La victoria demócrata en Estados Unidos (I): no es oro todo lo que reluce

Este artículo de análisis sobre lo que significa la victoria de Biden, o mejor dicho, la derrota de Trump que ha impulsado la victoria de Biden, es una invitación a conocer no sólo al electo Joe Biden ni tan sólo conocer el interior del Partido Demócrata, es una invitación a conocer mejor la política norteamericana, su historia, de lo contrario sólo sabremos la mitad de la mitad de un cuarto de otra mitad de lo que ocurre en los Estados Unidos políticamente.

Durante la lectura de este artículo se pretende poner algunos “puntos sobre la i” sobre todo aquello que es Biden y todo lo que representa el Partido Demócrata.

No se trata de legitimar una idea diabólica de lo que representa la política estadounidense -también existen infinidad de personas e iniciativas muy interesantes ahí-, y tampoco se trata de jugar a apuntalar ideas y discursos que sólo pretenden eliminar a Trump de la ecuación sin tener en cuenta lo que representa el nuevo “rey puesto”.

Información, reflexión y datos es lo que se debe poner sobre la mesa si cuando lo que queremos es conocer la política de un imperio político, económico y militar. Ahí vamos.

Los demócratas también tienen muchos problemas

Aún quedan muchos datos por analizar sobre el perfil de los votantes de ambos candidatos. Factores vinculados entre renta y voto, etnia y voto, género y voto, el voto de los más jóvenes, los cambios de color político de algunos estados etc.

En 2016 el voto afroamericano fue una de las claves del fracaso de Hillary Clinton. En estas elecciones los demócratas mantienen la fidelidad de los votantes negros (90%) aunque Trump ha conseguido abrir una pequeña brecha en el sí de esta comunidad, que llega hasta el 10% de votantes cuando los republicanos no solían sobrepasar el 8% de intencionalidad.

Falta más información sobre estos datos, pero parece apuntar hacia los más jóvenes el hecho que los conservadores hayan conseguido aumentar el porcentual de votantes negros. Una casuística curiosa, y más teniendo en cuenta los casos recientes de brutalidad policial con la población negra que han hecho estallar barrios y ciudades de todo el país.

También, sólo por méritos de Trump el voto de la comunidad hispana ha conseguido afianzar estados como Florida. Gracias a su discurso antichavista y anticomunista, el mandatario neoyorquino ha conseguido conectar con votantes hispanos como los cubanos -55% de cubanos han votado Trump- y ganar ciudades como Miami. Cabe recordar que Obama ganó en Florida en 2008 y 2012.

Es también cierto que el giro demócrata de estados como los de Pensilvania, Arizona o Wisconsin, suponen un viraje interesante para los liberales en sendas victorias –por ejemplo, en Wisconsin han ganado por sólo 20.000 de un total de 3.684.726 votantes registrados este año 2020- aunque presupone una lucha política para nada afianzada en la orilla demócrata.

Ganar por la mínima no es sinónimo de victoria en el sistema político americano, más si tenemos en cuenta que los republicanos van a presentar batalla en cada uno de los estados en los que han sido derrotados porque pueden, porque tienen un líder que para algunos es un “mártir”, y porque las batallas en los estados americanos se luchan municipio a municipio, y en ese campo, los republicanos están más que vivos.

Aunque Trump sigue abriendo camino entre electorado de clase obrera, ya mantiene así su victoria en estados del cinturón ex-industrial como Ohio e Indiana, fieles hasta la llegada de Trump al muro azul. Es mucho decir la consolidación del cambio de preferencias políticas de algunos estados industriales que atacan al corazón del “mundo demócrata”.

En resumen, la polarización política sigue muy viva en los Estados Unidos. Por mucho que Biden gane en algunos estados antes rojos, Trump ha seguido aumentando su número total de votantes -70 millones de votantes contra los 75 millones de Biden-, y ha logrado consolidar el arrebato de estados históricos de los demócratas, cosa que significa que electorado demócrata de base -en especial, la clase obrera industrial- está transformándose sin un rumbo concreto ni un símbolo de identidad muy definido hasta ahora.

No es oro todo lo que reluce.

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