Otoño en Madrid

Otoño.

La estación más bonita (si el frío no se adelanta y la lluvia nos respeta), en Madrid.

Un paseo por el parque del Retiro nos va a permitir acceder en primer lugar al Palacio de Cristal, a continuación me acompañarán al de Velázquez (nombre del arquitecto del XIX, nada que ver con el ilustre pintor), ambos gestionados y dependientes del Reina Sofía, y posteriormente a la Casa de Vacas (en el mismo lugar donde se ubicaba la misma, de ahí su nombre, como establo destinado a proveer el palacio de “nuestro señor” Felipe IV).

Comenzamos por el Palacio de Cristal.

Hassan Khan. Las llaves del reino

El texto del propio Hassan Khan (todo junto como él lo ha querido para resultar todavía más impactante):

La imagen que acompaña este texto es una reproducción en 3D generada por ordenador de una mesa que vi en el Museo del Romanticismo en la tercera vista que hice a Madrid con vistas a preparar la presente exposición. Me puso furioso, y por un momento estuve tentado de coger la mesa y colocarla sola en medio del Palacio de Cristal. Aunque con ello no bastaba, la mesa se convirtió en la clave de una exposición sobre llaves. Observen la réplica impresa digitalmente: es al mismo tiempo grotesca y sublime. Observen como convierte a la persona representada en algo monstruoso y sin humanidad. Como ejerce la violencia al retorcerle el pescuezo y exagerar sus rasgos para usarlos como soporte del tablero de madera. Por favor, fíjense en como mezcla contorsiones brutales e inhumanas con elegancia y refinamiento para generar un efecto grotesco. Fíjense en como el tablero parece suspendido como por arte de magia, es sublime. Es como si flotara, porque la figura esculpida del esclavo cabeza abajo que sustenta la estructura de caoba esmaltada en oro es la manifestación autentica de condiciones reales. La imagen del esclavo es real porque ofrece una clave para entender cómo funciona el sistema. Las contorsiones físicas, violentas y deshumanizadoras de la gente esclavizada y forzada a trabajar produjo para algunos riqueza, poder y lo que llamaban belleza. Pero también se cosecharon emociones fuertes. El odio que profesas a los dominados. Una idea de tu derecho racial. Una rabia intensa que viene a suplir lo que no tienes. El deseo de proteger lo que consideras valioso. El miedo a perder lo que es tuyo. La envidia de aquellos gracias a los cuales acumulas valor. Yo, el artista, usando este medio como parte de mi trabajo en esta exposición he escrito este texto.”

Yo creo que el artista egipcio busca la relación entre el actual populismo, los gustos, y lo sencillamente grotesco. Incluso me atrevería a afirmar que el propio marco del palacio juega en este sentido con las absurdas banderas.

En el Palacio de Velázquez:

Mario Merz (1925-2003).

Parece que se trata de la mayor retrospectiva hasta la fecha realizada en nuestro país sobre su obra.

Partícipe del arte Povera, y al que pese a ser uno de los referentes artísticos europeos de la segunda mitad del siglo XX, yo lamento considerar con sinceridad y también con cierto rubor que para mí está enormemente sobrevalorado, así como que creo resulta uno de los exponentes más claros del papanatismo imperante en muchas de las instalaciones que presenciamos y en el camelo en que en general, está derivando el arte moderno.

Quizás estemos ya un poco gagá, pero hasta que tengamos la fortuna de toparnos con un hallazgo que realmente nos conmueva, hemos de poner por obligación en numerosos museos y galerías cara de estudiosos delante de fluorescentes tumbados, anárquicas cajas de zapatos, materiales de desecho, picaportes, clavos oxidados o maullidos de gatos que en realidad, nada nos dicen.

Mi absoluto respeto por otra parte, como no puede ser de otro modo, ante la admirable trayectoria personal de Mario Mertz, antifascista encarcelado y represaliado a finales de la segunda guerra mundial, y al que sobre todo a partir de mayo del 68 parece tocarle ese desgraciado abandono del leninismo de muchos intelectuales marxistas que lleva a cada cual a mostrar su rechazo al capitalismo, y a las corrientes imperantes del consumismo desaforado y sin sentido con elucubraciones que a su vez, no conmueven a nadie, o a casi nadie, salvo al propio artista que lógicamente, en sus duros momentos de prisión, bien pudo legítimamente filosofar y encontrar trascendente el simple envoltorio de un bocadillo, los restos de un ladrillo, un cartón usado, una ramita o un simple trozo de arcilla.

Dicho lo cual, y suplicando las disculpas de aquellos de nuestros lectores que no compartan la anterior opinión que como críticos y por respeto a ustedes estamos por otra parte obligados a manifestar, les presentamos en primer lugar sus icónicos iglús:

¿Y?

Pues vale.

Con sinceridad, no soy capaz de encontrarle el sentido.

El rinoceronte es muy probable que acabe por desgracia extinguiéndose, pese al fluorescente que parece querer protegerle.

Quizás lo único que agradecí de la exposición, esta referencia a los derechos humanos resaltada entre ingentes pilas de periódicos absolutamente inundados en su mayor parte y en algunos casos desde sus mismas portadas con noticias absolutamente banales.

La gabardina crucificada tampoco nos dijo nada.

Seguro que esta obra sobre las ramas secas ya la habían visto antes en algún reportaje.

La Casa de Vacas la vamos a dejar para el próximo artículo.

Salud y trabajo.

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