El coronavirus hace elegir a los gobiernos entre el capital o las personas

La actual crisis sanitaria está dejando un contexto difícil para muchas personas. Se oyen voces que afirman que nunca antes un gobierno se había visto en una situación similar. Muchos otros lo usan para justificar la ineficacia en la gestión de la mayoría de los gobiernos.

No se trata solo de una crisis sanitaria. La crisis sanitaria ha sido la pieza de dominó que ha hecho caer a las otras. Al igual que hace unos años lo fue la crisis económica.

La sociedad vive en una época en la que parece que a algunos les produce alergia etiquetarse políticamente en izquierda o derecha. Se suavizan o adaptan conceptos, para que algunas ideologías o discursos parezcan más moderados, asumibles.

Al final todo se puede simplificar, basta con fijarse en las medidas que toman cuando realmente se encuentran una situación difícil. No importa la riqueza económica de la que disponga un país determinado, sino mas bien de la riqueza humana que posean sus gestores.

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Y en eso, la situación actual demuestra que han suspendido la mayoría de países. Se ha optado, una vez más por el capital, frente a las personas. Quizás aún no se vean sus consecuencias, pero en pocos meses la sociedad se dará cuenta que como con la crisis anterior, nos tocará pagar las consecuencias con intereses.

Porque el capitalismo es así, no descansa, no se confina, nunca deja de explotar infinitamente llos recursos que son finitos. Pero, ¿se pueden tomar, realmente, medidas efectivas? ¿O es imposible hacer política por y para el pueblo?

Estos días un vídeo que circula por las redes, exponiendo diferentes medidas que para paliar las consecuencias que está dejando la actual crisis sanitaria, ha creado debate.

El pueblo como eje

Suspensión de pagos

Una de las medidas económicas es la suspensión de pagos de diversas cuotas. Suspensión de pago de cuotas de energía eléctrica, de agua, de teléfono, de cable, de Internet. Estas suspensiones están pensadas para mantenerse durante tres meses.

También la suspensión del pago de crédito de las casas comerciales, como las compras de cualquier producto (televisores, frigoríficos, etcétera.). Suspensión de créditos de las ventas de vehículos.

Igualmente otra medida sería la congelación de los cobros de los créditos hipotecarios, de los créditos personales, de las tarjetas de crédito, de los créditos de capital de trabajo y emprendimientos. Estas medidas también están pensadas para tres meses.

Del mismo modo se incluiría la suspensión de los alquileres durante otros 3 meses.

Devolución sin intereses

Todos aquellos pagos que no se hayan realizado en esos tres meses, se devolverían en lo que resta del contrato, sin intereses y sin mora. El plazo mínimo en el que habría que diluir la cantidad que sumarían esos tres meses perdidos de pagos y cuotas, sería de dos años.

En esta medida estarían incluidas las pymes, restaurantes, pequeños comercios, las personas están en cuarentena, los enfermos, personas que se han quedado sin sueldo porque no han podido trabajar a raíz de esta situación.

Controlar la especulación

El capitalismo nunca deja de comer y por ello, saca rédito económico de cualquier situación, de cualquier contexto. Este no es un caso diferente.

En muchos sitios han empezado a denunciar que han visto incrementado el precio de ciertos productos. Están vendiendo productos más caros de lo que antes estaban, aprovechándose de la necesidad de la gente, o más bien dicho de la falsa libertad que da la regla de la oferta y la demanda.

Para intentar frenar este tipo de beneficios de la necesidad ajena, se proponen medidas cómo controlar el precio de la alimentación básica. Estableciendo por ejemplo, los precios para productos básicos como puede ser: el arroz, los huevos, la leche, etcétera. Para que así la población, pueda comprar sin que nadie abuse y sin que falten productos.

La regla mágica

Está claro que nadie posee la solución exacta a la ecuación. Igualmente está claro que algunos se acercan más, o que por lo menos a simple vista, parece que las posibles consecuencias futuras serán menos dolorosas para algunas sociedades.

De ello dependerá, el eje central escogido para sacar las medidas que proponga cada gobierno. Si las medidas que proponen los diferentes gobiernos se basan en salvar al capital, a las grandes empresas, la sociedad se verá abocada a un escenario similar, o peor, al que vivieron años atrás con la crisis económica.

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Pero en cambio, si las medidas se centran en las personas, en las necesidades que vayan a padecer a raíz de este contexto, se propondrán unas medidas efectivas que no empobrezcan al país. Porque a fin de cuentas, aunque sea el capital el que se lleva el beneficio económico, es la gente, los trabajadores, la clase obrera quien produce ese beneficio económico.

No tropecemos dos veces con la misma piedra

La anterior crisis, la económica dejó entrever muchas carencias en el sistema neoliberal. Le dio a la sociedad la oportunidad para aprender y para no volver a cometer los mismos errores en un futuro.

Ahora muchas sociedades se verán en una situación similar, puesto que muchos gobiernos están tomando medidas que favorecen al capital y no tienen cuenta, en muchas ocasiones, las necesidades económicas que también va a sufrir una gran parte del pueblo cuando acabe el confinamiento, y todo vuelva a la normalidad.

El dinero que se les ha prestado a diferentes países no es un regalo, es un préstamo y como todos los préstamos, se devuelve y con intereses. Se vio con la anterior crisis económica, cuando la deuda privada (el rescate a los bancos) se convirtió en pública.

Una deuda que todavía está pagando la sociedad. Aquella situación también trajo recortes en lo público. Ahora se han visto las carencias surgidas como consecuencia de esos recortes, un claro ejemplo es Madrid, donde más de la mitad de la Sanidad es privada.

Los prestamistas de aquella deuda, son los mismos que ahora están dejando dinero a los diversos gobiernos, para que hagan frente a este contexto. Lo que posibilita que el próximo contexto económico será el mismo que el de hace una década. Que sean los mismos (la clase trabajadora), los que acaben pagando los gastos generados (con intereses).

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O quizá, tan solo quizá, estas semanas de confinamiento, hayan servido de reflexión y la próxima vez que las personas salgan a la calle no vuelvan a entrar en casa hasta que sus gestores hagan lo que tienen que hacer.

Hacer política por y para el pueblo. Algo difícil en un sistema económico cuyo único objetivo es la obtención de beneficio, aunque ello suponga que sea a costa de la salud o de la vida de las personas que producen (aunque no disfruten) ese beneficio.

A la sociedad le queda la reflexión, toca elegir el tipo de país en el que quiere convivir, uno que prime personas o uno que prime el capital (sinónimo de desigualdad).

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