Día de los muertos

Ángeles somos, del cielo venimos, pan pedimos” con esta frase cantada, se presentan varios grupos de niños en las puertas de las casas de las familias que han perdido sus niños, cada 1 de noviembre (día de todos los Santos), víspera del día de los muertos (2 de noviembre) en el que se repetirá el ritual, pero sin niños y sin canto y con abundante aguardiente para recordar a los “finados” adultos.

Esta ancestral costumbre se reedita cada año en los pueblos de la península de Santa Elena (hoy Provincia) ambos días, la familia de los “finaditos” preparan sendas viandas con los manjares que le gustaban a los que han partido de este mundo, los que colocan sobre una mesa y cubren con un toldo hasta que llegan los comensales a conmemorar la muerte de sus queridos.

La “colada morada” y las “guaguas de pan” son el manjar que se prepara y se comparte con todos y todas, en todos los rincones del Ecuador, esta es otra costumbre, supranacional, pues los cientos de miles de migrantes ecuatorianos han llevado a todos los rincones del mundo, Europa, Asia, Norteamérica y cuanto lugar por remoto que sea se encuentre un ecuatoriano.

Cuenta la tradición del Ecuador profundo, que esta última tradición, nace de una “macabra” costumbre “pagana y sacrílega” según el decir de los superiores jesuitas de la Provincia de Quito, quienes relatan en sus memorias la forma en que los “naturales” (indios) en este día sacaban a sus muertos de las tumbas, y en sacos los hacían pasear por la ciudad hasta que en una plaza los reconstruían hueso por hueso y en los ponían en “orden” en el piso para así ejecutar sus rituales de veneración a sus ancestros, luego de lo cual retornaban a los cementerios, donde bebían sangre de pichones para mantener vivos a sus seres queridos en el lugar al que habían partido junto a sus dioses.

El cura del lugar, frente a esta bárbara y sacrílega costumbre, condenó a los indios al infierno, no sin antes hacerles azotar por mantener a la población aterrada con tan horrenda costumbre, y prohibió de manera permanente el realizar esta costumbre salvaje.

Los indios que, al contrario de lo que se pensaba, sí tenían alma y eran además inteligentes, al año siguiente de la prohibición sacaron a pasar ya no los huesos de sus muertos, sino unos panes dulces a los que habían dado forma de cuerpos humanos, sin sexo para así demostrar que los que van al encuentro de los dioses son seres perfectos, así después de celebrar el rito en la plaza del pueblo, retornaban al cementerio, donde tomaban la “colada morada” hecha con harina de maíz morado y frutas moras, simulando la sangre de los pichones.

Desde ahí se fue regando esta tradición de honrar a los muertos a todo el país de tal manera que hoy en día cada familia tiene su “receta original” de la colada morada, por cierto ambos manjares son de una exquisitez suprema.

Hoy en día se reedita la sentencia al “sacrilegio” dictada ahora por los “sacerdotes” de la derecha neoliberal, que condenan pública y abiertamente el respaldo multitudinario y las marchas por los pueblos y plazas del Ecuador, del pueblo ecuatoriano, que rinde homenaje a su ancestral derecho a la libertad, a la justicia social y a la reivindicación del ejercicio del poder en el mandante.

Por lo que salen a pasear con su representante de carne y huesos Doble A, y luego de terminar los mítines del nuevo ritual celebran con cantos de alegría y marchas y canciones de triunfo, que representan la esperanza de una nueva vida que nos han querido arrebatar, y el pueblo en su corazón alberga la esperanza del retorno del “sumak kausay” de la Revolución Ciudadana, de la reivindicación de derechos.

Esta celebración no es con “guagua de pan” sino con el guagua Andrés ni con colada morada, sino con la colada de la justicia social y la reivindicación de derechos, así como con la reversión de las disfrazadas ventas y extinciones de las empresas públicas.

El día de los muertos del 2021, no lloraremos, sino que festejaremos la vuelta a sus sepulcros de los cadáveres insepultos de la política ecuatoriana, que las hordas bárbaras y sacrílegas de la derecha neoliberal han sacado a pasear por plazas y calles, y luego a beber la sangre de los muertos de octubre y los del feriado bancario de 1999, con Guillermo Lasso a la cabeza.

Cuando los ángeles se presenten en las casas a pedir el pan, al descubrir el toldo de la mesa, lo que encontrarán son millones de votos que harán del binomio de la esperanza el nuevo gobierno de la Revolución ciudadana con Arauz y Rabascall a la cabeza de sus mandantes.

Rafael Correa en el corazón de los ecuatorianos y Andrés Aráuz en la papeleta electoral.

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