Uruguay: elecciones internas 2019

En una jornada fría y gris, con un sol asomando tímidamente, pasado el mediodía en la mayor parte del territorio uruguayo, en ese marco la ciudadanía del Uruguay concurría a votar en elecciones internas que no son de carácter obligatorio y la participación fue de 39%, algo superior a la de las últimas en 2014.

Los resultados de las elecciones internas del domingo 30 de junio dejaron datos concretos y también algunas reflexiones que nos interesa aportar.

Daniel Martínez (Partido Socialista), logró el 41,9% de los votos y será el candidato del Frente Amplio (fuerza política que gobierna desde 2005), de cara a las elecciones nacionales de octubre, se espera que en los próximos días se defina quién será el que lo acompañe en la fórmula.

En el Partido Nacional quien obtuvo una victoria contundente fue Luis Lacalle Pou con 53,7%, quien superó al multimillonario Juan Sartori (20,6%) y al líder histórico Jorge Larrañaga (17,5%).

En el Partido Colorado, el economista Ernesto Talvi ganó cómodamente la elección interna frente al histórico dirigente y dos veces presidente del Uruguay, Julio María Sanguinetti.

No puede pasar desapercibido, dándole la trascendencia acorde a las circunstancias, los más de 45 mil votos que obtuvo Cabildo Abierto (Partido Militar) que lidera, Guido Manini Ríos, el excomandante en jefe del Ejército, convirtiéndose en la cuarta fuerza electoral.

El Frente Amplio (FA) tuvo menor participación que las internas del 2009, dato que se mira con cierta preocupación dado que en esta elección había competencia electoral sin líderes históricos de los partidos que integran el FA.

No se puede negar que hay mucho análisis muy crítico de los votos que logró el Frente Amplio, pero tal vez esos análisis esconden intereses más oscuros y que pretenden favorecer la creación de un escenario de fin de ciclo.

Nos interesa problematizar el hecho de que, para la ciudadanía en general, por los votos alcanzados por la precandidata del Frente Amplio Carolina Cosse y la participación en general, teniendo sobre 28 precandidatos a presidente a una sola mujer, no fuera un factor distintivo en la política uruguaya. Se confirma que las mujeres no llegan a los centros de poder porque el sistema de selección previo aún prima a los varones, en este caso las elecciones internas.

En otro artículo que publicamos en ElEstado.net opinamos que el capital y el patriarcado son aliados estratégicos que ponen en plano de desigualdad a la mujer, que Carolina Cosse, la única mujer precandidata a la presidencia en Uruguay genera susto, desconfianza y temor para los conservadores y defensores del sistema patriarcal.

Probablemente porque es una mujer que llega a disputar políticamente un espacio sin ser hija de, esposa de, o hermana de, algún referente o caudillo de algún partido, porque ello implica que hay una construcción real de poder por parte de ella, y sin realizar un análisis exhaustivo del voto del pasado domingo, el resultado de la elección refleja en buena parte lo que sostenemos.

Lo que preocupa es que hay mecanismos de exclusión que son perversos porque son muy sutiles, y mucho más difíciles de combatir.

El sistema político uruguayo ha definido sus candidatos en el caso de los tres partidos más votados, Frente Amplio (FA), Partido Nacional (PN), Partido Colorado (PC), tanto Daniel Martínez (FA), como Lacalle Pou (PN) , como Talvi (PC) hablan de consensos, de diálogos que evitan la polarización.

Pero hay que reconocer que si bien, Martínez (FA) se encuentra vinculado a la corriente socialdemócrata del socialismo, los candidatos de la derecha, Luis Lacalle Pou y Ernesto Talvi tienen la intención de hacerlos pasar como candidatos de centro, y debemos tener en claro que son la expresión del más puro neoliberalismo, más mercado y menos Estado.

Las listas más votadas fueron dentro la coalición de izquierda las del Movimiento de Participación Popular (MPP 609), segundo el Partido Comunista (1001) y tercero el Partido Socialista (PS 90). Las fuerzas políticas que más énfasis hacen en mejorar la distribución del ingreso y las riquezas del Uruguay.

La tarea para la izquierda y el progresismo es seguir luchando, trabajando con más fuerza, más ahínco, más decisión, con compromiso y sentimiento en fin redoblar el esfuerzo.

Se cumplió una etapa electoral y la coalición de izquierda, que además debe atender el día a día de la gestión de gobierno, debe convertirse de cara al 27 de octubre, fecha de las elecciones nacionales, en la fuerza política que brinde las mejores expectativas de cara a la sociedad en su conjunto, no solo defender lo construido y los derechos conquistados, sino que el Frente Amplio, aún con problemas y contradicciones, es la fuerza política capaz de dar un conjunto de medidas que permitan reactivar la economía y nos permita avizorar un futuro con mejores oportunidades palpables para las y los orientales.

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