Crónicas de confinamiento por el coronavirus. Humanidad

Anoche me fui a dormir con todo lo de mi amigo en la cabeza, estaba muy enojada con la vida y con la gente en general, por ser tan soretes. Lo sigo pensando, pero ahora ya estoy más tranquila porque creo que van a encontrar algún alma solidaria que les tire un cable, aparte de que estamos moviendo cielo y tierra, claro está.

Acostada y antes de dormir me puse a revisar el WhatsApp a ver si me había quedado colgado algún chat. Efectivamente había colgado a mi profe de inglés, se suponía que íbamos a volver a retomar las clases en abril, pero como volví antes de Nepal y me encontré con la cuarentena, le había hablado para ver qué opinaba, y ya me dio el de empezar de nuevo.

Cada día que pasa tengo más cosas para hacer, relato, curso, inglés, proyectos, ejercicio, dieta, convivencia con los de la casa. Me encanta sentir que estoy haciendo cosas y estar ocupada, pero cuando me pongo a pensar me desplomo en pensamientos negativos, de que si todo lo que estoy haciendo está bien o no, si debería manejarme de otra manera o si debería parar con todo.

8:00

Me desperté, otro día más sin saber que soñé, pero con angustia y sin ganas de nada decidí volver a dormir, siempre que no me siento bien lo busco como forma de escape. Seguí durmiendo para darme otra oportunidad de levantarme con más ganas, no siempre funciona y no está bien escapar de lo que siento, pero bueno cada quien tiene sus propias defensas, su propias malas defensas.

10:00

Abrí los ojos mire la hora en el teléfono y pensé, “¡mierda, ahora sí que es tarde!“. Salí disparada de la cama, fui corriendo a la cocina, donde estaba mi amiga desayunando. Le pregunte cuánto hacía desde que se había levantado. Me dijo que hacía un ratito, respiré hondo y me puse a desayunar con ella.

Apareció el maldito bastardo con toda su energía matinal, a decirnos que iba a salir a comprar después del ejercicio, que lo ayudásemos con la lista. Hoy sí que nos faltan muchas cosas. El tema de salir a comprar lo manejamos de la siguiente manera: cada cinco días aproximadamente hacemos una gran lista y el maldito bastardo sale a comprar.

Solo sale él por dos motivos muy importantes, el primero porque es el que tiene más fuerza, y por ende puede traer más cosas, segundo porque es el que más salud tiene de los cuatro, yo soy la más joven y no tengo mala salud, pero él tiene una salud excelente.

11:00

Él se puso a hacer su rutina, yo me senté a trabajar un poco, tenía que editar el relato anterior, y ponerme a empezar a escribir este. Solo me dio tiempo de editar el anterior.

12:00

Hora del ejercicio, tocó rutina de pesas. El maldito bastardo hoy se pasó, de estar haciendo 8 repeticiones nos hizo pasar a 20 por ejercicio, mi cara de odio fue tal que él cabrón se empezó a partir de la risa.

Pudimos hacerla completa por suerte y con mucho esfuerzo. Después de conseguir volver a respirar con normalidad le pregunté, “¿por qué esa maldad de hacernos hacer tanto?“. Me contestó que “hoy de comer les hago patatas bravas con salchichas al vino, y salgo a comprar por lo que les toca postre, tienen que ganárselo”. En ese momento todo el sufrimiento cobró sentido.

13:00

Me puse a seguir trabajando, mi amiga se puso a limpiar. Le prometí que la iba a ayudar cuando terminara de adelantar trabajo mientras pensaba “a ver si el maldito bastardo vuelve rápido y comemos pronto porque tengo un hambre que me muero“. Quiero aclarar que después del ejercicio me comí un huevo, sin yema, y un puñadito de nueces, ya se terminaron los anacardos.

14:00

Las chicas se pusieron a limpiar y yo me puse a ver si podía terminar de ordenar la habitación, en esta casa vivía antes de irme a Londres y había dejado muchas cosas, no pensé que tantas pero sí, no me he dado cuenta de todas las mierditas que he acumulado en estos dos años.

Ahora hay que sumarle que no volví a la misma habitación, sino que me cambié a la de al lado, más las valijas a desarmar que tenía y que quise cambiar de lugar, me está costando más de lo que creí. Llevo tres días ordenando y siguen apareciendo cosas, he tirado tantas pelotudeces que en esta entrega de las Crónicas de confinamiento por el coronavirus no me alcanza para describirlas.

16:00

Las chicas terminaron y era mi turno de fregar el piso de toda la casa, porque de eso es de lo que me encargo cuando limpiamos a fondo. Terminamos y ahora sí era la hora de almorzar, ¡vamos carajo que la panza me hace tanto ruido que parece una guerra!

17:00

Nos sentamos a comer, las mejores patatas bravas que he comido en mi vida, acompañadas de salchichas al vino, el acompañamiento fue realmente delicioso, soy de Mendoza, el vino me encanta, nunca había comido salchichas al vino, y quizás no suena muy bien pero estaban de puta madre.

19:00

Estábamos por ponernos a ver nuestra serie de almuerzo, pero estaba hablando con mis dos mejores amigas por mensaje y aproveché para llamarlas por teléfono. ¡Me hizo tan bien hablar con ellas! Las extrañaba un montón, pero tuve que cortarles para ver los últimos dos capítulos de Élite, las chicas de casa me estaban esperando y me miraban con una cara como diciendo “o cortas el teléfono o te matamos”.

Tenían razón, todas las tardes Élite es nuestra cita. A mis amigas les dije que las llamaba mañana, al final estamos en cuarentena por lo que tenemos tiempo, y todavía tenemos muchas cosas que contarnos.

Me habló mi amigo el que se había quedado varado ayer y me dijo encontraron a una mujer que les da hospedaje hasta que termine la pandemia, esta misma tarde se mudan, me dio una tranquilidad inmensa, al final hay personas con humanidad.

20:00

Salimos a aplaudir, tiraron fuegos artificiales, nos quedamos anonadados y empezamos a aplaudir y a gritar con más fuerza, qué bonito es haber visto eso.

Hoy no hay cena porque tuvimos postre y me lo comí a las 19 de la tarde con la alegría de siempre, el azúcar sigue siendo mi droga, es increíble.

Un día más en cuarentena, un día menos para poder salir a la calle.

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