenido 20 años de formación. Venezuela habla de comunismo. Pareciera que todos los intelectuales apuntan el viraje del socialismo Bolivariano hacia el estado comunal, o al menos lo anuncian así algunas declaraciones presidenciales.

Creo que es una consecuencia lógica para la asfixia económica impuesta por la dinámica de mercado, que pretende sofocar al Estado venezolano. Solamente en la transferencia de competencias y decisiones que modelen la república hacia las comunidades organizadas descansa el futuro del proyecto. No hay otra alternativa a simple vista.

Pero mejor resulta mentarle la madre a Maduro, y grabarlo y subirlo en Instagram. Y bueno, los demás que se jodan. Después veremos. Lo importante es sobrevivir.

Porque hablamos de sobrevivencia. Hablamos de seres humanos que ante la necesidad, la pobreza, el quiebre de la esperanza deciden irse del país, es una realidad. Y a los países destino no le gustan los chavistas. Es más, eso es pecado. Y todos borran y retocan sus perfiles en redes sociales, y “borran” su pasado. Y todos ahora odian a Maduro. Y claro, espoleados por realidades inducidas y eventos de amplia matriz. Y vainas de internet vale lo que dice María Cristina en Madrid sobre Venezuela puede convertirse en un tema nacional. Y así Venezuela es un tema, una matriz dialéctica de dimes y diretes que capta tanta atención mundial que hay tópicos y subtópicos, y hay declaraciones y planes, y hay corrupción y mafia, y hay narcotráfico y terroristas escondidos.

“¿Porqué no se van todos?”.
“¿Porqué sigues apoyando a Maduro?”.
“¿Tú no estás jodido? Ah no, tú lo que estás es enchufado. Tú eres un jalabola más”.

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En el subterráneo, las comunas comienzan a reflexionar sobre las contingencias. Los partidos políticos se difuminan. Los líderes locales comienzan a ser más precavidos y desconfiados. Los niños abren los ojos más rápido. Los jóvenes aprenden a carajazos que la cosa es por dignidad, pero también por supervivencia. Se habla geoterritorial. Surgen mecanismos de intercambio de productos, espacios para el trueque. La siembra se convierte en melodía. Los terrenos ociosos urbanos no lo serán más.

Mientras siguen hablando paja, y amenazando con intervenciones, aquí abajo estamos creando planes para el ataque. La resistencia se parece al arte, no se puede invocar. No se puede presionar, es un flujo que hay que captar en los momentos precisos. Hoy amanecí de momentos precisos, y sé que no les escribo como debiera. Pero la resistencia sigue creciendo. La visual de un futuro nuevo incluso con bloqueo y amenazas de guerra. Lo auditivo de un país atacado se compone también con lo que no se cuenta, lo que no se ve. Y ahí vamos.

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