Samba Martine, crónica de una muerte olvidada

El pasado 2 de junio arrancó el juicio en el juzgado de lo penal número 21 de Madrid por la muerte de Samba Martine en el CIE de Aluche, mientras se encontraba bajo custodia policial. El caso arranca con ocho años de retraso, y con dos de los tres acusados prófugos de la justicia, con lo que solo uno de los encausados se sentó en el banquillo.

Samba llegó a Madrid proveniente del CETI de Melilla, donde fue diagnosticada como portadora del VIH, ella llegó el 12 de noviembre de 2011, pero su expediente médico jamás lo hizo. Una de las primeras deficiencias que llevaron a que, 38 días después, muriese sin recibir una atención sanitaria adecuada, y se demostrase que diversas decisiones tomadas, o bien omitidas, dieron lugar al trágico final.

Durante esos 38 días se llega a solicitar asistencia medica en 11 ocasiones en las cuales a Samba Martine se le trata de síntomas gripales, y no se indaga en su situación como portadora del virus del VIH diagnosticado en Melilla a su llegada a España en agosto del 2011.

El equipo médico no considera oportuno realizar las pruebas pese a que los síntomas respiratorios permanecen durante 18 días según manifestó la acusación popular. Durante el tratamiento de los síntomas, queda constatado que una de las enfermeras prófugas suministró a la paciente en sus últimos días Nolotil intramuscular y Orfidal sin prescripción medica, siendo este último un fármaco desaconsejado para los síntomas referidos ya que se trata de un potente hipnótico.

En un informe la entidad Cruz Roja evidenció la dejadez en el trato hacia la migrante un día antes de su fallecimiento, cuando la mediadora vio cómo Samba era ayudada por dos internas a subir las escaleras al servicio medico, ya que ella no se tenía en pie. En esa visita el médico no se encontraba, y fue en ese momento cuando la enfermera suministró el ansiolítico antes referido.

Esa misma tarde la mediadora observó que la situación empeoraba y se encontraba en una sala tapada con una manta, se le comunicó al personal médico y la enfermera expresó que “no podía hacer nada más” según atestigua el informe de Cruz Roja.

Ante los hechos, el juez dictó sentencia absolutoria para el único acusado que se sentó en el banquillo, ya que considera injusto cargar a una sola persona “tanto las omisiones como las deficiencias burocráticas”, pese a que el médico no indagó en el estado de salud de la fallecida, y se le trató de síntomas gripales.

Según expertos una visita al hospital podría haber salvado la vida de Samba Martine al hacerle las pruebas del VIH y empezar a realizar una batería de pruebas para ver de dónde provenían los síntomas, ya que la causa de la muerte se debió a la criptococosis, una infección por un hongo que en este caso afectó a varios órganos como el corazón, pulmones, hígado y riñones.

Como podemos observar, los CIE son agujeros en los que el mínimo estado de derecho no se respeta, donde se denuncian torturas hacia los internos que recordemos, están encerrados por migrar, por intentar tener una vida mejor que las que llevan en sus países de origen, y acaban con sus huesos en centros de internamiento, presos por no cometer ningún delito, por buscar una vida mejor y esto como hemos visto le puede costar la suya propia.

Ahora bien, lanzo una pregunta. No para responderla sino para que haya reflexión: ¿qué diferencia hay entre los internos en un CIE y nuestros jóvenes que salen de España para ver si encuentran una vida mejor fuera? Reflexionen e imagínense a nuestros jóvenes encerrados en Londres, en Berlín o en Nueva York.

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