“¡Gracias Ecuador!”, las palabras de Daniel Devita luego del flamante estreno de “MASHI”

Fuera yankis de Manta dijo Rafael Correa” es una frase que seguramente habrán escuchado en el estreno de “MASHI“, pero debo decirles que la extraje de otra canción que se titula “Argentina NO USA bases“.

Una canción que escribí en el año 2016 para la campaña del mismo título, promovida por el periodista Sebastián Salgado y sus alumnos de la Tecnicatura en Comunicación Popular de la UNLP, en la que denunciábamos la inminente instalación de bases militares norteamericanas en suelo argentino, habilitadas por Mauricio Macri, y rubricadas en Washington por la nefasta exministra de seguridad, y empleada de los servicios estadounidenses e israelíes, Patricia Bulrich.

El antecedente de esta medida patriótica y soberana de nuestro pueblo hermano de Ecuador, era muy importante (para la canción y sobre todo para nuestro país), y también fue el puntapié inicial de un proceso interno como artista y como persona, que derivó posteriormente siendo el responsable de que existan canciones como “Yegua”, “Orgullo Indio”, “Obrador” y obviamente “MASHI“.

La llegada del macrismo fue devastadora para los argentinos, y el cachetazo que nos hizo ver que ese proceso que considerábamos irreversible, lamentablemente, podía darse vuelta al punto de que en solo cuatro años nos volvieron a endeudar por otros 100.

Claramente la pregunta imperante en esos meses de desasosiego era “¿en qué fallamos?”, “¿qué faltó?”. Si bien esa respuesta tiene varias aristas en las que no vamos a profundizar en esta oportunidad, la conclusión en lo personal, fue la cobardía y el propio liberalismo encarnado en quienes nos considerábamos paladines de todo lo opuesto a ello.

Acompañamos tímidamente el proyecto de liberación nacional, le tuvimos miedo a la política, dedicamos mucho tiempo a criticar el colonialismo y muy poco o nada a ponderar a las fuerzas de la Patria. Las sonrisas se dibujaban de oreja a oreja en nuestros rostros con las medidas de nuestros gobiernos populares, pero el miedo a ser etiquetados era más fuerte.

En mi caso, por esas perspectivas adolescentes de la anti-política tan arraigada en el rap y en el ambiente musical en general. En otros casos, cabe decirlo, porque pegarle a la derecha es muy lucrativo, pero ponderar a los proyectos políticos de emancipación es un pésimo negocio.

Así es que a los monopolios mediáticos y a los lobbistas internacionales les dejamos la cancha despejada para que vengan a meter goles, utilizando la ingeniería social, intentando separar los nombres de nuestros líderes de las conquistas impulsadas por ellos mismos, en sincronía con el lawfare despiadado que pretendía desmoronar sus figuras públicas, utilizando el antiguo pero efectivo recurso de la “lucha contra la corrupción“.

Luego de este análisis y la determinación de enmendar los errores me propuse (al igual que muchos colegas), salir a luchar en contra de todo ese andamiaje con los pocos recursos que teníamos, en medio del mayor blindaje mediático de la historia de mi país y de la región.

Así fue que Rafael Correa se transformó en el primer prócer latinoamericano del siglo XXI en formar parte de una de mis canciones, y al que le seguirían Cristina Fernández de Kirchner, Lula Da Silva, Andrés Manuel López Obrador, Hugo Chávez, Evo Morales y un largo etc.

Al margen de esto, contar la historia de Rafael era algo que tenía muchas ganas de hacer y venía posponiendo hasta encontrar el disparador caprichoso y antojadizo de la inspiración en un punto alto. No alcanzaron los cientos de pedidos en mis redes sociales, la letra no vino a mi mente hasta el día infame en que ese tribunal de la vergüenza condenó al mejor presidente de la historia de Ecuador a 8 años de cárcel por, (como dice Lula), poner un plato de comida en la mesa de millones de ecuatorianos.

El resto de la historia la conocen. Tuvimos muchas horas de producción junto a mi hermano Javier Monge (Viralizando la Verdad), Gonzalo Sánchez (director de este portal) se mandó una presentación impecable, y el aporte inconmensurable del maestro Giovanni López comandando la nave.

Se logró que “MASHI” sea lo que es: la voz de millones de ecuatorianos que quieren volver a vivir con la frente en alto y con un gobierno a la altura de su maravilloso pueblo.

Simplemente quiero agradecer, desde lo más profundo del alma, a los miles y miles de hermanos y hermanas de Ecuador y Nuestra América, que se han apropiado de estos versos, que se han sentido representados y que nos han hecho llegar tantas muestras de cariño y hermandad, demostrando una vez más que la Patria Grande vive en nuestros pueblos.

Y sobre todo, agradecer al líder de la Revolución Ciudadana, al profesor, al compañero, al conductor, Rafael Correa Delgado, por esas palabras que han sido la alegría más grande de mi equipo de trabajo, de mi familia, de quienes me escuchan hace tantos años, y sobre todo, la de ese pibe que a los 12 años decidió que quería rapear y hacer música para que el mundo sea un lugar menos injusto.

Para quienes no vemos en el arte un mero negocio, sino una poderosa herramienta de transformación social, no hay mayor reconocimiento que aquel que viene de aquellos que han transformado su Patria.

¡Y cómo la has transformado Mashi! ¡Venceremos nuevamente!

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