Yo no soy Lenín Moreno

Esta lapidaria frase pronunciada por el presidente de Argentina Alfredo Fernández, cuando un periodista que lo entrevistaba insinuó que se podía “distanciar” de Cristina Fernández, deja más que claro que el traidor de Carondelet es reconocido a nivel mundial como un referente de la traición.

A los ecuatorianos no nos sorprende, pues hemos soportado desde mayo de 2017 la traición de Moreno. No hablamos simplemente de la traición personal a Rafael Correa, ni de la traición al proyecto político de la Revolución Ciudadana, sino de la traición al pueblo ecuatoriano, tomando la ruta de la derecha neoliberal y el entreguismo sumiso al FMI, a la banca chulquera, al empresauriado evasor y explotador y a la prensa mentirosa, manipuladora y corrupta.

Todo ello con el fin de satisfacer sus caprichos y mantener en la presidencia a un títere consecuente con sus aspiraciones de liberar los intereses de la banca, la comercialización y precios de los combustibles, la privatización de las empresas del estado, los grandes negociados de los empresaurios con el estado, y la persecución odiosa a los dirigentes de la la Revolución Ciudadana, a través de un bien orquestado Lawfare enviado como regalo desde las tierras imperiales del norte.

Adjetivos de uso común “coloquial” también en las conversaciones y tertulias de los ecuatorianos para referirse a Lenín Moreno hay muchos, como por ejemplo: el traidor, el empujado, el ensillado, y el más despectivo de extracción callejera: “el patuleco”. Por esta razón, nadie quiere ser comparado con él, incluso leí el otro día en una red social, que en un supermercado, al paso alguien oyó que un marido le contestaba a su mujer: “¿Qué crees, que soy Lenín Moreno?“.

Del ridículo no se vuelve, y el ridículo internacional te lleva directo al basurero de la historia y es que, en respuesta a la alusión del Presidente Fernández, el traidor dispuso que se presente un reclamo diplomático ante el ministerio de relaciones exteriores de la República Argentina.

Como resultado de esta “rabieta”, ya que por obvias razones no podría hacer una pataleta, el canciller o ministro de relaciones exteriores del Ecuador, presentó su renuncia sin decirlo directamente, la razón no puede ser otra que dicha renuncia obedece a no estar de acuerdo con la decisión del empujado, y como rechazo a la presentación del reclamo internacional.

Pero como si esto no fuera suficiente, este vergonzante y vergonzoso futuro cesante se permitió llevar el incidente al plano personal, y publicó en su cuenta de Twitter el siguiente mensaje: “A propósito de la gavilla de mafiosos internacionales que actúan sincronizados…”, y pretende reforzar su comentario con una cita atribuido a Mark Twain: “nunca discutas con un estúpido, te hará descender a su nivel y allí vencerá por experiencia“.

Estamos seguros de que este despropósito no merecerá el menor comentario del Presidente Fernández, justamente por el sentido de la cita de Mark Twain, referida en el tuit del empujado.

Y así nomás estamos los ecuatorianos en el Ecuador, y más aún los avergonzados ecuatorianos que viven como migrantes en otros países cuando tienen que reconocer que Lenín Moreno es quien gobierna en Ecuador.

¡Qué diferencia cuando años atrás y no muchos, los niños a quienes se les preguntaba “¿qué quieres ser cuándo seas grande?” la respuesta era: “quiero ser como Correa!”. Hoy en día, los ecuatorianos y extranjeros, tal como el Presidente Fernández respondemos: “¡yo no soy Lenín Moreno!“.

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