México: los cenotes en la península de Yucatán

Los cenotes son característicos de la península de Yucatán en México. Son una especie de pozo natural de gran diámetro, de paredes de roca verticales y con aguas muy azules o verdes a gran profundidad.

La palabra cenote es exclusiva del español y deriva de la palabra maya “ts’ono’ot ó d’zonot” que quiere decir “caverna con depósito de agua”. El suelo de casi toda la península de Yucatán está formado por roca caliza altamente permeable, por lo que la totalidad del agua procedente de la lluvia se infiltra a los niveles freáticos.

 De esta manera se van formando cavidades subterráneas más o menos cilíndricas que acumulan el agua filtrada, y eventualmente se forma una apertura en la superficie, quedando el cuerpo de agua al descubierto.

La península de Yucatán es una zona carente de elevaciones montañosas, en el siglo XVI los navegantes no la descubrían hasta estar muy cerca; esto, aunado al hecho de la composición caliza del suelo, impide la formación de ríos u otros cuerpos de agua superficiales.

 

Por la carencia de ríos en la península, es fácil entender la importancia de los cenotes como la principal (y prácticamente única) fuente de agua potable en la vida cotidiana de la gente que ha habitado la península de Yucatán a lo largo de los siglos.

En el Chilam Balam, un manuscrito que narra los orígenes de los mayas elaborado entre el siglo XVI y XVII, hace alusión a los cenotes en varios pasajes, a continuación, un ejemplo: “y aquéllos pusieron nombre al país y a los pueblos, y pusieron nombre a los pozos en donde se establecían y nombraron a las tierras altas que poblaban, Sucedió que entraron a Tipikal, nombre de este pozo. Y sucedió que allí se hicieron más numerosos. Y fueron a Pochuh. Este es el nombre del pozo en que sucedió que asaron iguanas”.

En este fragmento no se utiliza como tal la palabra “cenote” ó “dzonot”, en vez de ello aparecen mencionados como “pozos”, sinónimo comúnmente usado en otros escritos. Muchas de las ciudades de la península en época prehispánica eran escogidas como asentamiento dependiendo de la cercanía de algún cenote, incluso eran nombradas haciendo alusión a éstos.

En otros apartados del Chilam Balam se m

encionan los nombres de los lugares por los que van pasando los mayas en una peregrinación, lo que seguramente hace alusión a que había cenotes en ellos por la terminación “dzonot” en los topónimos; estos lugares son: Chikin-dzonot, Kankab-dzonot, Pib-hal-dzonot y Sacniteldzonot.

John Lloyd Stephens, un viajero del siglo XIX que recorrió la península entre 1841 y 1842, dejó asentado en sus memorias el significado del vocablo “Chichen” para evidenciar el papel primordial de los cenotes en la vida de los mayas de Yucatán.

Dicho investigador afirma que “el nombre de Chichén es otro que muestra la importancia que tiene la posesión del agua en aquella árida región. Ese nombre es compuesto de las dos palabras de la lengua maya chi, que significa ‘boca’, y chén, ‘pozo’, de manera que las dos palabras dicen “boca del pozo”

Los relatos de Stephens sobre su viaje a Yucatán abundan en descripciones de pozos, cenotes y aguadas (formación similar al cenote, sólo que sus paredes se van abriendo hacia la superficie de una manera oblicua, formando una especie de “V” si se hiciera un corte transversal). Hoy en día los cenotes siguen constituyendo una fuente importante de suministro de agua, esto ha sido una constante con el pasar de los siglos.

Es de suponerse que los cenotes ocuparan un lugar privilegiado dentro del pensamiento y religión maya, y que fueran venerados y ocupados como lugar para llevar a cabo rituales, pues permitieron el florecimiento de una gran civilización al ser la fuente de abastecimiento de agua. El ejemplo más famoso como lugar de veneración y culto es el Cenote Sagrado de Chichen Itzá, ubicado 300m al norte de la Pirámide de Kukulkán.

Se trata de una apertura elipsoidal en la superficie de 50 m de diámetro en sentido norte-sur y 60.50 en sentido oriente-poniente, con una distancia de 22 metros de la superficie al espejo de agua, y de ahí al fondo aproximadamente 20 metros de espesor del cuerpo de agua.

Tal vez una de las razones por las que causa tanta admiración y expectativa al turismo y a los viajeros del siglo XIX, es precisamente por el simbolismo que tenía como lugar de rituales y sacrificios.

Los antiguos mayas tenían la costumbre de arrojar hombres en sacrificio y objetos suntuosos a este cenote. La cantidad de objetos suntuarios arrojados al cenote sagrado es enorme. Sobre los rituales previos al lanzamiento a las aguas del cenote.

La víctima del sacrificio era purificada en un temazcal a la orilla del pozo, ataviada ricamente y sacrificada sobre la plataforma anexa al temazcal, además de que se acompañaba de ofrendas para el dios que moraba en el interior del cenote.

Las investigaciones arqueológicas han permitido el acceso a los objetos suntuarios y huesos de las víctimas de sacrificio que eran arrojados a los cenotes, en particular el sagrado de Chichén Itzá; estos objetos permiten conocer mejor el uso ritual prehispánico que se le daba a estos depósitos subterráneos.

A diferencia de otros, el agua del Cenote Sagrado tiene un color verdoso. Las razones de tal color son varias: las arboledas que rodean la apertura del cenote, a algas y microorganismos, descomposición de los cuerpos humanos arrojados en sacrificio en la época prehispánica, así como la corrosión y degradado de metales y otros materiales suntuarios que eran arrojados.

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