La extrema derecha (II): una variante del terrorismo

Segunda y última parte de un contenido reflexivo sobre el terrorismo de extrema derecha. Durante la primera entrega se sentaron las bases argumentales que deben ser leídas para entender el texto que se reproduce a continuación. Para ello haga click aquí.

En España el terrorismo de extrema derecha toma protagonismo con la muerte del dictador Franco en los momentos en los que la sociedad pide democracia y se ve cómo el ascenso de los partidos de izquierda, en concreto del PCE, puede destrozar la hegemonía y los planes que se tenían para España.

De esta época son los grupos como el Batallón Vasco Español, la Alianza Apostólica Anticomunista o tripe A, Acción Nacional Española, Grupos Armados Españoles o Guerrilleros de Cristo Rey. Algunos de estos grupos tenían contacto con el SECED desde antes de la muerte del dictador, demostrándose así aparentemente la connivencia del aparato represivo del Estado franquista con el terrorismo de extrema derecha.

España siguió sufriendo el goteo de acciones terroristas hacia objetivos de la izquierda o ataques de falsa bandera como el ocurrido en la sala Scala de Barcelona, en el que se culpó a militantes de la CNT y que posteriormente se demostró que se trató de un ataque urdido por un miembro de la ultra derecha.

Un confidente de la policía se infiltró en el sindicato y llevó a cabo esta acción que acabó con la vida de dos obreros, casualmente afiliados a la CNT, para manchar el nombre del movimiento anarquista en Cataluña.

En los 90, la extrema derecha se movió como bandas de neonazis que sembraban el terror en las calles y los barrios de las ciudades eligiendo los objetivos entre las minorías y en gente de izquierdas.

No deja de ser una estrategia terrorista si entendemos que estos actos buscaban sembrar el miedo en sectores de la población, pese a que no estaban organizados en grandes estructuras la estrategia del terror consustancial a la extrema derecha se llevó a los barrios y calles.

Actualmente con el resurgimiento de los partidos de extrema derecha en todo el mundo, vemos que los actos de intimidación terrorista se acentúan. Podemos observar cómo el auge de esta violencia deja un total de más 1156 actos violentos con 838 víctimas en suelo Europeo en 2018, con un aumento mundial de este tipo de ataques en un 320%.

Como ejemplo de este terrorismo están los atentados a la mezquita de Nueva Zelanda donde Berton Tarrant se llevó por delante la vida de 51 personas siendo condenado a cadena perpetua, una sentencia ejemplar y ejemplarizante, que no siempre tiene reflejo en casos similares, como muchos de los ataques de la extrema derecha -en la sinagoga de Pittsburgh acaban siendo tratados como un delito de odio ya que la acusación como terrorismo no tiene visos de prosperar-.

Como caso paradigmático tenemos el de Anders Breivik que colocó un coche bomba en el centro de Oslo para distraer y poder ir a un campamento de la Liga de la Juventud y segar la vida de 69 personas, dejando un balance total de 77 muertos en las dos acciones. Pues lo que a todas luces es un ataque terrorista con marcado componente ideológico, la opinión pública trató de explicarlo apelando a la salud mental del acusado.

Actualmente vemos cómo estos actos de violencia son justificados, siendo el caso más paradigmático el asesinato de dos personas por el menor de edad Kyle Rittenhouse, que se desplazó a otra ciudad con un fusil de asalto para defender los comercios y la propiedad privada frente a las manifestaciones del BLM.

Este acto está polarizando al mundo, desde los que ven un escándalo no sólo en el asesinato de las dos personas, sino también en la connivencia de las fuerzas del orden con esas milicias armadas de extrema derecha y los que defienden el acto como un acto de defensa de las propiedades.

Todo lo expuesto se trata de terrorismo si atendemos a la resolución 1566 del 2004 del Consejo de seguridad de la ONU donde dice que “el propósito de provocar un estado de terror en la población en general, en un grupo de personas o en determinada persona, intimidar a una población u obligar a un gobierno o a una organización internacional a realizar un acto, o a abstenerse de realizarlo, que constituyen delitos definidos en los convenios, las convenciones y los protocolos internacionales relativos al terrorismo”.

Intentar justificarlos o no ver el trasfondo de estrategia del terror aun siendo grupos aislados en el mejor de los casos es desconocimiento y en el peor aceptación y connivencia.

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