Viviendo y muriendo en Lords of Mobile

Cae la noche sobre el Reino 472. Los pocos castillos de los nobles que aún albergan supervivientes, encienden religiosamente los escudos del día siguiente. Nadie habla en el chat. La única vía de comunicación permanece desierta.

Fuera del escudo un dragón de Jade alardea de su humor, decapitando una a una cada vaca de una granja en llamas. El fulgor de la hoguera, que huele a carne humana, ilumina la noche negra de un mundo por descubrir. Los soldados de Lord Swordbreaker han sido quemados vivos mientras recogían la siembra para abastecer el almacén colectivo.

Marlon Brando murió en Apocalypse Now nombrando al horror. Su mirada de otro mundo nos decía sin palabras, que no hay fondo para esa categoría en la guerra. No hay parámetros. Aquí los límites se rompen entre las ruinas que son pisadas todos los días por los caballos negros. A veces no hay que ver al horror. Sólo presagiarlo.

Cada expedición nuestra que sale por alimento está amenazada por ese horror que los extermina por existir, por sumar una estadística o simplemente por matar a un rey. Un horror sin nombre o con muchos, siglas y nicknames, como un beat discorde.

Nuestros hermanos han huído de este reino, buscando un lugar de paz. Somos como quien dice “nuevos” en la jugada y no hemos podido emigrar, carecemos de los recursos. Hemos quedado atrapados en el medio de una batalla entre Mega-clanes, feroz. Hemos sido tocados, uno a uno para traicionar a nuestra causa y sumarnos a uno de los bandos. Muchos han cedido ante la hambruna, la guerra y la muerte que, paradójicamente, encarnan nuestros interlocutores. Son ellos quienes nos asesinan, pero nos ofrecen a cambio servirlos. La esclavitud como opción en el 2020, aunque parezca cómico.

En la praxis, el avatar es un constructo mental que crea (en el amplio sentido del término, ya que el avatar o identidad digital no depende exclusivamente de las aspiraciones biológicas o estéticas del usuario, sino también son influenciadas por los contextos socio-culturales que rodean a ese usuario) una identidad en el terreno digital.

Lords of Mobile es sólo una puerta a lo que significará la interacción usuario -app en el plano de ecosistema, un uso integral de la plataforma socialmedia conectado, con alarmas de conexión en el mundo real, influencers, mercancía y videoconferencia.

La división entre el plano “real” y “virtual” se vuelve de papel cebolla. La generación X, por lo que puedo ver en Instagram se ha casado con la idea, y la network de la franquicia maneja un buen sistema de generación de contenidos, que motoriza el hype.

La estructura tiene un potente arranque, con un hook rápido y sorpresivo. Una de las ventajas es la capacidad de la plataforma de hacerte olvidar la publicidad engañosa de sus viejos spots en cuanto el manejo de las tropas ofrece una actividad frenética con decenas de actividades al unísono, logros cortos y fáciles y sorpresas constantes. Justo lo que espera un usuario de mediana edad para ese rato con café y también exige capacidad de organización y gerencia. ¿Su arma? Un traductor instantáneo en varios idiomas.

Su magia, otra vez, es la maravillosa gente que lo juega. Incluso el más cruel de los o las asesinas puede que te envíe una misiva, en tono conciso. Tengo historias con uno de mis más apreciados Lords, Swordbreaker. Vive en Burkina Fasso y a veces charlamos sobre Sankara. Lógico, si me conoces te habrás preguntado, bueno: “¿pero este viejo a esta edad jugando esas cosas?“. Y yo te responderé simplemente: “viejo es el viento y todavía sopla y seguiré jugando mi vaina“.

Seguimos en el Guild y es hora de hablarles de Lord Zero. Es un gigante de dos metros cuarenta, con el cabello rojo. Un tanque enorme de músculo y determinación, implacable con sus enemigos. Lo he visto partir en dos a un hombre con su espada, defendiendo la entrada de su fortaleza. Su nombre es temido en sus predios, pero reina con lealtad a su pueblo. Está para muchas cosas grandes, porque es un líder sagaz.

Un juego que es una puerta

Junto a Swordbreaker aún esperamos en algún lugar del 472 el amanecer. No queda polvo en la sombra cuando pasa. Las flores son trazos de tinta inmóviles en el aire. Hay una pared de rocas: una pared de enfermería que tiene unas letras pintadas en color aguamarina: una gata en el otro mundo, un gato en otro mundo. Una frazada. Un saco de papas aún en llamas. Nuestro explorador encuentra un ramo de rosas azules debajo de una pequeña cueva, con una carta.

Ojalá sea para mí.

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