Análisis del comunicado de la casa real, o el ejercicio de la hipocresía

Hace unos días, antes de su huida, mi madre, una octogenaria ferviente defensora de la casa real desde siempre, me sorprendió con las siguientes palabras, mientras veía las noticias sobre las corruptelas del “emérito”. “¡Habrase visto, menudo sinvergüenza!”.

Y es que parece, a ojos vista, que el apoyo popular que pudiese tener la corona (¡ojo!, que hablo de apoyo popular y social, no de los palmeros de siempre) se está desvaneciendo por momentos. A medida que se van teniendo noticias de los trapos sucios que se han cocinado en los últimos años en los palacios, los gobiernos, los partidos políticos, los medios de comunicación y los círculos empresariales.

El comunicado, un ejercicio de hipocresía

El comunicado presentado a la prensa por la casa real, es un ejercicio de hipocresía que me ha dejado sin palabras en cada uno de sus párrafos.

“Con el mismo afán de servicio a España que inspiró mi reinado y ante la repercusión pública que están generando ciertos acontecimientos pasados de mi vida privada”. Por partes, esta frase no tiene desperdicio.

Si todo lo que está saliendo a la luz es cierto, el único afán que ha tenido el “emérito” durante su reinado ha sido el afán de lucro. Mordidas en los negocios del petróleo, en los viajes de los empresarios españoles a países de su influencia, regalos de las casas reales por blanquear su imagen, trapicheos que harían enrojecer a cualquier chorizo normal y corriente. Pero que en su caso no han tenido (y dudo que tengan) ninguna consecuencia.

Pero también la segunda parte de la frase tiene su miga: “acontecimientos pasados de mi vida privada”. Si se hacen negocios durante viajes oficiales y se consigue un porcentaje, no es su vida privada. Utilizando los recursos del Estado para encubrir, esconder y trasladar dinero de un paraíso fiscal a otro, sin pasar por la caja de Hacienda (que “somos todos”), no es su vida privada. Si se manipulan las fuerzas de seguridad del Estado para tapar los chanchullos y la basura que vamos dejando detrás, no es su vida privada.

Ese párrafo acaba con el colmo de la hipocresía: “Mi legado y mi propia dignidad como persona así me lo exigen”. El “emérito” parece olvidar que no se va dejando el pabellón muy alto, que digamos. Se va porque le han pillado con las manos en la masa. Que su legado ha quedado por los suelos ante la sociedad española, y que va a quedar aún peor, a medida que se vayan destapando los diferentes artificios que utilizó para enriquecerse de forma ilícita. Y en cuanto a su dignidad personal, su largo historial de asuntos oscuros tampoco es que la deje en gran lugar, la verdad. Ha demostrado ser cualquier cosa menos una persona de fiar, para los suyos, ni para el resto de la sociedad española.

Tampoco el siguiente párrafo tiene desperdicio, la verdad. Comienza con un recordatorio del “gran servicio” que nos hizo: “Hace un año te expresé mi voluntad y deseo de dejar de desarrollar actividades institucionales”. A ver, creo que sería más correcta la frase “Hace un año te expresé que, como me habían pillado en supuesto delito, me podías dejar fuera del pastel y así disimulábamos un poco”. La realidad es que lo dejaron fuera porque estaba salpicando demasiada mierda. Y antes de que la gente se hiciera demasiadas preguntas sobre la institución en conjunto, prefirieron apartar al abuelo, como si fuera un apestado.

Servicios prestados a los españoles

Y luego viene mi frase favorita: “guiado por el convencimiento de prestar el mejor servicio a los españoles”. Ante esta declaración, me pregunto, y no es broma, ¿cuáles han sido esos servicios que ha prestado a los españoles?

Heredero directo de un dictador “por la gracia de Dios”, llegó a la corona para perpetuar un régimen que le venía como anillo al dedo (“atado y bien atado”, ¿no?). Dirán, algunos, que fue el artífice de la Transición, pero creo que fueron los políticos de aquellos días los que montaron el cambio, más o menos imperfecto, a medida de la situación del momento. Magro papel me parece que jugó, excepto la salvaguarda de sus privilegios y los de muchos otros. Dirán otros que cuando el 23F salvó la democracia… y ahí sí que me callo. Etc.

En realidad, sus servicios no han sido a los españoles, sino a sus amiguetes, a sus bolsillos y a sus “primos” de unas casas reales con más luces que sombras en sus planteamientos ante los derechos humanos, la democracia, etc.

Poco después, en uno de los últimos párrafos, habla de que “siempre he querido lo mejor para España. Supongo que se refiere a “su” España, ese cortijo de corruptelas en que viven algunos y que nunca llegaremos a conocer en toda su extensión. Porque han sabido protegerlo de los jornaleros que intentamos ganarlos la vida realmente, gracias a sus políticos, medios de comunicación, tribunales y fuerzas de “seguridad” del estado.

El “emérito”, por mucho que lo intenten los medios de comunicación afines a su causa (casi todos ellos controlados por los mismos amiguetes económicos a los que favorecía con sus viajes de Estado), no se ha exiliado, porque, según la Real Academia de la Lengua, un exiliado es un “expatriado, generalmente por motivos políticos”. Exiliados fueron los republicanos españoles que tuvieron que huir del dictador tras la guerra, el mismo dictador que le cedió el cargo.

>Juan Carlos I, de emérito a comisionista. La larga sombra de la corrupción (II)<<

Tampoco ha huido de la justicia. Ya se guardarán los jueces o las fuerzas de seguridad de intentar acercarse a la casa real para interrogar o juzgar a alguien, después de ver el acoso que sufrió el juez del caso Noos al intentar imputar a la infanta.

Como se dice en el mismo comunicado: “mi meditada decisión de trasladarme”. No sé exactamente dónde está, pero seguro que está en un lugar agradable, a cuerpo de rey (nunca mejor dicho). Bien cuidado por algunos de sus amiguetes (es de bien nacido ser agradecido). Sin preocupaciones económicas (tiene el riñón bien cubierto), y bien tranquilo por las posibles consecuencias que pudieran tener sus actos.

Esto es España

Y es que esto es España. Un país en el que te puedes pudrir en la cárcel por una pelea de bar. Que te arruina la vida por robar para dar de comer a tus hijos. Que te perseguirá con saña por una canción que denuncia certezas como puños. Pero que si eres alguien (no un vulgar peatón de la vida), si conoces a las personas adecuadas, si tienes el dinero dónde hay que tenerlo (evidentemente, fuera del país, no vaya a ser que vengan los comunistas, y donde no tenga que pagar impuestos para levantar esa patria que tanto me preocupa), puedes llevar una vida de golfeo sin problemas.

La fiscalía te lo afinará. O el gobierno de turno te facilitará una salida. Hacienda te arreglará que puedas “pagar” los impuestos mínimos que debes. O se dejarán pasar los plazos para que tu delito prescriba. Te harán una amnistía fiscal. O, directamente, se hará la vista gorda y el juez correspondiente dirá que no has cometido ningún delito.

Estos días no dejo de oír una frase de Valle Inclán que, en 1931, después de que Alfonso XIII (abuelo del “emérito”) saliera del país tras las elecciones municipales de ese año, dijo: “Los españoles han echado al último de los Borbones no por rey, sino por ladrón”. El maestro se equivocó en una parte de su frase: no fue el último de los borbones.

Parece que la saga familiar sigue todavía.

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