El genocidio armenio, la masacre olvidada

Para hablar de genocidio es necesario conocer su significado.

Un genocidio es la aniquilación o exterminio sistemático de un grupo social por motivos raciales, políticos o religiosos  Su significado proviene de la combinación entre el término griego geno-, que significa raza o tribu y el término del latín – cidio, cuyo significado es matar, definición que se ajusta a la perfección a lo perpetrado por el Imperio Otomano entre 1915 y 1923 contra el pueblo armenio.

El pueblo armenio fue sometido a deportaciones, expropiaciones, secuestros, torturas, exterminio e incluso a la inanición.

Esta masacre fue llevada a cabo por el partido político en el poder durante el Imperio Otomano, el Comité de Unión y Progreso (CUP) o Terakki Jemiyettí, conocido como los “Jóvenes Turcos”.

No solo fueron perseguidos los armenios, también griegos y sirios.

Más de 1,5 millones de armenios fueron sometidos al peor de los horrores. Un millón fueron deportados y cientos de miles masacrados. Entre ese millón de deportados, no se pueden olvidar a todos los que murieron de inanición en el desierto.

Al Imperio Otomano no solo le movía una enemistad religiosa con el pueblo armenio, de mayoría cristiana, cuyo final sería la conversión al Islam. El Imperio Otomano  como cualquier imperio, estudia geoestratégicamente los territorios a conquistar.

Armenia se sitúa en un lugar estratégico al sur del Cáucaso, imprescindible para la expansión del Imperio Otomano. Por otro lado, no se pueden obviar los recursos naturales que esconde cualquier región del Cáucaso, ansiados por cualquier potencia.

El genocidio armenio ha sido, y de momento es, una masacre olvidada y no reconocida. Sería en 1965, con Jrushchov, cuando la URSS reconocería el genocidio armenio como tal, y permitiría la construcción de un memorial. Lo ocurrido entre 1915 y 1923 responde con creces a un genocidio. Solo 20 de los 193 países integrantes de la ONU lo reconoce como tal.

Estos países son: Alemania, Paraguay, Bélgica, Rusia, Bolivia, Canadá, Chile, Chipre, Italia, Grecia, Líbano, Lituania, Holanda, Polonia, Eslovaquia, Suecia, Suiza, el Vaticano, Venezuela y Uruguay. No es de extrañar que entre estos países no se encuentre España, que tampoco ha reconocido el genocidio franquista cometido contra su misma población por motivos ideológicos.

Por mucho que se niegue, hubo testigos de este genocidio. Misioneros y diplomáticos de EEUU reportaron noticias de ello al exterior, al igual que los testigos rusos durante la ocupación de Anatolia.

Sin duda no se pueden olvidar los testimonios de los supervivientes. Una de esas desgarradoras declaraciones es la recogida en el libro de Marc NorteLos hijos del Ararat“, libro que se hace eco de la barbarie a la que fue sometida el pueblo armenio, visto desde los inocentes ojos de una niña, la señora Agropian.

Cada 24 de abril se llena de flores la “Llama eterna“, memorial situado en Ereván que es visitado por personas provenientes de todas partes de Armenia que se trasladan para honrar la memoria de los represaliados por el Imperio Otomano.

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