Los partidos del cambio rumbo al 26 Mayo

El populismo en España, como herramienta de comunicación política, dejó de ser una herramienta exclusiva de Podemos. Sus adversarios descubrieron como hacerle frente y tanto el partido morado como sus confluencias han iniciado un descenso progresivo en sus apoyos según marcan las encuestas.

La crisis de régimen sigue abierta; las instituciones se muestran incapaces de agregar las nuevas demandas sociales; el inicio de un proceso constituyente se aleja más allá de lo que permite ver el horizonte, mientras la posibilidad de que este momento histórico se cierre de manera autoritaria va tomando forma.

Inspirados en el artículo de CRÍTICLes esquerres després de Vox, de Le Pen i de Salvini: com fer front a l’extrema dreta?” (“Las izquierdas después de Vox, Le Pen y Salvini: ¿cómo hacer frente a la extrema derecha?”), decidimos tratar de averiguar más sobre Unidos Podemos y las distintas confluencias del cambio, en aras de retomar la centralidad en el debate público.

Hace cinco años, el 25 de mayo de 2014, irrumpió Podemos por sorpresa, una nueva fuerza política catalizaba gran parte del voto de la indignación, un voto contra el establishment gestor de la crisis que estalló los años 2007/08 y barría el pacto social de la transición. El Estado del bienestar, la red que debía salvar a la ciudadanía de caer al vacío se subastaba en los mercados financieros.

Las próximas elecciones municipales del 26 de mayo serán fundamentales para el futuro de las fuerzas de progreso y su supervivencia. Volver a ganar las alcaldías de Barcelona, Madrid y demás ciudades del cambio será una tarea realmente difícil en el cambiante tablero político español, así lo avanzaron las elecciones andaluzas, las primeras de un nuevo ciclo electoral que en un momento culminarán en 2020, cuando se celebre las elecciones generales.

Nos ponemos en contacto con cuatro expertos analistas en comunicación política: María Corrales (periodista y responsable de discurso de En Comú Podem en el Congreso de los Diputados), Alejandro Pérez (politólogo y responsable de discurso de Unidos Podemos en el Senado), David Comas (politólogo y analista político) y Teresa Durán (antropóloga y responsable de la Secretaría Política de la UJCe de Andalucía). No superan los 30 años de edad, pero ya han demostrado conocer y dominar el escenario actual y la guerra de relatos que lo acompaña.

Les realizamos dos preguntamos para que nos den a conocer su visión del nuevo escenario político que se está abriendo: 1) ¿Cómo cree que los partidos del cambio deberán afrontar las próximas elecciones municipales para, como mínimo, poder repetir resultados?; 2) ¿Es posible generar un discurso común sobre la organización territorial de España por parte de los partidos del cambio? ¿Cuáles deberían ser los elementos comunes?

María Corrales (@m_corrales_)

“Superar la cuestión de que ya no somos el partido de cambio con novedades como el nombre o nuevos perfiles entroncados con el modelo de ciudad”.

1) Estas son unas elecciones complicadas para el cambio político, no solo por un contexto desfavorable en términos de desmovolización de nuestro electorado y gran movilización de los actores de la derecha que están dominando la agenda y la escena mediática, sino porque ya no puede opera la matriz cambio sino la de continuidad.

En mi opinión, para recuperar un agluitante, el paraguas electoral debe ser lo más amplio posible para intentar superar la cuestión de que ya no somos el partido de cambio con novedades como el nombre o nuevos perfiles entroncados con el modelo de ciudad. En este sentido, el hecho de que sean unas elecciones de continuidad y, en todo caso, de extensión del cambio, no nos tiene que hacer olvidar la máxima: la necesidad de un antagonista que no puede vincularse únicamente a la resistencia contra la extrema derecha, hecho que capitalizaría fácilmente y mejor el PSOE como se vio en Andalucía.

“Defender España es garantizar una patria segura para todo el mundo, también para las mujeres y las personas emigradas que hoy la extrema derecha amenaza en expulsar del país”.

2) A veces existe cierta tendencia en pensar que el problema del espacio del cambio entorno a la cuestión territorial tiene que ver con la falta que tenemos de un proyecto acabado o definido, es decir, por qué modelo de confederalidad o federalismo apostamos. Sin embargo, el desarrollo de los acontecimientos a partir del peor contexto de la crisis catalana en otoño de 2017 nos dice que la respuesta en el resto del Estado tiene más que ver con el agravio al orgullo nacional de una idea de España monopolizada por la derecha. Lo que reflejan los discursos de VOX con su apelación al regeneracionismo o la reconquista es que existe una idea de que España tal y como la conocemos está en decadencia. Un discurso que la derecha disputa desde el marco trumpista repetido por Abascal de: hacer a España grande otra vez.

En este sentido, a mi entender, la respuesta de la izquierda debe ser la de apelar desde la pasión y no desde la idea de que planteando una gran propuesta territorial la gente va a quitar racionalmente las banderas de sus balcones. Hay que recuperar el discurso soberanista que VOX, por ser un partido que finalmente defiendo los mismos intereses de los privilegiados, no se atreve a hacer y con el que Podemos nació.

Demostrar que defender España no tiene nada que ver con la migración, los catalanes o las feministas, si no con garantizar una patria segura para todo el mundo, también para las mujeres y las personas emigradas que hoy la extrema derecha amenaza en expulsar del país. Asimismo, desde el eje abajo arriba, hay toda una multitud de frentes en relación a la plurinacionalidad que se pueden explorar, como por ejemplo que centralizar competencias es, y ha sido siempre para el PP, una manera de recortar derechos porque son las CCAA las que finalmente tienen las competencias sobre el Estado del Bienestar.

Descentralizar es democratizar, pero no como suma de las partes, sino con un pegamento que es el de la comunidad nacional al que hay que darle nuevos atributos que restituyan el orgullo de pertenecer a dicho colectivo.

En ese sentido, hay que dejar de entender el problema catalán como algo circunscrito a Cataluña y hay que darle una explicación mejor que la de la derecha que nos dice que el problema ha sido el autogobierno y la permisividad. El problema se llama régimen del 78 en descomposición, y la tarea es recuperar el pacto y el acuerdo social desde una idea de comunidad más atractiva de la que se ofrece a un lado y al otro.

Alejandro Pérez (@alejperez_)

“Lo más deseable es que los distintos partidos sean capaces de construir candidaturas ciudadanistas y populares superadoras de las dinámicas de aparatos de partidos”.

1) Los partidos del cambio son herramientas al servicio de la gente. Por lo tanto, lo más deseable es que los distintos partidos sean capaces de construir candidaturas ciudadanistas y populares superadoras de las dinámicas de aparatos de partidos, desde una unidad ciudadana que sea capaz de incorporar a personas de la sociedad civil (movimiento vecinal, cuadros de la administración y movimientos sociales). Para afrontar con garantías las elecciones de 2019 y ampliar el cambio de las grandes ciudades al conjunto del país creo que es necesario por un lado ser capaces de dar ejemplo con todo lo conseguido hasta ahora y, por el otro, ser capaces de impulsar la segunda oleada del cambio reconstruyendo narrativas ancladas a las realidades locales y municipales de cada ciudad y pueblo.

“Un significante como “Patria Grande”, donde cabrían todas las naciones puede ser un buen pegamento”.

2) En mi opinión, creo que hay un proyecto democrático de España que es capaz de ser incorporado por el conjunto de territorios y naciones que componen España. Un significante como “Patria Grande“, donde cabrían todas las naciones puede ser un buen pegamento para empezar a dibujar un proyecto compartido de país donde se disputa España a la derecha y democracia al independentismo.

David Comas (@DComas89)

“Se necesita un cierto arraigo social en el municipio, un liderazgo local reconocido, capaz de levantar la bandera de las principales luchas vecinales, y cierta audacia para redirigir el debate comunicativo hacia cuestiones de ámbito local”.

1) Ante una disputa política y discursiva aparentemente desfavorable en el ámbito estatal, el aterrizaje de las campañas sobre ejes y temáticas de ámbito local puede ayudar a disuadir el efecto desmovilizador que están teniendo factores directamente relacionados a la política estatal. Es un problema centralmente práctico: desde la mayoría de los municipios no se tiene la capacidad de interactuar con relevancia en estas disputas estatales de manera significativa, pero sí en los debates que afectan al ámbito local.

Esto no consiste solamente de hablar sobre lo concreto, sino de la capacidad de encadenar estas problemáticas (¡y sobre todo las soluciones!) de ámbito local en una suerte de “identidad municipal”, capaz de formar una alternativa vecinal que proyecte certezas y un horizonte de futuro para el municipio. Una visión municipalista cargada de los valores democráticos y progresistas propios del espacio del cambio, pero narrados desde el aterrizaje en el debate público sobre cuestiones de ámbito municipal.

Para lograrlo se necesita un cierto arraigo social en el municipio, un liderazgo local reconocido, capaz de levantar la bandera de las principales luchas vecinales, y cierta audacia para redirigir el debate comunicativo hacia cuestiones de ámbito local.

“Es posible que pudiéramos empezar diciendo que el problema territorial de España son el 3% catalán, la Gürtel en Madrid y Valencia, los ERES en Andalucía y el narcotráfico gallego. Ejemplos vivos de la fagocitación de las autonomías por las élites”.

2) Creo que es posible, pero que hay que tener en cuenta factores coyunturales y estructurales que condicionan la potencialidad de un relato para penetrar entre la población.

Los coyunturales dependen del momento político, esto es, de qué está determinando el debate público en un periodo determinado de tiempo. Un relato puede ser más débil en alguno de sus aspectos sin que nos pase demasiada factura cuando el centro de la actividad política está en cuestiones favorables para el imaginario progresista. Sin embargo, esto es temporal y deja de funcionar cuando el “clima político” cambia. En primer lugar, porque se exige a los representantes a posicionarse sobre los cabos sueltos de su relato. En segundo lugar, porque saca a la luz cuestiones no resueltas dentro de un mismo espacio político, que generalmente se resuelven de manera drástica (Cismas, escisiones, expulsiones…).

Los estructurales tratan sobre el abordaje integral del paradigma. ¿Ha construido el espacio del cambio una explicación solvente sobre la cuestión territorial desde coordenadas progresistas? Y no hablamos sólo de la propuesta, sino una visión propia desde la que acercarse a la cuestión territorial. Por ejemplo, VOX define las autonomías como un problema y, en consecuencia, exige la centralización.

Tal vez nos falta un paradigma convincente desde nuestras coordenadas. Es posible que pudiéramos empezar diciendo que el problema territorial de España son el 3% catalán, la Gürtel en Madrid y Valencia, los ERES en Andalucía y el narcotráfico gallego. Ejemplos vivos de la fagocitación de las autonomías por las élites (tanto de partidos estatales como nacionalistas) y la ruptura, por los hechos, del pacto territorial de la Transición, dejando fuera el marco de la competición entre naciones. De esta manera, la consecuencia más lógica ya no sólo sería la plurinacionalidad, sino ligar lo territorial a demandas del cambio político como la transparencia y la profundización democrática.

De todas maneras, lo territorial en España exige un abordaje riguroso multilateral. Hay profundas raíces económicas, sociales y culturales que deben ser tenidas en cuenta para la construcción de una estrategia efectiva para construir una mayoría capaz de liderar transformaciones en España.

Teresa Durán (@autoume_rouge)

“La cuestión fundamental sigue siendo el qué y el cómo del acuerdo programático”.

1) Es una tarea compleja bajo la actual coyuntura. Aunque cierto “efecto alarma” por la irrupción y mediatización de nuevas y fascistizantes versiones de la ultraderecha puede ayudar, la cuestión fundamental sigue siendo el qué y el cómo del acuerdo programático.

Me refiero a la necesidad de un programa de mínimos focalizado en la imposibilidad materialidad que atravesamos las trabajadoras. Pero sobre todo, apoyar dicha alianza en la determinación de las limitaciones del marco institucional y la gestión política, incluso para arrancar mínimas reformas socialdemócratas (hoy imposibles e insostenibles). Es preciso ampliar la base social de éstas para lo inmediato y generar, prioritariamente, núcleos de contra-poder que sean capaces de dar respaldo o superar dicho programa poniendo al desnudo y contra las cuerdas al Régimen, también desde lo municipal. Hablamos de una red que solo es posible desde la auto-organización de la clase trabajadora, tarea que requiere de otros ritmos y ámbitos prioritarios.

“Ser firme en su posición de ruptura hacia un modelo republicano y plurinacional, con carácter anti-monopolista y anti-imperialista para poder poner en el centro la soberanía de las trabajadoras”.

2) Hay que distinguir entre lo posible desde el encuentro de líneas políticas y lo necesario. En lo primero podemos partir del reconocimiento a la realidad plurinacionalidad de España, de una defensa soberanista de los intereses de una mayoría social trabajadora y un carácter decididamente feminista.

Pero para que esto sea posible, y para hablar de configuración territorial, debemos hacerlo necesariamente de modelo de estado desde la superación del régimen político, y fundamentalmente de reparto y desarrollo productivo en un marco neoliberal, dominado por los grandes monopolios y bajo un modelo productivo débil y orientado a servicios.

La apuesta debe reconocer las limitaciones y ser firme en su posición de ruptura hacia un modelo republicano y plurinacional, con carácter anti-monopolista y anti-imperialista para poder poner en el centro la soberanía de las trabajadoras. Esto se traduce también en posición de ruptura con la UE y un desarrollo industrial que busque superar inequidades entre territorios.

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