History Channel: donde la historia se vende o se devora

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Probablemente has disfrutado programas como “El Precio de la Historia” o “Devoradores de Historia”. De alguna forma, a todos nos atrae la posibilidad de viajar en el tiempo, cincuenta, cien, o dos cientos años atrás. Y experimentar tocando, saboreando y oliendo, cada cosa que formaba parte del día a día de nuestros antepasados.

Sin embargo, nos hemos detenido a pensar ¿por qué la historia se convierte ahora en una herramienta de entretenimiento? Mejor aun, el pasado no solo podemos recorrerlo, podemos atraparlo, comprarlo y sacar provecho económico de él.

Aquí te explicaremos, como se consume la historia.

Rick Harrison le pone precio a la historia

Dentro del formato de la tele-realidad, Rick Harrison y su familia, nos muestran cómo cada día, aparecen sujetos desesperados por deshacerse de raros artefactos y objetos que han sobrevivido a los embates del tiempo. A cambio de la cantidad de dinero que Rick y su familia determinan con el auxilio de expertos en el mercado de colecciones.

La antigüedad, no siempre es el criterio que otorga mayor o menor valor. Es la posibilidad de acumular todos los objetos más extraños, únicos y difíciles de encontrar. La que mueve tanto a la familia Harrison, como a los vendedores de estas antigüedades.

Efectivamente, no se trata de estudiar ni analizar el pasado. Se trata de un mundo de coleccionistas, y de un mercado que compite con la intención educativa que puede tener por ejemplo, un museo.

El valor histórico de estos objetos es monetario, en tanto más cientos o miles de dólares sea capaz de invertir. Cualquiera puede hacerse dueño de un testimonio histórico, convertido en un teléfono, una mesa, un cañón de guerra, un afiche, y hasta el bloque de la casa de una cantante famosa.

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Alejandro López, historiador venezolano, opina que en este programa, la Historia aparece sin vida. Asociada a una ganancia casi instantánea y a la filosofía del dinero fácil. Usando la nostalgia como un elemento que le otorga el valor al objeto mercadeado.

“Cuando el objeto histórico es tratado como un producto rentable, las leyes de la oferta y la demanda, lo vacían de contenido y hacen de él un empaque que genera un interés momentáneo y pronto pasa de moda”, afirma López desde su perspectiva de historiador.

“La familia es primero, el dinero es después”, así un canal de televisión del conglomerado “Discovery” privatiza la historia. Reemplazando el aparente interés por desarrollar la historia mundial, para centrarse, a través de un show de realidad, en el mercadeo de la historia para uso y consumo exclusivo.

La historia también se puede comer

Piensa más allá, ¿cómo sabe el pasado? Aquello que comieron nuestros abuelos, o nuestros padres también puedes probarlo y viajar. Nuevamente, irte a través de la magia de la televisión al pasado a través de los sabores.

Este privilegio, lo acapara History Channel en una apuesta que luce bastante interesante. Encontrar comida preservada por décadas y probarla, aún cuando suele tratarse de alimentos descompuestos. Toda la experiencia sirve para indagar en la época donde se produjo la comida.

El impecable formato de este programa de televisión real, es catalogado por el historiador Alejandro López como una apuesta de entretenimiento. Donde “lo vintage”, es simplemente una curiosidad y un costoso pasatiempo.

Ver y conocer el pasado, derecho de todos o privilegio de pocos

Es cierto, conocer la historia desde nuestra comodidad del hogar, de la manera más ingeniosa y además sintiendo la posibilidad de experimentarla y vivirla es sencillamente fascinante.

La experiencia del museo, es algo que la cultura pop nos ha condicionado a ver como algo aburrido o restringido a seres reflexivos, pensantes, a artistas y lectores apaciguados. Esa lentitud contrasta con el rápido y furioso ritmo de la vida turbocapitalista. Para ello, la píldora televisiva o de la web es más fácilmente digerible que cualquier otro mecanismo pedagógico o académico.

Ingeniar nuevas formas de acercar la historia a las masas, puede involucrar la multiplicación de museos al aire libre, muestras audiovisuales de calle, teatro de calle, donde todos tengan acceso sin regatear un precio entre cientos y miles de dólares, o viajar a extraños y lejanos lugares, pues esto ultimo, también es un privilegio para pocos.

Volviendo a la televisión y al canal History, lo más sorprendente, es que de forma simultanea, el misticismo de la vida alienígena, la construcción de armas, y morder ferozmente el pasado, conformen un boleto exclusivo para el conocimiento de la historia.

Suplantando quizás, sin retorno, el formato documental, cronológico que involucra la seriedad científica necesaria para poder establecer mayores relaciones entre los acontecimientos del pasado y el presente, comprendiendo el contexto de cada uno.

Alejandro, nuestro historiador, concluye que “más allá del DeLorean o de la cueva en Winden, estudiar la Historia es la mejor forma de viajar al pasado.”

Nosotros, estamos de acuerdo.

 

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