Corbyn después de Corbyn, ¿el relato de un ensayo?

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Jeremy Corbyn ya es historia. No lo dice este articulista, lo confirman los números, los resultados que han dado la victoria al centrista Keir Starmer.

Una manera directa y sincera, a su manera de entender la sinceridad, de presentar la derrota de Corbyn -que no la victoria de Starmer- nos la presenta la columnista de The Guardian, Andy Beckett:

Duramente derrotado (Corbyn) en unas elecciones generales. Desestimado por su irrelevancia política y criticado incluso por haber puesto en duda la manipulación inepta del gobierno Johnson respecto a la crisis de la covid-19, Corbyn probablemente tiene menos reputación que en cualquier otro momento“.

Continúa Beckett con un breve resumen sobre el fracaso político del corbynismo:

El partido de Corbyn tenía energías políticas, innovadoras, y a veces, tenía mucha autoridad moral. Ya a pesar de su fuerza política, su trabajo no representó ningún nuevo apoyo significativo que abriera los ojos a los electores respecto a las grandes crisis sociales, económicas y ambientales que han provocado los sucesivos gobiernos conservadores“.

>>O Labour o Brexit: Corbyn llega demasiado tarde<<

Y esta misma columnista resume a su manera la función política del corbynismo:

El corbynismo fue, y es principalmente, una corriente política que quería abordar las emergencias: la denunciados del sistema capitalista moderno, los daños causados por la austeridad, y los efectos que está provocando la crisis climática“.

Este podría ser un breve resumen sobre lo que ha supuesto el mandato de Corbyn en el Labour. Aunque hay más puntos de vista, más detallados.

La investigadora y estudiante de doctorado en el Instituto de Investigación de Economía Política de Sheffield, Christine Berry, en el artículo The making of a movement. Who’s shaping corbynism? profundiza en la idea política y intelectual del corbynismo, quizás resume con mucho más detalle aquello que es y que ha sido Corbyn para la izquierda británica:

Aquellos que señalan la plataforma política del Corbynismo como irregular y frágil, por debajo de sus compromisos políticos, o que hasta ahora no ha logrado reinventar integralmente la socialdemocracia del siglo XXI, tienen razón, pero están desviando la atención. De hecho, sería sorprendente si fuera de otra manera. El corbynismo no tiene una infraestructura intelectual aún preparada… Ha tenido que construir una a medida que avanza, y su génesis caótica, perseguido por la guerra interna de Labour, apenas ha sido un ambiente propicio para hacerlo“.

Queda claro que el proyecto Corbyn carece de estructuras de apoyo que son vitales para su éxito. Esto lleva a una serie de problemas interconectados: falta de recursos para el desarrollo de políticas; una fuerte dependencia de un número relativamente pequeño de personal que a menudo es bastante nuevo en este mundo; una escasez de partidarios de peso pesado para defender políticas en los medios o de opositores políticos. Tres áreas en particular están preparadas para crear nuevas ideas y nuevas estructuras: la intelectual (centros de estudios y académicos), la basada en el movimiento (activistas y organizadores de base) y la interna (el propio personal de políticas)“.

En el momento en que Berry escribía este artículo Corbyn ya había sufrido su primera derrota en las elecciones que disputó contra May. Corbyn ya no es el líder laborista pero en este artículo se impone una pregunta: ¿el corbynismo sin Corbyn es factible?

Ante todo hay que volver a anteponer los números para tocar con los pies en el suelo; Starmer ha ganado cómodamente las elecciones internas (56,2%) a muy poca distancia de los resultados que obtuvo Tony Blair (57%) en el proceso de elección interna en el año 94, en sus años de oro. Aunque por debajo, ambos, de los resultados que consiguió sacar Corbyn en 2015 (59,5%).

Corbyn y su movimiento de apoyo, Momentum, han conseguido crear una oleada de gente joven dispuesta a implicarse en sus comunidades -la estrategia de su movimiento pasa por conseguir influencia en las municipalidades de todo el país-.

Ha tenido un éxito rotundo en su capacidad de motivar miles de jóvenes en “la nueva política“, lo que más bien parece un milagro.

La candidata de Corbyn en estas pasada primarias en el Labour, Rebecca Long-Bailey ha obtenido un nada despreciable 27,6% de los votos. Pero su precipitada elección, la de Long-Bailey, como candidata a liderar del Labou Party, sin la preparación ni la experiencia que tiene Starmer, seguramente han llevado al corbynismo a la derrota.

De puertas a fuera, el corbynismo no pasa por tener un gran prestigio, especialmente entre la opinión pública. Tampoco le ayuda la publicación por parte de la empresa de estadísticas Yougov respecto a la opinión que tiene el electorado laborista sobre el estado del Labour con la llegada de Corbyn: el 35% de sus votantes cambiaron su voto debido a la irrupción de Corbyn. Esta es la principal razón del abandono de cierto electorado moderado que apoyaba el laborismo.

De todas estas opiniones y siguiendo un poco trayectorias similares aunque diversas en su naturaleza, taanto Corbyn como Sanders han sido dos corredores de fondo. Sus proyectos políticos, situados a la izquierda, han sufrido derrotas irreversibles, pero su arraigo entre los votantes progresistas quizás pueda significar algo en un futuro próximo.

Se ha entendido el corbynismo como el final de la meta y no como un medio para transformar la idea de la vieja política inglesa.

El gran interrogante que deja Corbyn, es haber sido capaz de sumar miles de afiliados y nuevos miembros al partido, y tener escasos apoyos entre la intelectualidad laborista y el electorado laborista. Esto demuestra que aquello que parece razonable como propuesta política no se convierte de facto en verdad absoluta, tampoco lo es la causa de Corbyn.

El corbynismo sin Corbyn se tiene que renovar si quiere ser una pieza útil para la vida política del Labour.

Por mucho que el “establishment” laborista quiera venganza, y culpen de antisemitista al ex líder (es relevante como Starmer hizo su primera declaración pública pidiendo perdón por los supuestos escandalos antisemitistas); parece ser una clara declaración de guerra de sables, y una acusación dura para deslegitimar el proyecto político “radical” de Corbyn.

Los mensajes del diputado por Islington del Norte, se han ajustado a un marco dialéctico demasiado concreto, difícilmente extensible si no se cambia el lenguaje -no el fondo-. No se ha sabido comunicar con un electorado que pide cambios pero no sabe cómo, pero una cosa sí sabe: no quiere propuestas impuestas.

La de Corbyn es otra experiencia fallida, pero no supone una derrota. La vida son pruebas que tienen éxito o que fracasan, pero hay que quedarse con lo que aportan.

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