¿Todo pueblo merece el gobierno que tiene?

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El filósofo político Joseph de Maistre sostiene que “cada pueblo o nación tiene el gobierno que se merece”, este postulado lo podemos también encontrar en uno de los libros más vendidos del mundo que es la Biblia.

Es importante entender que Gobierno y Estado son dos cosas distintas pero consustanciales; el Estado es un ente de construcción, representación y organización colectiva con un balance de poderes (ejecutivo, legislativo, judicial, etc.) encaminado a garantizar derechos y generar bienestar.

Por otra parte el Gobierno es quien dirige las instituciones del Estado. Una o varias fuerzas políticas pueden ser gobierno sin tener una designación oficial, como es el caso de Ecuador en donde el Presidente co-gobierna con las fuerzas políticas más rancias y menos queridas por la ciudadanía.

O al menos eso tratan de aparentar, puesto que las decisiones de política pública  se discuten con líderes políticos que perdieron la elección presidencial, como Guillermo Lasso y Jaime Nebot, a los que el FMI busca para consultarles sobre las recetas a implementarse, y así terminar por fin de condimentar la olla de grillos que se destapa en cada denuncia de corrupción de los funcionarios de este gobierno. Esos son los que gobiernan Ecuador, pero ¿lo merecemos?

Sostengo que Joseph de Maistre se equivoca en su planteamiento, porque ningún pueblo merece un mal gobierno. Porque ninguna nación en el mundo merece un gobierno que no le brinde salud, que no le brinde educación, que no respete sus derechos como civiles y como políticos, ya que son estos derechos sagrados que todo Estado debería garantizar, como mínimo.

Si apoyamos el planteamiento de que “todo pueblo merece el gobierno que tiene”, nos estaríamos “echando el muerto encima” y estaríamos justificando que merecemos que Moreno, Nebot y Lasso nos gobiernen.

Sabemos que muchos malos gobiernos han llegado al poder por el voto de la gente, pero aún así el planteamiento de De Maistre no tiene validez ética ya que nuestra gente, al haber sido víctima históricamente de la ignorancia en la que el poder económico la ha sumergido, escucha lo que le dan a escuchar y vota por aquel que le dice lo que quiere oír aunque no sea viable, aunque no sea real.

Como Macri en Argentina prometiendo la “pobreza cero”, y lo que hizo fue ahondar más al país en la miseria; o como en el caso de Ecuador con Lasso (quien llegó a segunda vuelta electoral) prometiendo un “millón de empleos”, y lo que generó en complicidad con Moreno fue “medio millón de desempleos”, por eso la culpa no es de la gente, no.

Estos problemas devienen de la propia incapacidad de los “buenos” gobiernos para educar y formar a la gente en el empoderamiento y defensa de sus derechos. Así nos pasó en Ecuador y nos ha pasado en América Latina con la llegada al poder de gobiernos progresistas que hicieron muchísimo por la gente en cuánto a obras y servicios que mejoraron su calidad de vida, y que luego de un periodo de gobierno estable fueron cambiados por el voto de muchos de esos ciudadanos que se beneficiaron de la obra pública, esto es causa de no educar a la gente en la defensa de sus derechos.

Pondré un caso muy específico en cuanto al Ecuador, mi caso. Fui becario y gracias a un equipo de compañeros que entendieron que era necesario generar obra pública con conciencia social, entendí que mi beca no era un regalo, sino un derecho retomado por un gobierno que se preocupaba realmente por la gente. 

Por lo tanto debía ser defendido y constituido como una política de Estado, para que ningún gobierno que llegase pudiera eliminar. Sin embargo había muchísimos otro becarios que, a pesar de estar estudiando en las mejores universidades del mundo gracias a las políticas del gobierno de la Revolución Ciudadana (RC), votaron en contra del mismo gobierno que les brindaba tremenda oportunidad.

Si yo no hubiera entendido que mi beca fue un derecho adquirido por un gobierno de la gente y para la gente, probablemente también habría sido un “perdido” odiador de la RC, por lo tanto vuelvo y afirmo que ningún pueblo merece un mal gobierno. Lo que todo pueblo merece es educación, salud, trabajo y participación, pero también formación para ponerla en acción, y esto no es obligación del Gobierno pero sí una decisión para asegurar la continuidad y el fortalecimiento de los procesos realmente progresistas.

Esta formación empieza desde las escuelas. Más ciudadanos formados en valores éticos y conciencia social no asegura continuidad, pero sí las condiciones para que un pueblo esté preparado para defender sus derechos antes de que se los quiten por completo, antes de que los gobierne alguien inmerecido.

En Ecuador el gobierno nos ha quitado educación, salud, trabajo y hasta la vida. No merecemos un gobierno tan ridículo y ridiculizado como el de Moreno, Nebot y Lasso.

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