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El papel político de VOX: la transformación del electorado hacia valores de extrema derecha

El espacio ocupado por VOX ya existía, de alguna forma, dentro del PP y la derecha tradicional. Pero ha sido la propia descomposición interna del PP la que ha permitido la irrupción de VOX.

Se trata de un partido que presenta un perfil claramente orientado a la derecha radical, nativista y autoritario, explícitamente conservador en los aspectos morales y neoliberal en los aspectos socioeconómicos.

Teniendo en cuenta su nativismo y autoritarismo, además de algunos vestigios antidemocráticos, puede situarse en el espectro de la extrema derecha más radical. En referencia a sus homólogos europeos, su retórica es más radical y nacionalista, con constantes apelaciones a «España«, «patria«, «nación» o «tradición española«.

La explicación de la irrupción de VOX en el panorama político español es compleja y multifacética, y las opiniones varían enormemente. Algunos analistas señalan que únicamente es una variante más «dura» de la derecha conservadora tradicional que representa el PP. Otros consideran que se trata de un movimiento de extrema derecha de nuevo cuño, que ha modernizado sus antiguos postulados.

A pesar de su radicalismo, VOX se está convirtiendo en una opción «aceptable» como nuevo partido político, formado a partir de diferentes variantes de los movimientos ultraderechistas. Y cuanto más se fomenta la «bronca» política y el discurso del odio, más votos se van a trasvasar hacia la extrema derecha, en detrimento de la derecha tradicional.

Los planteamientos ideológicos de VOX pretenden, aparentemente, renovar y actualizar la ideología conservadora. Pero su retórica guerracivilista, ajado historicismo, antifeminismo, homofobia, xenofobia, etc., lo han convertido en uno de los elementos esenciales del denominado «franquismo sociológico» más rancio y arcaico.

En contraposición, sus homólogos europeos han sabido renovar sus discursos para intentar mayores consensos sociales en cuestiones como el feminismo o la homofobia, aunque se trate de un mero maquillaje pasajero.

El marcaje que VOX hace a la agenda política y social deja claro que es más que un invitado a las instituciones a las que se le ha dado acceso. Han hecho imposible aprobar declaraciones institucionales, se han socavado los avances en memoria histórica, se han atacado gravemente a diferentes colectivos, se ha censurado y atacado a instituciones como la libertad de expresión, la libertad de prensa o la libertad de manifestación.

Todo esto es consecuencia de que algunos partidos hayan accedido a gobernar con la complicidad de la extrema derecha que supone VOX.

En la actualidad es difícil encontrar un país en el que la extrema derecha o la ultraderecha no estén representadas, de una forma o de otra, en la mayoría de los parlamentos e instituciones democráticas.

Lo que estamos viviendo es el resultado del progresivo y constante blanqueamiento del discurso, la ideología y las propuestas de extrema derecha por parte de los medios de comunicación, determinados partidos políticos y la sociedad, en general.

El surgimiento de la extrema derecha se produce en un contexto de vacío de referencias de izquierda. Los estudios señalan un fracaso por parte de la izquierda para imponer una visión colectiva propia, desde hace años. Ha perdido, en apariencia, toda capacidad para transformar el mundo.

La incapacidad del PSOE para movilizar un apoyo popular real les está separando, cada vez más, de los sectores sociales más precarizados, y los arroja a los postulados populistas de la extrema derecha. Para evitarlo es necesario detener la «infiltración» de la extrema derecha en los barrios populares, donde su populismo está penetrando entre las clases más desfavorecidas.

Evitar esa infiltración debería ser el principal objetivo de los sectores progresistas. Eso implica construir nuevas solidaridades y reforzar las ya existentes, para evitar la baza que la extrema derecha juega de «existir» fuera del sistema y convertirse en una representación de lo políticamente «incorrecto«. Es decir, reconstruir un poder democrático real que se presenta en espacios de solidaridad y movilización diversa.

Ante el avance de la extrema derecha solo podemos plantearnos la lucha cotidiana, con movilizaciones y solidaridades efectivas, que vuelvan a poner las condiciones de vida de la mayoría de la población en primer plano, para enfrentarse a sus políticas, basadas en el miedo, el resentimiento y el odio.

El crecimiento electoral de la extrema derecha está amenazado con romper los ejes fundamentales de la convivencia democrática. Por eso, es necesario que la derecha tradicional, más o menos democrática, trate de hacer frente a la retórica catastrofista, la desinformación, el discurso de odio. Por eso, es necesario establecer un «cordón sanitario» a la extrema derecha, tal como han hecho en otros países de Europa, como Alemania.

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