Honduras, hasta el golpe de estado de 2009

Sobre la crisis actual del Estado hondureño, escribe Huete Salgado (julio 23, 2019), que puede existir una visión reduccionista en el sentido filosófico, político e ideológico centrando toda la problemática en las figuras políticas y partidos políticos. No obstante, se debe analizar que la corrupción es el resultado de un proceso histórico que tiene que ver con el modo de producción capitalista.

Honduras ha sido golpeada históricamente por las empresas bananeras, empresas mineras, empresas transgénicas y empresas vinculadas al negocio del agro combustible, que se imponen sobre las soberanías de los países del sur de los EEUU. Todas siguiendo políticas de multinacionales de los Estados supranacionales, de las fuerzas hegemónicas económicas que han ido acompañadas de golpes de Estado, todo con la finalidad de la reproducción del capital a costa de la explotación de la fuerza de trabajo.

La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases, y en Honduras y Centroamérica, esa historia de lucha de los sectores explotados contra sus explotadores ha estado adobada por la barbarie española, la intervención de Iturbide-México, la intervención de Chatfield-Imperio Británico, y finalmente la doctrina Monroe-EEUU de la cual aún no hemos podido desacoplarnos.

Muchas son las causas para la ausencia en Honduras de una verdadera independencia, (Salgado Bonilla, Mayo 6, 2018) pero sus consecuencias funestas, ya no persisten ocultas en medio de las sombras de la historia. Los intereses económicos de un grupo oligárquico ligado a Juan Orlando Hernández (JOH), y a la banca privada, (ansiosos por reproducir su capital lo más rápidamente posible), encontraron en la corrupción y el narcotráfico el mecanismo para lograrlo.

Para Salgado Bonilla (Mayo 6, 2018) las estructuras de dominación de la colonia permanecieron intactas en el país, especialmente las del poder, después de 1821. En realidad, las fuerzas productivas se desarrollaron, aunque en condiciones de supeditación, que mantuvieron la visión ideológica eurocéntrica propia de los vencedores de la conquista y, por esa razón, nunca se buscó una posición nacional frente al mundo, y las clases dominantes locales conservaron la misma visión de desarrollo de las metrópolis europeas.

Por su parte Ugarteche (Marzo, 2019) señala que es hasta el final de la segunda década del siglo XIX, que las repúblicas americanas culminaban la etapa de sus luchas por la independencia española, y España entraba en una espiral de debilitamiento hegemónico frente a Gran Bretaña y el liberalismo económico.

Ello permitió, según Salgado Bonilla (Mayo 6, 2018) la sustitución de una clase cuasi feudal por otra (gachupina por criolla) el 15 de septiembre de 1821, e impidió el surgimiento de una burguesía nacional que diera forma, en la práctica, al pensamiento liberal dentro de nuestras fronteras.

No es sino hasta la década de 1870, después de la muerte de Rafael Carrera, que surge el intento de traer la ideología liberal y con ella, poner en práctica la modernización de Honduras. Hubo, entonces, un desarrollo tardío del capitalismo, mismo que se ve modulado con la aparición de la primera concesión minera a una transnacional (San Juancito: Rosario Mining Company), que marcaría la continuación del subdesarrollo y desarrollo dependiente de nuestro país.

Posteriormente, con la llegada de las transnacionales bananeras, se dan los primeros atisbos de relaciones de producción capitalistas en el norte del país. Aunque ese fenómeno no contribuye a desarrollar fuerzas productivas nacionales, por cuanto mientras en las bananeras ya hay relaciones de explotación sobre el trabajo asalariado, en el resto del país, se mantienen las relaciones feudales entre los latifundistas y los campesinos.

De ese modo, el Estado liberal no llega a consolidarse en Honduras (Salgado Bonilla, Mayo 6, 2018) y más bien se refuerza la concepción de República Bananera. En 1980 Honduras sigue siendo un país atrasado, sin visión nacional, regido por dictaduras militares, ubicado en el centro de un hervidero revolucionario centroamericano.

Las contradicciones inter-oligárquicas que llevaron a la guerra con El Salvador, fueron resueltas por medio de la intervención directa de EEUU, que presiona por la construcción de una democracia tutelada, redactada a la luz de los intereses de la política de Seguridad Nacional, así como de la naciente corriente monetarista, conocida como neoliberalismo, y que nos encadenaría hasta la fecha, mediante el conocido Consenso de Washington. Con el advenimiento del neoliberalismo, las posibilidades de consolidar un Estado se esfumaron.

Para el año 2006, asume el gobierno de Honduras el presidente José Manuel Zelaya Rosales. La población se encuentra enfrentada a una lucha cotidiana por la supervivencia, teniendo como marco de justificación ideológica para la implementación del neoliberalismo exacerbado por el supuesto “Fin de la Historia”, los grupos revolucionarios han perdido fuerza, y han surgido los movimientos sociales, segmentados en muchas reivindicaciones, pero no enfocados en la revolución, ni la toma del poder real del país, que esto implica, haber encontrado espacios en la lucha ambiental dentro de diferentes ONGs.

El gobierno de Manuel Zelaya inicia un proceso inédito de enfrentamiento con los poderes dominantes, entrando constantemente en desacuerdos con los grupos fácticos hondureños: el gobierno de EEUU, las transnacionales y los grupos que se oponen a políticas sociales que alteren el orden de cosas establecido y en el momento pre golpe, incluso con los militares. La adhesión a PETROCARIBE y al ALBA, en 2008, encienden las alarmas de esos grupos, y es en ese momento que el gobierno de EEUU decide regresar al viejo expediente de los golpes de Estado.

Aunque la consulta popular, convocada por Zelaya en 2009, generó el campo adecuado para llevar al paroxismo la polarización de la sociedad; es, en última instancia (Salgado Bonilla, Mayo 6, 2018) la decisión de EEUU la que finalmente inclina la balanza en favor de una asonada militar, probablemente desde entonces con la mirada en la intervención en Venezuela.

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