El “jardín mexicano” de los chilenos perseguidos por la dictadura de Pinochet

Muchas veces hemos escuchado el concepto de refugiado, y hasta por momentos puede sentirse bastante ajeno a nuestro contexto. Sin embargo es imprescindible entender lo importante que puede ser para sujetos inmersos en contextos muy concretos como la brutalidad de un golpe de Estado o una guerra. Este es el caso de lo que pasó durante la dictadura chilena impuesta por Pinochet y cómo el gobierno mexicano reaccionó ante ella.

Para entender esta faceta de México nos remontamos al gobierno de Luis Echeverría, quien ofreció asilo diplomático a los chilenos en la década del setenta, aunque contrastando con la selección sumamente racista en cuanto a la situación en la que se encontraban los judíos, dejando un mal sabor de boca con una historia que no debe repetirse.

El acercamiento que tuvo México entre 1971-1973 con el Chile socialista de Salvador Allende fue notorio, permitiendo la entrada de entre 6.000 y 8.000 personas chilenas al país, en comparación con golpe de Estado ejecutado por Pinochet, mismo que desencadenaría miles de muertes por parte de la dictadura impuesta.

Muchas personas pasaron a ser asiladas en la embajada de México en Chile, el que para muchos pasó a ser conocido como “el jardín mexicano”. Dicha embajada estaba bajo cargo de Martínez Corbalá cuya participación fue pieza clave para que muchos chilenos obtuvieran su asilo en México.

Gabriela Díaz, quién hizo una maestría en Estudios Latinoamericanos por la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México), señala que “El enorme flujo de chilenos que acudió a la embajada durante los primeros días y la solidaridad mexicana, exasperaron a los golpistas, quienes se encargaron de dificultar el acceso a la sede diplomática”.

La referida autora también comenta que “una madre y sus hijas uniformadas para el colegio se colaron mientras llegaba el camión de basura. Otro más salto la barda. Desde el interior, los amigos hacían señas para indicar el momento propicio, o estrechaban sus manos para facilitar el ingreso o para jalarlos de las manos de los carabineros. También se llegó por la casa de la vecina, ayudados por la empleada doméstica quién también terminó saltando al jardín mexicano.”

Para brindarles este asilo se les pedía el motivo por el cuál lo solicitaban y por qué a México. Los motivos siempre eran aludidos a la democracia mexicana, respecto a los derechos humanos, la libertad, la justicia y la seguridad. De cualquier manera México aceptó cerca del 88% de los solicitantes y además extendió el asilo a familias completas.

Ahora bien, las condiciones una vez saliendo de Chile eran muy beneficiosas en tierras mexicanas para los refugiados, puesto que las oportunidades eran bastante grandes y muy bien aceptables para cualquiera, iban desde profesores de universidades con un prestigio no menor y como académicos, sin olvidar que se les brindaba alojamiento, comida y trabajo.

Gabriela Díaz Prieto, quién en su texto “Abrir la casa: México y los asilados políticos chilenos”, apunta cómo es que los refugiados vivían, aunque no gozaban de privacidad, tenían lo suficiente para vivir. La referida autora comenta que “en la calle Américo Vespucio, cinco recamaras, pasillos, escaleras y garaje alojaban a un enorme contingente. Hombro con  hombro se dormía en el piso”.

Asimismo Díaz señala que “fue un tiempo de niños saltando, y gente en la escalera que desquiciaba a los adultos quienes sólo hallaban refugio encerrándose en el baño. De convivencia complicada, sin privacía”.

La cantidad de refugiados que el gobierno mexicano dejó entrar comenzó a superar la capacidad de los edificios que se dispusieron para su alojamiento, lo cual generaba una condición de hacinamiento, haciendo que cualquier rincón del inmueble en cuestión estuviera ocupado.

Este tipo de acciones diplomáticas dejó bien colocado a México ante los ojos extranjeros, pues parte de los grandes intelectuales de Chile se concentraron en México, y muchos otros que no optaron por quedarse, usando a México como puente para llegar a otros países. De estos últimos, muchos quisieron regresar en vista de aquellas oportunidades.

El asilo de los chilenos a México fue una estrategia bien jugada por parte del gobierno del entonces presidente Luis Echeverría, puesto que todo el tiempo se buscaba la legitimidad de su gobierno no sólo en las políticas internas sino también en las exteriores. Más allá del juego político, este tipo de acciones también logran salvar vidas, de ahí la importancia de entender cómo funcionan las políticas de los gobiernos.

El impacto que puede llegar a tener en momentos que son sumamente delicados y por otro lado, conocer cómo se articulan los gobiernos en general, nos abrirá el camino para entender nuestro contexto actual, disipará dudas pero abrirá otras que deben ser cuestionadas y hasta en momentos criticadas (sin dejar de lado el contexto de la época).

Pero esa es la importancia de conocer la historia que viene de políticas públicas o de tratados que muchas veces desconocemos o simplemente invisibilizamos.

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