Unidas Podemos y el escenario post-coronavirus: seguir o no en el gobierno

El gobierno PSOE-UP ha sido el primer gobierno de coalición a nivel estatal de la historia de España, un país que se ha basado en un sistema de alternancia de gobiernos de los dos partidos tradicionales, a pesar de que esas coaliciones sí se han dado a nivel local y autonómico.

Los protagonistas

El PSOE renunció, en su momento, a elementos clave de su ideario político (su republicanismo o su obrerismo, por ejemplo), para satisfacer a los poderes fácticos, tanto dentro como fuera (financieros, económicos y políticos) del propio partido. Esos poderes han permitido el mantenimiento de las relaciones de poder dentro del estado, y eso ha impedido una clara ruptura con el tradicional sistema de relación de poderes del pasado.

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Otro problema de la coalición ha sido lo que Vicenç Navarro definió como la “renuncia del PSOE a su compromiso reformador del Estado, tanto en el tema social (con el abandono de las políticas que se enfrentaban a los poderes fácticos) como en el nacional”.

La llegada de Unidas Podemos al gobierno se enfrentó con toda clase de obstáculos y reticencias por parte de esos poderes fácticos, porque podría servir para redefinir esas relaciones sociales y de poder.

De ahí la constante campaña de desgaste y desprestigio de los medios de comunicación, controlados por el poder económico, y en las redes sociales, para socavar su credibilidad y eficacia. Y también para minar la labor del gobierno de coalición, con un PSOE más “izquierdoso” de lo que estábamos acostumbrados.

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Desde su nacimiento, UP ha sido vista como una amenaza para la visión de España que tienen esos sectores. Una visión que no se inspira en el bien común de la ciudadanía, sino en el interés propio. Aunque se disfrace de patriotismo exacerbado conviene recordar que el dinero no tiene nacionalidad.

Sin embargo, parecía que UP podía suplir esas carencias de su socio de gobierno y hacer avanzar las políticas que muchos sectores sociales aspiraban a ver realizadas.

Muchas cosas se han hecho bien durante el período de “tranquilidad” que antecedió a la tormenta del coronavirus (me niego a usar el lenguaje belicista que están usando muchos para justificar sus llamamientos a la guerra).

La mayoría de las medidas sociales que este gobierno ha puesto en marcha, no muchas, no con la extensión que querríamos y no siempre bien aplicadas, se han iniciado gracias a las presiones de UP sobre su socio de gobierno. Y es bien cierto que, con la llegada de la crisis actual, muchas de las medidas adoptadas y aplaudidas tienen el sello de UP.

Pero la crisis del coronavirus ha alterado todo posible escenario de futuro.

El escenario de futuro para Unidas Podemos

La crisis del coronavirus está creando el escenario para la tormenta perfecta que llegará cuando pase la crisis sanitaria y se instale la crisis económica y social. Ese escenario servirá para justificar medidas que serán profundamente antisociales, igual que se hizo durante la crisis de 2008: recortes en bienestar social, en derechos, en libertades.

Lo que va a plantearse ahora es un asalto más a las estructuras de las relaciones sociales (ya muy debilitadas), siempre a favor del sector que mantiene las riendas del poder: el capital.

El actual discurso de las instituciones está destinado a generar el miedo y la incertidumbre en las clases más desfavorecidas, para que sea más fácil depredar sus derechos. Las medidas que se presentarán vendrán vestidas, como siempre, con un discurso de violencia y miedo, de represión policial y económica, por lo que pueda pasarnos si no aceptamos esa “reestructuración” social. Y eso sólo significará el sacrificio de muchos, de los de siempre.

Es en este escenario en el que UP debe posicionarse, como sector mayoritario y aglutinador de la izquierda española. El escenario se basa en dos premisas.

Mantener la coalición de gobierno y justificar las medidas antisociales que se adopten

Ya hemos dicho que este gobierno ha hecho algunas cosas bien. Pero también hay algunas cosas (pre-crisis del coronavirus), como los aplausos al rey o aceptar una derogación parcial de la reforma laboral, las ha justificado como tragos desagradables pero inevitables, para seguir avanzando y alcanzar así sus propios objetivos. Es decir, intentar conseguir esos objetivos de justicia social a través de la aceptación de algunas de esas medidas y no mediante su bloqueo total.

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Pero, dentro de poco, cuando la Unión Europea anuncie la próxima reforma laboral, bancaria o fiscal que debe servir para salir de la nueva crisis económica, y el PSOE agache la cabeza, como siempre, UP deberá decidir qué hacer. Si mantiene el discurso del “sacrificio necesario” (de los de siempre) para alcanzar una posible salida de la crisis, dejando detrás a los que no puedan llegar; o si vuelve a las barricadas, abriendo una nueva esperanza de futuro para la sociedad.

La esperanza, en este escenario, es que la presencia de UP en el gobierno de coalición sirva para refrenar (en la medida de lo posible) las consecuencias de esos recortes. Pero eso también puede provocar que UP quede totalmente desfigurada, que pierda su capacidad de reacción y su apoyo social.

Salir del gobierno y propiciar unas elecciones anticipadas

El segundo escenario es más complejo. Una vez que pase la crisis sanitaria, salir del gobierno y propiciar unas elecciones anticipadas, en las que hacer valer la calidad de su acción de gobierno antes y, especialmente, durante la crisis sanitaria. Es decir, salir del gobierno de coalición para intentar bloquear las contradicciones sociales que supondrá la nueva crisis económica.

El escenario post-crisis sanitaria servirá para un nuevo refuerzo de las relaciones de clase a favor del capitalismo, como siempre ha sucedido. Por eso, es necesario que los movimientos progresistas del país se unan para compartir un programa mínimo común, dejando de lado tensiones anteriores, con una clara agenda de movilizaciones sociales que evite lo que pasó desde 2008.

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Sobre todo, debe evitarse que el miedo al futuro paralice la contestación social desde todos los sectores (políticos, asociacionistas, sindicales, etc.). Es imprescindible evitar que se cometan los mismos errores del pasado. Y ahí es donde UP puede mostrar su valía.

Las movilizaciones ya han comenzado. Lo vimos durante la cacerolada que la ciudadanía dedicó al rey durante su discurso del 18 de marzo. Eso puede haber marcado el inicio de algo importante. Pero debemos ir más allá y retomar las movilizaciones en las calles.

Cuando la ciudadanía salga a la calle a defender el próximo recorte en sanidad, en educación, en derechos, en libertades o contra la reforma laboral que se avecina, UP debe decidir en qué lado de la calle quiere estar.

El futuro post-coronavirus

Tras el coronavirus la sociedad global ya no va a ser lo que era, y eso está provocando una gran incertidumbre, que algunos aprovecharán con sus discursos apocalípticos para seguir controlando las riendas del poder.

Hemos redescubierto la importancia de defender lo que es nuestro, lo público. El ejemplo lo hemos tenido con la sanidad pública. ¿Podemos arriesgarnos a otro recorte de nuestro Estado del Bienestar? Si no queremos que esto vuelva a pasarnos, debemos prepararnos para defender nuestros derechos en la calle. Y ahí es donde UP debe decidir si quiere estar o no.

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