Magia y brujería en México: una perspectiva histórica

En el texto publicado anteriormente titulado “Brujería, magia y religión”, se habló de la evolución del pensamiento mágico en Europa desde la antigüedad hasta la Edad Media. Ahora, se abordará brevemente este tema para el caso del área de Mesoamérica en la época prehispánica, su fusión con la cultura europea y su influencia en el presente.

Como se sabe, en Mesoamérica también hay un desarrollo del pensamiento mágico desde tiempos ancestrales. Al igual que en Europa, ésta deriva de un asombro ante la dinámica de la naturaleza, y la necesidad de entender aquello que no tenía explicación inmediata.

López Austin habla de la magia en tiempos prehispánicos como un conjunto de técnicas que permitían la comunicación con las deidades que habitaban en la parte invisible de la realidad.

Hablando en especial del periodo posclásico, se concebía el tiempo-espacio divino separado del tiempo-espacio terrenal; sin embargo, el espacio divino está entre los seres mundanos de una manera invisible.

Este espacio puede organizarse en nueve planos anecuménicos superiores (la mitad celeste de la estancia divina), nueve planos anecuménicos inferiores (la región de la muerte) y 4 planos ecuménicos (la superficie terrestre, el espacio de las criaturas). Los dioses crearon ese espacio intermedio para que fuera habitado por hombres que los alimentaran y adoraran.

No se podía transitar libremente del espacio terrenal al divino, los dioses idearon barreras para controlar dicho tránsito. Es por esto que los hombres tienen que idear la manera para poder situarse en el mismo plano que sus deidades para comunicarse con ellos. Es así como surge la magia.

Cabe señalar que el ejercicio de la magia no estaba restringido a un grupo; la gente común hacía uso de estas técnicas para sus siembras, la caza, pesca, etc. Sin embargo, sí existían aquellos cuyas habilidades en este terreno eran más agudas y tenían su rol específico en la sociedad.

Las prácticas mágicas actuales (ya sean brujos, hechiceros o curanderos), tienen su origen en la fusión de culturas a raíz de la conquista. Toda la carga imaginaria de la Europa medieval (resultado de miles de años) pasó a mezclarse con las creencias y magia prehispánicas, sobreviviendo y adaptándose, permaneciendo como símbolo de resistencia en lugares apartados, al igual que muchos otros aspectos de la cultura en la época colonial.

Tanto el ingrediente europeo como el prehispánico se fundieron durante la colonia para dar lugar a nuevas prácticas en el ámbito de la brujería, la cual se desarrolló en un marco de clandestinidad y resistencia ante los embates de las autoridades eclesiásticas de la Nueva España; se desarrollaban manuales como el de Jacinto de la Serna para extirpar las “idolatrías” (creencias) de los nativos de América.

En el México actual, la zona conocida como Los Tuxtlas en el estado de Veracruz, se ha vuelto popular por su tradición de brujería, llegando a ser llamada la “capital de los brujos”. Esto tiene que ver con la política turística que se lanzó a partir de 1978 en la zona, en la que se pretendía exaltar la diversidad y belleza del paisaje dándole un perfil sobrenatural apoyándose en la magia.

Para este fin, empezaron a efectuarse eventos públicos de brujería, en los cuales se sacaban de contexto las diversas prácticas mágicas para ponerlas al servicio del morbo de los turistas. Cabe señalar también que, ante la negativa de los brujos de filiación indígena de participar en estos festivales, las autoridades optaron por reclutar practicantes mestizos.

Con el tiempo esto dio pie a que cualquier persona sin tener el don correspondiente ejerciera el oficio para estafar a turistas y locales. Alguien que realmente ejerce el oficio por el interés de ayudar, no cobra por sus servicios, en contraste con alguien que quiere sacar beneficio.

Otro aspecto interesante es el relacionado con los lugares místicos. En la época prehispánica, lugares como cuevas, arroyos, pozos, manantiales, eran umbrales por los que transitaban las deidades al mundo de las criaturas. Se tiene todavía esa concepción, incluso como lugares de iniciación para aprendices de brujos y como lugares propicios para llevar a cabo rituales.

Para otros, esto ya no tiene sentido, bastando para realizar un trabajo una caída natural de agua, sin importar si es alguno de los lugares místicos que han ganado fama en la región, como la cueva del diablo, la laguna encantada, el Cerro del Mono Blanco, etc.

Actualmente, los curanderos son aquellas personas que usan la herbolaria para curar ciertas enfermedades por medio de limpias, purificaciones, ensalmos, etc. Los hechiceros son aquellas personas que hacen el bien a unos dañando a otros.

Como señala Munch, para estudiar este tipo de temas, es necesario entenderlos desde una perspectiva simbólica. Tal vez para quienes no son adeptos a tales creencias se trate sólo de figuraciones y cosas irrealizables, pero para la gente que es partícipe de este tipo de pensamiento mágico, todo esto tiene una significación en sus vidas y en ese plano alterno de la realidad en el cual muchas personas encuentran refugio.

Por otro lado, la comercialización de la brujería ha influido para que se vaya perdiendo esa connotación sagrada que tiene en su contexto de origen, teniendo repercusiones en la percepción social del oficio

Referencias

Alfredo López Austin, “La magia y la adivinación en la tradición mesoamericana”

Guido Munch Galindo, “La magia tuxteca”.

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