Ecuador: el problema no es la deuda, el problema es con qué la pagas (I)

Toda persona jurídica y natural, en algún momento de su vida, incurre en deuda ya sea para mejorar su calidad de vida mediante la adquisición de un bien, o por simple hábito de consumo. América Latina a lo largo de su historia de empobrecimiento, ha sido una de las regiones que más dinero ha pedido prestado a organismos multilaterales y países que siempre han caído como anillo al dedo para endeudar a nuestros estados.

Que el gobierno de un país se endeude no está mal puesto que todo país en algún momento de su vida republicana puede experimentar crisis económicas, sociales o políticas cuyas causas pueden depender tanto de factores internos como externos.

Cuando un país carece de los recursos para llevar a cabo la consecución de los objetivos del Estado, cuando carece de liquidez o solvencia, normalmente incurre en deuda ya sea con otros gobiernos, organismos multilaterales o grandes entidades financieras internacionales.

Estas instituciones, bajo sus propios requerimientos, y con análisis de la realidad de dicho país, generan las condiciones para otorgar ayuda financiera y en algunos casos asistencia técnica para corregir las erróneas decisiones que puedan estar generando una crisis económica.

Sin embargo cuando dicha asistencia o ayuda crediticia, que desde luego debe ser pagada, se convierte en perjuicio en lugar de una acción de socorro, es necesario saber cómo afecta, y de ser posible entender también el por qué de aceptar dichas condiciones, que en el caso de los países de América Latina han terminado la mayoría de veces en resultados catastróficos para sus economías.

Hay que entender que uno o más créditos no nos enriquecen ni nos empobrecen, sino que cambian la estructura de nuestros presupuestos, y también entender que si uno se endeuda es porque sabe que puede pagar.

Por tanto endeudarse es normal, endeudarse no es malo, lo que está mal son las condiciones que marcarán el pago de endeudamiento, porque podrían generar un perjuicio en lugar de un alivio en nuestras finanzas. Es decir, que el remedio sea peor que la enfermedad.

Para ejemplificar este postulado podemos llevar esta situación a un micro escenario, como en el caso de una familia que para mejorar su calidad de vida debe adquirir bienes necesarios del hogar como una refrigeradora o una cocina.

Dicha familia, al momento que carece de liquidez, contrae una deuda con la entidad que vende dichos electrodomésticos o con el banco para poder adquirir los bienes que le permitirán a los padres y a sus hijos tener alimentos en buen estado, y espacio donde prepararlos.

Ahora bien, si la casa de electrodomésticos o el banco le plantean al jefe de familia o a la jefa de familia que deben pagar dicho crédito con una alta tasa de interés, y que si no logran cancelar la deuda en los plazos establecidos los bienes que han adquirido se tendrán que devolver -y aun así terminar de cancelar la deuda-, lo más coherente sería optar por acudir a otra entidad que pudiera generar dicho préstamo en mejores condiciones que las descritas anteriormente.

Lo mismo suele suceder cuando un gobierno tiene problemas financieros para cumplir con sus obligaciones como Estado. Lo incoherente es por qué un gobierno que conoce las condiciones de un organismo multilateral cuyos resultados en la práctica han demostrado ser un remedio peor que la enfermedad, refiriéndonos al FMI como un ejemplo concreto, sigue acudiendo a dichos organismos para solicitar créditos y asistencias técnicas cuando todo esto resulta negativo para el mismo gobierno.

Pero más importante que eso es que también resulta negativo para el bienestar de la población. Podría tratarse tan sólo de erróneas decisiones técnicas en el campo administrativo o económico, pero lo cierto es que esta situación supera por mucho el plano técnico, pues la economía que es un punto central de esta realidad no se puede reducir tan sólo a tecnicismos, ya que tiene que ver con política.

El camino que tome la economía de un país dependerá de los intereses, ya sean estos individuales o colectivos de quienes tengan el poder político, con esto podemos vislumbrar el motivo por el que un Gobierno acepta ayuda de organismos cuyas condiciones afectan el desarrollo, y no contribuyen al bienestar de la población.

Se ha establecido que un crédito no nos enriquece ni nos empobrece, pero ¿por qué entonces no salimos del subdesarrollo?

Histórica e irónicamente el Ecuador siempre ha tenido los recursos naturales y el talento humano para generar las condiciones que le permitan ser un país desarrollado, que le permitan pasar de ser un país que pide prestado a ser un país que presta, históricamente.

Porque antes y después del saqueo orquestado por la corona española, siglos después en sus inicios como república y hasta la actualidad cuenta con una magna cantidad de recursos naturales, e irónicamente porque teniendo recursos naturales y talento humano para transformar nuestra realidad primario exportadora, el Ecuador no ha logrado transformar su matriz productiva.

Mientras tanto países con tragedias naturales y males peores que los nuestros, y que también se iniciaron como repúblicas en tiempo contemporáneo con nuestro país ya son potencias mundiales. Es lo que se considera como un enigma del desarrollo.

La cuestión es que los recursos naturales han sido aprovechados, no por los gobiernos ecuatorianos, sino por gobiernos corporativos extranjeros, por las grandes multinacionales que extraían las riquezas, mientras que al Ecuador le tocaba una limosnita como supuesta ganancia.

Por el lado del talento humano nunca se apostó a la educación del pueblo para fortalecer capacidades cognitivas que le permitieran poner esos conocimientos al servicio del desarrollo patriótico y así transformar su realidad económica, la cual consistía figurativamente en sacar de la tierra y bajar de los árboles, lavar, envolver y exportar las riquezas naturales.

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