Rompiendo Tópicos Machistas: Te pego porque te quiero

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Te pego porque te quiero: La Sumisión aprendida por la mujer y sometida por el Patriarcado

Del golpe, la lágrima y del reconocimiento

Pensamos que somos libres como los pájaros que vuelan, pero con el tiempo nos damos cuenta de que tenemos las alas cortadas y nos encontramos encerradas en una jaula. ¡Hasta qué punto somos capaces de engañarnos! Qué bien funciona esa mentira pero qué duro es cuando somos conscientes de esa estafa a la que nos sometemos cada día, para poder sobrellevar con la mayor dignidad posible nuestras miserias.

No logramos recordar cuándo empezamos a construir nuestro propio mundo a nuestra imagen y semejanza, el mundo paralelo a la realidad que nos hace daño y que necesitamos esconder delante de todo lo que nos rodea.

Si nos preguntas, no tenemos respuestas para la primera bofetada, ni para el primer desprecio ni cuando recibimos el primer insulto. Al igual que no hayamos reacción en nuestra consciencia en ese justo momento en el que necesitamos protegernos y escapar, huyendo de “nuestro amor” para poder defendernos de sus golpes.

Del maltrato físico y del secuestro psicológico

Las cifras de la violencia machista afirman que 1.000 mujeres han sido asesinadas en los últimos 14 años. Esta cantidad es desde el 1 de enero de 2003, que es cuando se empezaron a contabilizar. Anterior a este año, no hay casi datos. Desde el año 2003 hasta hoy las terribles cifras de mujeres asesinadas por año son:

  • Año 2003: 71
  • Año 2004: 72
  • Año 2005: 57
  • Año 2006: 69
  • Año 2007: 71
  • Año 2008: 84
  • Año 2009: 68
  • Año 2010: 85
  • Año 2011: 67
  • Año 2012: 57
  • Año 2013: 57
  • Año 2014: 59
  • Año 2015: 64
  • Año 2016: 53
  • Año 2017: 49

Los macabros detalles de las víctimas mortales de violencia de género en lo que va de año del 2018, son que 43 mujeres han sido asesinadas en España por sus parejas o exparejas. Por edades, el grupo más numeroso -16 víctimas- tenían entre 41 y 50 años.

De las asesinadas por sus parejas o exparejas, 30 jamás había denunciado a su agresor, y de las 13 que sí habían interpuesto denuncia, tan solo cinco tenían medidas de protección en vigor. Lo más desgarrador lo suponen las 10 víctimas mortales que eran menores de edad.

A fecha 31 de octubre, según el Sistema de Seguimiento Integral en los casos de Violencia de Género que ha cumplido 10 años (Sistema VioGén), de la Secretaría de Estado de Seguridad del Ministerio del Interior, los casos de violencia de género suman 522,376, de los cuales podemos destacar que hay con nivel de riesgo extremo 10 casos, riesgo alto 170 casos, riesgo medio 5165 y el resto son casos de nivel bajo y no apreciado.

Las cifras son demoledoras. Perdónenme, necesito coger aire.

Las últimas víctimas por violencia de género en España ha sucedido el pasado 12 de noviembre en el que un hombre de 24 años -en Santurtzi, Vizcaya– apuñaló presuntamente a su pareja de 51 años y al hijo de ésta de 28. Según el  Departamento de Seguridad del Gobierno Vasco, la mujer había presentado una denuncia contra el agresor hace casi un año por presunto delito de violencia de género. Madre e hijo con heridas graves están ingresados en el Hospital de Cruces con “pronóstico reservado

Si intentamos analizar en profundidad cuáles son las características de un hombre violento, es que la mayoría de ellos suelen representar comportamientos recogidos entre los mitos culturales de la masculinidad patriarcal, que le indica lo que “debe” ser un hombre. Se manifiestan en formas por las que tienden a controlar y a dominar a cada integrante de la unidad familiar que considera inferiores, especialmente las mujeres y los niños.

Aunque también las mujeres maltratan, la proporción es inmensamente desproporcionada: en España, 93% de las víctimas son mujeres y sólo 7% son hombres.

Los hombres violentos tienen dificultades para expresar sentimientos. Junto con su aislamiento emocional, sus relaciones tienden a no tener ningún grado de intimidad que permita expresar sus sentimientos con cariño. La mayoría de los hombres que ejercen la violencia de género, durante su infancia hubo un ambiente de “madre sumisa, abnegada y detrás de ella un padre autoritario y machista”. La historia se repite. Todo es cíclico si no lo intentamos cambiar.

Todos estos actos de violencia, muchos acabados en Feminicidio se traducen en actos basados en la superioridad, y como resultado provocan un daño psicológico, físico y sexual hacia la mujer, ya que se aplica mediante amenazas, coacción, y la privatización de su libertad, tanto en la vida privada como en la pública.

De la dependencia, del dolor y del perdón

La pregunta es: ¿te pego porque te quiero o te quiero porque me dejo pegar y te perdono?

Nos preguntamos cómo es posible que nuestro propio compañero sentimental pueda ejercer esa violencia sobre nosotras, y cómo podemos permanecer en esa situación sin dar la voz de alarma desde la primera vez. Sí, la primera agresión, esa es la que más duele. No por el dolor de la bofetada o la humillación, sino por el dolor que causa en el alma. Y cuánto debe doler un alma.

Nos esforzamos por descubrir en qué momento exacto nos dejamos perder a nosotras mismas, dejamos de ser nosotras para dar la prioridad a cubrir las exigencias de nuestro macho, ¿y quiénes somos ahora cuando comenzamos a recuperar nuestra independencia y autonomía? Resumido, cuando recuperamos nuestra vida, ¿en qué nos convertimos?

En los 1.000 casos contabilizados sólo en España desde el año 2003, los compañeros de las “Víctimas mortales” en todos los casos emplearon la violencia psicológica, física y sexual.

Todas fueron sometidas a un poder sobre ellas, con el fin de dominarlas y someterlas, con “patriarcal autoridad”. Sí, la desigualdad de la mujer. Sí, la mujer sometida y callada. “Te pego porque te quiero” es la justificación que algunos agresores han llegado a dar a sus víctimas tras una agresión .

Cada vez que escucho esta afirmación u otras similares me sigo estremeciendo. ¿Qué mensaje lleva implícito el “te pego porque te quiero“? Yo no lo logro entender, nunca pude

Yo quiero, ego no pego, no maltrato, no humillo, no obligo, no vejo, no amenazo y no mato. Yo quiero ego yo amo, protejo y cuido, es así de sencillo.

¿Por qué sucede que no damos la voz de alarma la primera vez? ¿Por qué seguimos sometidas a esos actos de humillación sin escapar despavoridas? Si recurrimos al marco teórico encontramos diversas teorías explicativas de esta realidad. Los procesos psicológicos que subyacen cuando se detecta violencia psicológica en el contexto de un delito de violencia de género, llega a establecer cierto paralelismo con el Síndrome de Estocolmo. Se desarrollan fuertes vínculos afectivos y de dependencia con el secuestrador de tu libertad, piensas que la ausencia de violencia en contra de tu persona es un acto de humanidad por parte del agresor. Dependencia en estado puro.

Dependencia del Agresor y de la Víctima: ecuación mortal

La espiral infinita reside en la intermitencia del uso de la violencia en la relación de pareja, que se intercala entre periodos de tranquilidad, en los que predomina la intención de cambio del agresor, y prevalece la afectividad y la calma, favorece la dependencia o enganche emocional, alimenta la esperanza de cambio efectiva que la víctima mantiene de forma constante durante gran parte de relación.

Todo ello sustenta la atención y dirige el interés y el esfuerzo de la mujer hacia los episodios y etapas positivas, generan un gran desconcierto y pérdida de seguridad derivado de la incongruencia entre el comportamiento violento del agresor y el que manifiesta en las fases semblantes a la “luna de miel”.

Es muy importante que el entorno de la víctima permanezca alerta, para poder denunciar cualquier síntoma de violencia hacia ella. Hay muchas mujeres que no son conscientes de que quien ama, no hiere. Las mujeres debemos despojarnos de la culpa en estos tipos de relación. Este tipo de relación es una estafa y los agresores son el engaño. Son una trampa invisible y no deberemos jamás sentirnos culpables por ser arrastradas hacia una relación tan tóxica como peligrosa.

Así, de la forma más sutil en la mayoría de las ocasiones, nuestro compañero sentimental, ese quién según los Mitos del Amor y del Cariño siempre debería velar por nuestro cuidado y seguridad, va estableciendo y ampliando una red de control frente a las personas con las que interaccionamos, que alcanza el acceso al dinero y a las actividades y tareas a las que dedicamos nuestro tiempo.

El agresor entra a cuestionar nuestras ideas y opiniones, desconfiando de nuestras amistades y familiares, nos cosifica, desvaloriza nuestras opiniones y actos en privado y en público, nos menosprecia, va dificultando nuestra toma de decisiones haciendo prevalecer siempre su decisión; nos descalifica, nos destruye lo que tenemos,  nos intimida con el miedo, nos hace sentir culpables de cualquier cosa o del todo, nos chantajea emocionalmente o nos amenaza con dejarnos, irse de casa, avisando de no volverá, es capaz agredirnos o incluso matarnos.

Nos convertimos en mujeres aterrorizadas, aisladas, calladas, evitamos conflictos, acabamos dependientes económica y emocionalmente de la única persona que pensamos que nos da ese afecto que necesitamos, y no nos damos cuenta que es nuestro agresor el único enemigo.

Nos cuestionamos a nosotras mismas, nos culpabilizamos, esperamos el cambio de nuestro “príncipe azul, nos quedamos sin autoestima, sentimos vergüenza, pensamos que no servimos para nada y que sin él no seremos nada. Sentimos la necesidad de dependencia. La necesidad de complacerlo en cada gesto, en todo y para todo.

Nos sentimos perdidas, solas y desprotegidas, con el amor propio perdido en algún lugar y momento olvidados en el tiempo. El agresor ejerce la violencia física o verbal diciéndonos: lo hago “porque te quiero” lo hago “por tu bien”, “me duele más que a ti”.

Nada puede frenar la tristeza que después de todo ese maltrato aún digan: Te amo.

Nada frena esa violencia. El problema se propaga del ámbito privado al dominio público. Deja ser problema de dos y se convierte en un problema social y político. Necesitamos fuertes medidas preventivas y sancionadoras para aniquilar el esquema cultural que lo provoca.

Aunque también las mujeres maltratan, la proporción es inmensamente desproporcionada: en España, 93% de las víctimas son mujeres y sólo 7% son hombres. Cada cinco días una mujer española es asesinada por su compañero o ex-compañero.

La violencia machista es un fracaso en nuestra sociedad, el gobierno tiene la responsabilidad de impulsar cambios que tengan en su horizonte el camino hacia la igualdad de género. La dignidad de las mujeres, ciudadanas de pleno derecho, se degrada frente a una sociedad patriarcal que antepone y somete la propiedad en la relación. Faltan herramientas y justicia para poder construir esa igualdad.

“Perdóname por que te quiero”, en vez de decir “Me perdonas porque me quieres”.
El maltrato es maltrato hasta en el acto de pedir perdón.

¿Qué duele más el insulto, la vejación, la amenaza, el golpe o el que te pidan perdón? Tal vez pueda incluso doler más el perdonar una y otra vez, ¿no creen? Ese es el mayor dolor hacia una misma. Agachas tu cabeza por miedo y Él se convierte en amo y señor. Hay que hacer lo que él diga, lo que necesite, prohiba, mande o exija.

Frases destructoras que deberían erradicarse
  • No vales nada, no haces nada, eres una muerta de hambre.
  • Te callas hasta que yo te lo diga, no hables sin mi permiso.
  • Así aprenderás para otra vez, aprende y todo irá bien, aquí se hace lo que yo digo.
  • Si te hubieses callado no hubiese pasado, ha sido tu culpa, tú me obligaste, te lo mereces.
  • No me des motivos.
  • Sin mí no serás nadie, no serás nada, te quedarás sola.
  • Ellos no te valoran lo que yo, ellos no te quieren como yo, ellos te engañan.
  • Perdóname, no volverá a pasar, se me fue de las manos, tú me hiciste enfadar.
  • Amor te quiero, amor no pienses, perdóname no volverá a pasar, eres mi vida.
  • Yo te cuido, sin ti no soy nada, cariño no me dejes, o…

Perdonadme pero por hoy ya basta. Lo dejo aquí, no puedo más. Es un tema que me retuerce el alma y las entrañas. Me voy a dormir, preguntándome si el miedo puede más que cualquier golpe, y el golpe puede más que el amor.

Pensáis que si a golpes nos enseñáis, a golpes aprenderemos.
Pensáis que si a golpes nos amáis, a golpes os amaremos.
Ningún ser humano que ama a su pareja, podría levantar el puño para hacerle daño, al igual que ningún ser humano debería tener miedo del puño de quien ama.

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