Naturalidad [Prosa Poética]

Cuando me adentro en las entrañas de la naturaleza recuerdo que solemos olvidarnos de existir. Como si un portal nos fagocitara al planeta de las banalidades. Entramos en una espiral con semblanza de infinitud que nos hace deambular en piloto automático. En ese momento es como si fuéramos expulsados de la magia del todo, y nos convirtiéramos en la futileza de la nada.

Pero entonces, ella está ahí para recordarnos que estamos vivos, para tallar en nuestra piel la identidad de aquello que todo lo crea. Amanece y anochece y nos pinta un paisaje con arrebolados crepúsculos frutos del sol divino. Un globo encendido que se pierde en el mar es quizá la puesta en escena más impresionante que puede crear la naturaleza.

Huele a pasto, huele a hierba, huele a la espesa selva que se nutre de la savia que emana la tierra. Huele a bosque profundo, a lluvia que ha dejado besos cual rocío en las hojas, a flores cuyo perfume se esparce con las alas de la brisa fresca. Olores que generan amores. Amores que no se difuminan, sino que se extienden por las ramas y terminan en el ápice de las hojas verdosas.

El olor se mezcla con el canto de las aves, que cual ángeles celestiales tocan sus trompetas en la serenata que da bienvenida a la aurora. Con el arcoíris de las mariposas, de los caimanes y de los pájaros.

En la noche, el concierto de los sapos, grillos y lechuzas, serán los portavoces musicales de una mágica velada. El bosque se alumbra con la luz de los felinos y las luciérnagas. Día y noche, sol y luna, blanco y negro. La naturaleza y su dicotómica forma de pincelar la vida.

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Al pie de los árboles me abrazan sus raíces. Sus tallos se erigen como torres que acarician los cielos. Sus copas me acarician al moverse con el viento. Su sombra me hace compañía en esta hora taciturna.

Se filtran rayos solares para calentar la tierra de mi piel crepitante. A lo lejos el río enciende una pequeña musiquilla traviesa. Piedras verdes que no se llevará porque son partes de sí mismo.

Pero la naturaleza también se engrandece con lo siniestro. El juego de luces de la erupción de los volcanes, cuya lava lo destruye todo a su paso. La furia del mar y su danza de olas gigantes, capaces de hacer naufragar a cualquier barco.

El dantesco movimiento de la tierra que pone en jaque al terrícola. El viento que puede convertirse en huracán. Sus criaturas salvajes que devoran a quienes invaden el paraíso con sus infiernos. Perfecta, compacta, fecunda naturaleza. Poderosa y hermosa eres. Lo creas todo y lo destruyes todo.

Así eres señora de todo lo existente: de la tierra y del agua, de las criaturas del mar y de las criaturas del suelo, de las flores y de los frutos, de lo diurno y lo nocturno, de lo doméstico y de lo salvaje, de lo que está arriba y de lo que está abajo, pero también de los humanos y los no humanos.

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