El cuento de gallo pelón

Este en realidad no es un cuento, es simplemente una manera de burlarse de los demás. El tal cuento, es apenas una pregunta repetitiva e interminable que termina por cansar a quien espera en realidad escuchar un cuento, pero jamás podrá experimentar esa dicha, la pregunta es: ¿quieres que te cuente el cuento del Gallo Pelón?

Las respuestas a la pregunta no importan en realidad, ya que puedes contestar sí o no, o tal vez, o quizá, pero ante la respuesta, el cuentacuentos vuelve a preguntar: ¿pero quieres que te cuente el cuento del Gallo Pelón?

Y así por interminables minutos, hasta que el irritado oyente se bloquea mentalmente y con un buen carajazo o alguna otra imprecación envía a su interlocutor, a aquel maloliente lugar que a estas alturas ya debe estar lleno de los impíos representantes de la partidocracia de la política mundial, -especialmente de aquellos que no siendo políticos sino banqueros, quieren tener el poder político para seguir acumulando riquezas y explotando a los pobres, convirtiendo los servicios públicos en negocios privados para su beneficio y el de sus agremiados, agnados y cognados-.

Así estamos viviendo este tiempo de campaña preelectoral que se ha desatado ya en el Ecuador, con miras a las elecciones presidenciales del 7 de febrero de 2021, y claro que aquí tenemos al banquero bachiller que por tercera vez -engañando al pueblo- quiere alzarse con la presidencia de la república, para convertirla en la oficina del capataz, pero el pueblo del Ecuador que encarna la Revolución Ciudadana, como en anteriores ocasiones, volverá a rechazar sus pretensiones en las urnas.

Guillermo Lasso es quien nos viene a contar nuevamente el cuento del Gallo Pelón, cada vez la misma historia, que si va promover los empleos, pero flexibilizando las leyes laborales o sea despidiendo, liquidando desapareciendo las indemnizaciones, precarizando la relación laboral, etc.

También dice que va a promover servicios de calidad, pero privatizando la seguridad social, las pensiones jubilares, los servicios de salud, trasladando los actuales créditos hipotecarios públicos, a la banca privada, privatizando los servicios de generación, distribución y comercialización de energía eléctrica; es decir una vez más nos sale con el cuento del gallo pelón.

Y el pueblo que ya entiende de qué va la cosa, no hace sino reclamar la inmediata recuperación de la Patria, por lo que le entregará el poder al Binomio de la Esperanza formado por Andrés Aráuz (Doble A) y Carlos Rabascall.

Quienes a estas alturas van en primer lugar en las encuestas, llevando más de 10 puntos de ventaja sobre el que sigue contando cuentos ya no solo del Gallo Pelón, sino que ahora en su afán de mimetizarse con el pueblo ha iniciado una campaña que incluye la procaz referencia verbal a la genitalidad humana, refiriéndose cree él que en jerga popular.

Pero no es así, la jerga popular es diáfana y fluye en medio de la camaredería, no como las frases fingidas y sobreactuadas que se notan y se desprecian por venir de quien vienen, al referirse a sí mismo diciendo “yo sí tengo huevos” cuando lo único que tiene son dólares, que no sirven para lo mismo.

O cuando dice “ya que chucha”, tratando de rebelarse contra el orden instituido, cuando apenas tiene ambición de poder, que no es lo mismo, y así entre la chucha y los huevos no atina a convencer, y en lugar de ganar pierde votos, porque el pueblo, ese que sí tiene huevos, a cada uno de sus discursos, le contesta ya que chucha, de manera diáfana y dicharachera, lenguaje que cuando no es sobreactuado y dicho sinceramente por la verdadera gente del pueblo, no solo que se entiende, sino que se ejecuta.

Lasso nunca serás presidente.

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