Una máscara blanca para una piel blanca

“Hay una zona de no-ser, una región extraordinariamente estéril y árida, una cuesta esencialmente calva, a cuyo término puede nacer un auténtico surgimiento”. Frantz Fanon.

Advertir la importancia o lo fundamental para una sociedad ha sido quizás una de las tareas que más tiempo nos siguen consumiendo, a los que estamos en ellas, a los que las vivimos.

La frase de introducción me retumbó en la cabeza hace muchos años cuando, sentada en un cyber café y con una conexión de internet deficiente, vi las imágenes del bombardeo colateral que WikiLeaks reveló. En ese momento y luego por mucho tiempo, yo desconocía de la existencia de la personalidad Julian Assange. No fue hasta cuando él estaba en el encierro en Londres, y tras las sucesivas revelaciones de cables, que volví a pensar en ello, en la zona del no-ser y en cómo ese fracaso cobraba evidencia, una evidencia brutal y excesivamente gráfica. Los trece minutos de masacre del pueblo iraquí se convertían en la imagen del relativismo moral de mundo, este moderno, en el que yo tomo café y escribo este texto.

La presencia de Assange en el panorama de nuestro consumo noticioso había escapado a esa campaña de deshumanización de la que pocos pueblos y pocas mujeres y hombres son capaces de sortear, digo son porque creo que hablar con la propiedad de nuestras posibilidades y aceptar la responsabilidad impuesta por quienes ejercen dominación es necesario para liberarnos.

Somos culpables, mientras ellos nos hagan culpables, y somos inocentes mientras luchamos por entender y mientras dedicamos nuestras vidas a producir pensamiento que nos aleje de la barbarie.

¿Desconocíamos el genocidio en Yemen? Sí. ¿Sabíamos de la tortura en Guantánamo? No. ¿Supimos alguna vez de Bin Laden? No. ¿Sabíamos donde estaba Afganistán? No. ¿Sabíamos que los Estados Unidos tenían acceso a todos nuestros datos y los de líderes de países y de otras naciones de gran influencia en la geopolítica mundial? No. Hasta que no se publicaron 470.000 registros de las guerras de Irak y Afganistán, 250.000 cables del Departamento de Estado. Resulta que la verdad estaba inscrita como un monologo raquítico y no sabíamos, realmente no sabíamos.

En ese momento la información se volvió odiosa para quienes se proclaman como el mundo libre. Hillary Clinton lo dijo “can‘t we just dron this gay” refiriéndose a Julian, en la que fue quizás la amenaza más graciosa de los últimos tiempos, pero que refleja lo que han sido siempre sus acciones. Ella es demócrata y perdió las elecciones, pero los que las ganaron no iban a cambiar el pensamiento sobre lo que consideran amenaza.

La detención del fundador del portal WikiLeaksJulian Assange, es una «prioridad» para la Administración de Trump en su lucha contra la divulgación de información comprometida, ha dicho este viernes el fiscal general (ministro de Justicia) de EEUUJeff Sessions.

Mike Pompeo también arremetió contra WikiLeaks, a la que calificó de «servicio de inteligencia hostil» y amenaza para las democracias. También acusó a la organización de seguir el juego a los dictadores.

Cuando desde el fondo de la esclavitud moral aparecemos a levantar la cabeza los humillados, ellos vuelven a desplegar su desierto. Así presentan una máscara blanca para un australiano de piel blanca, hecha con el yeso de delitos fabricados que a Julian Assange le acumularon , la prontitud de generación biográfica, como si crearan un Spiderman o un Batman, apelando a ese relato del hombre con dos vidas, porque es muy fácil tragarlo, porque ya lo conocemos y perfectamente cabe. Si los ha cometido no importa, si tiene pruebas tampoco, si ha sido absuelto es irrelevante.

Suecia ordenó en el 2012 su captura por un caso de presunta violación que se remonta al 2010, que el fundador de WikiLeaks niega. Porque los entre los delitos que el aparato de seguridad de los Estados Unidos ha configurado para él, se encuentra el de traición que es castigado con pena de muerte.

Ecuador en el año 2012 y como veníamos declarando en nuestra marcha de civilización, de no retroceder, salió de la zona del “no ser”, esa zona de psicópatas que Fanon describe para hablar de las mentes colonizadas que se embrutecen por parecerse a quienes los dominan y por eso son capaces de despreciar la vida, y en este caso entregar a la muerte a un hombre que puso historia contemporánea y real en nuestras manos era una sórdida normalidad.

Decidimos no ser más sus enfermos y otorgar el asilo a Julian Assange bajo la amenaza de Estados Unidos y el Reino Unido, que resistimos con la dignidad que la Revolución Ciudadana recuperó para nosotros, condensada en la espada dialéctica de las palabras de Eloy Alfaro con las que Mashi Rafael enfrentaba las encrucijadas: “si hubiera cometido la vileza de pasarme al enemigo, hubiéramos tenido mucha paz, la paz del coloniaje”.

Hoy el Gobierno de Lenín Moreno, en una más de sus expediciones punitivas esperpénticas con las que marca la regresión del Ecuador, impone un cuadro de tortura. El nuevo protocolo de encierro en la embajada ecuatoriana en Londres consiste en el más absoluto aislamiento; le han quitado su mascota, existen fines de semana en los que no se le permite recibir comida, y servicios básicos como luz y agua, su familia y sus abogados no pueden verlo, cuando lo han visitado ahora que es invierno lo encuentran con un abrigo grueso, la orden del embajador Marchan es apagar la calefacción en su habitación.

Esto disfrazado de una campaña en la que lo presentan como un huésped indeseable, que ocupa grandes espacios y al que solo se le ha restringido el acceso a internet, las visitas de Pamela Anderson, y simplemente se le hace pagar sus gastos. Esta situación nos arrastra a una distancia infinita de los valores humanos, una especie de «ensalvajamiento«, de pseudohumanismo que socava los derechos del hombre, para hacernos creer en una concepción parcelaria, estrecha que nos dice que al permitirle vivir en la embajada seguimos siendo humanos por permitírselo. Para que, si muere, nos sorprendamos y digamos, «bueno igual lo iban a matar sus enemigos, o igual no podía salir, o igual reveló secretos«.

Parecería que hay un trato y una reencauchada materia servil con los expertos en plantear mal los problemas de la humanidad. Nos vuelven a cerrar los ojos ante la realidad, nosotros aceptaríamos gustosos las soluciones criminales como legítimas, como indiscutibles. Si bien este es el accionar histórico del imperialismo, entre la historia y nosotros han creado desiertos inmensos, desiertos imposibles de caminar, desiertos de mentira y también de hambre, de las condiciones que nos vulneran para poder cruzarlos, desiertos llenos de oasis que crean para entretenernos. Por eso cruzar a ese búnker de poder, llegar al agujero decadente donde se encuentra la debilidad cultivada en sus falsedades y la hipocresía extendida, se convierte en una batalla ineludible, en la que no podemos quedarnos como víctimas ingenuas.

Los mismos activistas que lucharon por el asilo y por preservar la vida del compañero, y hoy compatriota Julian Assange, han utilizado medios legales para seguir defendiéndolo y para oponerse a estos métodos fraudulentos ante la justicia ecuatoriana, ante la opinión pública y organismos internacionales, contiendas que se han ganado en la ONU y que han movilizado a voces políticas gracias a su tesón.

Con ellos, todos los indignados que un día amamos la vida en el Ecuador como el mismo Rafael Correa y el excanciller Ricardo Patiño, la expresidenta de la Asamblea Gabriela Rivadeneira, hemos plantado cara a iniciativas fascistas de la ultraderecha ecuatoriana en la Asamblea, que impúdicamente piden la entrega de la soberanía al Gobierno americano.

Sin embargo la presidenta de la ONU, María Fernanda Espinosa, que defendió el asilo y que tramitó la ciudadanía de Assange, junto con el servicio diplomático que la acompañó en esas tareas y tantos funcionarios que conocen los hechos, hoy callan. Su silencio nos deja perplejos, como si hubieran sabido lo que iba a suceder, o como si su nuevo relato importase más, en ambos casos su actuación es inmoral.

Frantz Fanon era un psiquiatra nacido en la colonia francesa en la caribeña isla de Martinica, fue soldado de Francia y luego combatiente de la independencia de Argelia y defensor de su etnia, de los negros. Gran pensador de la descolonización. Escribió varios libros, entre ellos Piel Negra Máscaras Blancas, del que se desprende la frase inicial que cito en este texto. Por eso cuando quieren esclavizar ponen máscaras blancas a todos inclusive a los de piel blanca.

Una vez le preguntaron a Assange qué es lo que quería lograr con WikiLeaks, él dijo que aportar a la historia de la humanidad algo que no sea falso, una historia nuestra la cual podamos atesorar, a la cual podamos referirnos. La zona del no ser, es aquella en la que los lacayos han sometido y silenciado a millones de hombres, como a los civiles iraquíes, en el castigo por esa revelación a un inocente se revive la masacre, la tortura, los millones de seres humanos sometidos y enseñados a obedecer como único destino.

Solo nos queda decidir si para mitigar el llanto de esa herida vamos a enarbolar la bandera de los cantos de sirena de tiempos superados, o si vamos perseverar en la tarea de subir la cuesta con nuestra deliberación, con nuestra verdad para el auténtico surgimiento.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: