No son mujeres, son mercancía

Si de algo me siento autorizado y preparado para hablar es de mercancías. Como estibador  en el puerto de Valencia las he tocado de todo tipo y de todos los colores. Líquidas, sólidas, gaseosas, grandes, pequeñas, rodadas, peligrosas, explosivas… Mercancías al fin y al cabo.

Hace casi dos años que estalló el conflicto de la estiba, parece que han pasado dos días. Será que me va la marcha, momentos en que todo el mundo sabía lo que era un estibador aunque es posible que jamás hubiese escuchado esa palabra. Se decía que básicamente éramos trabajadores que nos dedicamos a tocar botones y a cobrar como alemanes. Se me ocurren muchas fórmulas para cobrar como un alemán, pero ninguna es la de que mi vecino tenga las mismas condiciones lamentables que quizá tenga yo en mi empresa. Debo ser raro, ya os digo, quizá solo sé de mercancías. 

Como comentaba anteriormente, he trabajado con todo tipo de mercancías, pero entre ellas nunca una mujer. Quizá importe poco que solo en Valencia trabajen en el puerto mas de quinientas mujeres actualmente, por supuesto en igualdad laboral y salarial. Con una baja por maternidad desde la primera semana, por ejemplo.

El gobierno y la prensa afín vio un filón con la mujer, tantas veces vanalizada su causa, qué más daba una más, ahora había mucho dinero en juego y había que jugar. Aprovechando que en algún puerto no trabajaba ninguna mujer, -como si los estibadores firmásemos el contrato del personal y no la empresa- intentaron convertir esa excepción en la regla. Esto quizá les pone los pelos de punta. Digo yo, que solo sé de mercancías, no lo sé. 

La carnaza estaba servida, la maquinaria estaba en marcha, y como sé de lo que hablo, el gobierno feminista del PP con el apoyo de Cs estaba realmente preocupado por este asunto. Partidos con grandes referentes feministas como puede ser la Señora Ana Patricia Botín, autodeclarada feminista de pro, feminismo del bueno, del que firma desahucios a madres solteras con tres hijos al cargo por ejemplo. Eso debe ser feminismo, el de verdad, por el que abogan personajes como Cristina Seguí.

Con la irrupción de VOX, el mercadeo no iba a ser menos, con la derogación de la ley de violencia de género por bandera, otra vez mercadeamos con la mujer, o no -según ellos-, porque los terribles números de mujeres asesinadas a manos de hombres igual no son suficiente pretexto para ello, porque si los comparamos a la inversa, se nos debería caer la cara de vergüenza como sociedad.

Quizá por eso aquella campaña con la mujer como bandera, que jurasen y perjurasen que en nuestros puertos no trabajaban mujeres era básicamente porque les dan absolutamente igual, para ellos no son más que números, pura mercancía, sin destino ni origen.

En aquellos días, tras el primer triunfo de la estiba después de tumbar el Real Decreto Ley, dijo Rajoy que cierto partido no había actuado como partido de estado, que había traicionado a la patria, y no, la estiba había ganado una batalla, en la calle y en el muelle se ganó. La guerra se ganará ahí, donde se deciden las cosas importantes, las de verdad y ahí, es dónde también se debe visibilizar la mujer, porque ya no son mercancía no, son revolución. A por ello. #NiUnPasoAtras. 

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