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El Régimen del 78 cierra filas ante la ruptura de UP: las macrogranjas

Se está produciendo, de manera silenciosa, una sustitución de las explotaciones de la tierra por grandes corporaciones y fondos que acaban transformando a los ganaderos en trabajadores a bajo coste de una cadena de producción.

España se está convirtiendo en el vertedero de Europa de la industria ganadera intensiva, no solo tiene graves efectos sobre el cambio climático, sino también sobre los habitantes de las poblaciones cercanas a las macrogranjas de explotación animal.

La ganadería en España es un sector clave desde hace muchos años y en la actualidad si cabe mucho más. Para ello, ha sido tradición el uso de la ganadería extensiva, realizada con disposición total o parcial de una base territorial con aprovechamiento de pastos, prados, pastizales, hierbas y rastrojos, propios, ajenos o comunales, de forma permanente o temporal para alimentar el ganado.

Las metodologías de producción agrícola han mutado con el tiempo a formas más industrializadas e invasivas con el medio ambiente. Este es el caso de la ganadería intensiva, en la cual, el ganado no se alimenta con aprovechamiento de pastos o prados de la base territorial de la que disponga la explotación, lo cual es la razón diferenciadora con respecto a la explotación extensiva. Por tanto, una de las grandes diferencias es la forma de vida y de alimentación que tienen los animales dentro de la explotación ganadera.

La ganadería intensiva, consiste en la industrialización de la explotación ganadera. Para ello, el ganado se encuentra estabulado, bajo unas condiciones creadas de forma artificial, con el objetivo de incrementar la producción de carne y otros derivados animales como huevos, leche, lana, etc. en el menor tiempo posible.

Este tipo de ganadería necesita grandes inversiones en instalaciones, tecnología, mano de obra, etc. El gran incremento de la población en el mundo durante el siglo pasado unido a que cada vez se come más y la disminución de los costes de explotación han hecho que este tipo de ganadería, también llamada industrial haya crecido mucho en los últimos años.

La producción intensiva y en ascenso lleva a que las emisiones de efecto invernadero de solo 20 grandes corporaciones europeas equivalgan a tres cuartas partes de todo el CO2 liberado por España en un año, o a la mitad de potencias como Francia, Gran Bretaña o Italia.

La producción industrial y sin freno de solo un pequeño puñado de grandes empresas europeas de la carne y los lácteos emite tantos gases invernadero como países enteros de la UE. Su alto nivel de contaminación hace que basten 20 de estas corporaciones para lanzar tres cuartas partes de todo el CO2 que libera España en un año, según ha calculado la organización Instituto de Política Agrícola y Comercial (IATP).

Con la producción y las exportaciones a otros países, también han crecido los gases lanzados a la atmósfera responsables de la crisis climática. Es una consecuencia de la uberización del campo. Este modelo industrial está detrás de esas grandes emisiones de gases de efecto invernadero, pero también de la desaparición de pequeños y medianos ganaderos.

Criar con la fórmula intensiva muchas aves, cerdos, vacas para vender su carne y su leche impone, entre otras cosas, un fuerte peaje de CO2: 474 millones de toneladas de emisiones directas (convertidos en 664 millones si se añaden las indirectas). Son el 15% del total de la UE con los datos consolidados de 2018.

De esta a forma, se está produciendo, de manera silenciosa, una sustitución de las explotaciones que se basan en la tierra por grandes corporaciones y fondos que acaban transformando esos ganaderos en trabajadores a bajo coste de una cadena de producción que responde a la especulación, la intensificación y sus consecuencias climáticas, añade este ganadero.

En este respecto, la izquierda en España y su manifestación en el espectro político, ha fijado posición. En este sentido, Unidas Podemos (UP) por medio del ministro de Consumo, Alberto Garzón, quien se propuso defender a la ganadería extensiva, después de que tanto el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, como la ministra de Hacienda y anterior portavoz del Ejecutivo, María Jesús Montero, defendieran a la «industria cárnica» y advirtieran sobre los peligros de mandar mensajes que pueden dañar la imagen del sector.

«Es especialmente importante el papel de la ganadería social, extensiva y familiar, es un modelo que crea empleo, previene incendios, y es un modelo que necesitamos defender porque somos conscientes de las consecuencias del cambio climático«, ha asegurado Garzón.

Si hablamos de las características más importantes de la ganadería extensiva, podemos destacar el reducido consumo de energía para la generación de los alimentos. Este tipo de ganadería ayuda a mantener los agro ecosistemas naturales y la diversidad para tener un desarrollo más favorable de los animales. Además, puede ayudar a reducir la erosión en climas áridos.

Si la producción la calidad y homogeneidad de los productos que se obtienen de la ganadería extensiva, podemos afirmar que esta obtiene productos de mayor calidad ya que los trabajos están más enfocados a obtener una calidad suprema gracias a la mayor humanidad en el trato a los animales y a los procesos más artesanales en la elaboración de los productos.