Comunidad de Madrid (II): entre la pandemia, protestas y desgobierno

Las protestas se están repitiendo por distintos municipios y barrios que ven cómo se segrega según la clase social. En estos momentos un obrero puede ir al centro a poner una caña, pero no a tomársela. No pueden bajar a su perro al parque, pero sí entrar a las casas de apuestas, un descontrol del que sospecho no se terminó de escribir.

Pero ¿cómo llegamos a esta situación en Madrid? ¿Cuál es la razón por la que tenemos a una pirómana alimentando fuegos desde la Puerta del Sol? Esta situación se sustenta en cuatro pilares básicos: Vox, el miedo de Aguado, Pablo Casado y la atomización de la izquierda de la mano de Errejón.

El más fácil de verbalizar -ya que se entrecruza con varios- a Vox, ya que la formación de ultraderecha dio sus votos para hacer presidenta a Ayuso con el beneplácito de Casado y Aguado, también del ya retirado Rivera.

Haciendo ese famoso cordón sanitario al PSOE, ganador de las elecciones en la CAM, estos votos no sólo dan o quitan mayorías, sino que tienen el efecto de radicalizar. La derecha se radicaliza para no perder esos votos que le proporciona el fascismo comprando el ideario en parte, y transigiendo con las ocurrencias del fascio.

Todo ello haciendo que de cara a la opinión pública estas ideas pasen a ser defendidas por partidos que en un pasado eran considerados centrados, por lo que esas ideas pasan ahora por moderadas, y cualquier oposición a ellas parece, y se vende, un ataque a las instituciones y a la democracia.

El segundo pilar de esta catedral del caos es Ignacio Aguado reverendísimo acólito en ella. Él y su miedo a la irrelevancia le llevan a comulgar con ruedas de molino que sinceramente no sé si realmente cree, pero la situación de su partido a nivel nacional, con uno de los mayores desplomes que se recuerdan puede tener efecto en Madrid.

Por una parte, seguir en el poder le da un cargo no menor durante lo que queda de legislatura, lo que conlleva las consejerías controladas por los naranjas. Por otra parte, dejar caer a Ayuso será visto por parte de su electorado del cordón sanitario al PSOE como una traición, y tendrá una sangría de votos que no es asumible en el corto plazo.

Para los de Aguado lo único que les queda es confiar en que la solución a la pandemia llegue relativamente pronto y no desaparezca de la asamblea madrileña. Pero en lugar de mantener un perfil bajo con la relativa presencia que el cargo le confiere, nuestro vicepresidente se empeña en poner cada día un nuevo clavo en su ataúd político, lo último ha sido sus absurdas performances inaugurando dispensadores de gel en el metro de Madrid.

El tercer pilar situado a la derecha es Pablo Casado y su Partido Popular escorado al precipicio de la extrema derecha de Vox. No se entiende cómo un partido de gobierno como es el PP y su líder, lleguen a prohibir a las comunidades donde gobiernan que pidan el estado de alarma para combatir con los medios del estado central los estragos que está produciendo la pandemia.

De facto está anteponiendo los réditos electorales y el pulso al gobierno para su desgaste de cara a las siguientes elecciones contra la salud de los españoles, -y su propia cabeza dentro del PP-, ya que sus apuestas dentro del organigrama del PP se están demostrando desastrosas.

En primer lugar, colocar en la portavocía del congreso a Cayetana Álvarez de Toledo llevó el debate político a cotas de exaltación muy pocas veces vistas, no es que sea mejor con Cuca Gamarra, dicho sea de paso, debe de ser la nueva marca de la casa y como segunda apuesta Díaz Ayuso que, como pudimos ver, sigue a día de hoy enrocada en sus posicionamientos dejando de lado las recomendaciones sanitarias.

Por último y no menos importante llegamos al pilar colocado a la izquierda, la atomización de sus opciones de mano de Iñigo Errejón, la irrupción de Más Madrid en un principio fue un terremoto político  e hizo que todo se resquebrajase.

Con la falsa premisa de una forma de hacer dentro de Podemos y que no se adecuaba a los nuevos tiempos de la política, nos encontramos un partido con miembros que quieren imponer su presencia a costa de la democracia.

Puede verse el caso de los concejales del ayuntamiento de Carmena como Rita Maestre, pertenecientes a Podemos, que abandonan el barco cuando les instan a tener que presentarse a primarias, que ponen vetos como el que puso la misma Carmena a que fuese en listas Julio Rodríguez, que no es fiel a su facción.

El mismo Errejón abandonó la Asamblea de Madrid en cuanto pudo para ir al congreso para intentar ser decisivo y recalco intenta. Por su parte, Carmena también abandona la política si no puede gobernar.

Ella no quiere estar en ese lado de la trinchera y lo deja directamente a sabiendas que desde la oposición debe de confrontar ideas y realizar un nuevo esfuerzo de construcción de proyecto el cual no le viene ya dado como en 2015.

MM, un partido que da el salto nacional llevándose a los cuadros que Podemos tenía en Madrid, dejando la estructura y los círculos descabezados y partidos por la mitad, que escenifica una especie de asamblea para decidir si dan el salto al nacional, cuando el partido llevaba registrado bastante tiempo; no es una organización de la que fiarse.

El caso de Carmena es representativo porque Madrid puso muchas esperanzas en ella pero a golpe de imposiciones y aprobar pelotazos urbanísticos como Madrid Nuevo Norte, fue desmovilizando al votante de izquierdas.

En gran medida no consiguieron capitalizar la candidatura de Sánchez Mato, ya que Unidas Podemos decidió no plantar cara en la capital demostrando una lealtad hacia un proyecto del que les dejaron fuera de la forma más ruin posible.

Pero esa abstención sobre todo en los barrios obreros que notaban que se les dejó de lado en cierto sentido, fue lo que puso en manos de Almeida el bastón de mando, el caso de la Comunidad de Madrid los dos partidos MM y UP pese a sumar más sufragios que en las anteriores, con la irrupción segura de Vox en el parlamento autonómico los movimientos de la formación de Errejón no llegaron a movilizar al votante en el número que se necesitaba, y la abstención creció respecto a 2015 con lo que dejó vía libre a la alianza de perdedores de la derecha.

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