La extrema derecha (I): la estrategia del terror

Existe una especie de consenso en la prensa de masas, y en la sociedad, de no llamar a ciertas cosas por su nombre, parece que el terrorismo no puede provenir desde ámbitos supuestamente dominantes en la sociedad, por lo que muchas veces son tratados como casos aislados o como la obra de un perturbado.

No se nombra el componente de propaganda y de dominación sobre el oprimido que muestran estos actos, la muerte de las personas no es el objetivo, el objetivo es la publicidad y tener miles de ojos puestos encima para demostrar fuerza y poder, estrategia que lleva usando durante décadas la extrema derecha para amedrentar a minorías y enemigos políticos.

Como decimos, esta estrategia del terror publicitado no es nueva, se empezó a utilizar después de la guerra de secesión cuando el Ku Klux Klan comenzó a usar la lucha armada contra los ciudadanos negros casi desde su fundación.

Todo ello en una época sin la inmediatez de las redes o las vías de comunicación modernas el Klan recurría a una teatralización de la muerte a medio camino entre la propaganda hacia los suyos como demostración de poder, y como de amenaza enfocada al resto de los posibles objetivos.

La violencia siempre ha sido consustancial a las ideas fascistas. Es por ello que en la época de entreguerras cuando Europa conocía el terror del fascismo que se alzaba en Italia y Alemania, los partidos tenían su brazo armado antes de estar en el poder.

Instaurando una estrategia del terror, en estos países se crearon, a partir de sociedades ultranacionalistas y supremacistas, grupos armados que derivaron en milicias paramilitares de apoyo a los partidos fascistas. Así se crearon las “Camisas negras” en la Italia de Mussolini, y los “camisas pardas” o las SA del régimen Nazi. Estos grupos se lanzaban contra enemigos políticos, contra miembros de minorías buscando sembrar el terror entre los que no pensaban como ellos o no pertenecían al “pueblo elegido”.

España no se libró de este tipo de terrorismo y entramos en la época del pistolerismo durante el cual simpatizantes de las ideas totalitarias de extrema derecha atentaban contra el enemigo político a plena luz del día, siendo el objetivo en su mayoría personas de izquierdas o defensores de los derechos de los trabajadores.

El triunfo del fascismo en España trajo consigo que estos grupos violentos, tal como pasó en Italia y Alemania, acabaran bajo el mando del propio estado, legitimando así sus métodos desde las instituciones.

Con el paso del tiempo y la derrota de los fascismos en Europa, salvo en España, comenzó otro momento histórico en el que el enemigo a batir era el comunismo. Los aliados contra el nazismo se convierten en enemigos irreconciliables que hacen lo posible para que los países no se acerquen a la URSS, comienza la guerra fría y con ella otra forma de terror.

En este caso podemos ver que no se trata de bandas más o menos organizadas para sembrar el miedo en un territorio, sino que los derroteros van más en la dirección de mantener un “status quo” favorable al pacto del Atlántico Norte (OTAN) respecto al enemigo comunista, de esta forma se entiende que la dictadura fascista presente en España acabe entrando en organismos internacionales, ya que era un aliado valioso en la lucha contra el “terror rojo“.

Los movimientos terroristas de la extrema derecha en estos años parecen estar dirigidos sobre todo en Europa por un ente supranacional, y lo que en otras latitudes eran golpes de Estado -directamente en Europa no se podía consentir- había que reconvertirlos en otra estrategia para conseguir los mismos fines.

Lo que allí fue “Cóndor” aquí se denominó “Gladio” y esta operación en suelo europeo tomó como eje de funcionamiento los ejércitos en la retaguardia o “Stay Behind”, organizaciones que actuaban para modificar el pensamiento de las masas para conseguir que los partidos de influencia comunista no llegasen al poder o siquiera fueran relevantes en los parlamentos nacionales.

Especialmente cruda fue esta lucha en Italia, donde se produjeron atentados como el de la Estación de Bolonia, la Piazza Fontana de Milán o el derribo de un avión comercial “La masacre de Ustica” entre otros actos de barbarie.

Estos actos fueron atribuidos a las “Brigadas Rojas” así como el secuestro y posterior asesinato del presidente del consejo de ministros Italiano Aldo Moro, acción que deja muchas dudas ya que las B.R. era un grupo de izquierda sin preparación alguna conocida en el campo militar y que logró deshacerse de varios escoltas y secuestrar al primer ministro a plena luz del día.

Si entendemos también al contexto en el que se produce este secuestro, cuando se estaba a un paso de firmar acuerdos con los socialistas y comunistas, vemos claramente que esto no tiene sentido alguno a nivel ideológico.

Cuando el cadáver de Moro fue encontrado, a los pocos días la viuda reveló en un viaje a EEUU que Moro declaró su intención de pactar con los comunistas, momento en que le fue dicha la frase “si continuas en esta línea te pasará algo peor que a Allende” de la boca de Kissinger.

España en esa época, dicho por algunos miembros del gobierno fascista al preguntar por la operación Gladio en España, esbozaban una sonrisa y respondían, “aquí el gobierno era Gladio” afirmación que queda corroborada teniendo en cuenta que España acabó siendo el escondite de muchos terroristas como Stefano dele Chiae relacionado con los sucesos de Montejurra, donde hay indicios de que se llevaron a cabo con ayuda de estamentos del propio estado y que declaró en su momento los vínculos policiales con la matanza de los abogados de Atocha.

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