La colonialidad del siglo XXI en América Latina

En pleno siglo XXI, pese a que la época de la conquista y la colonización pasó hace décadas, los conceptos y prácticas de colonización se han mantenido vívidos en América Latina.

Uno de los investigadores que más ha defendido esta tesis es Nelson Maldonado, quien en sus artículos permite hacer un paseo por las concepciones de los grandes filósofos que han trabajado los temas de la colonización, con sus diferentes enfoques, matices y apartados, haciendo énfasis en las aristas como son: los cambios derivados de la teoría social, las evoluciones espaciales y lingüísticas, basadas en la modernidad, así como el racismo biológico y epistémico propio, producto de una cultura colonizadora y cómo esta se ha vivido en América Latina y la necesidad intrínseca de una nueva cultura descolonial y transformadora.

Lo primero que se debe analizar es cómo la cultura colonial se plantea desde los conceptos del poder, pero que abarcan y crean una propia línea de debate de la colonialidad del saber, lo que a su vez abre una puerta para otra arista como lo es la colonialidad del ser.

Para poder ir en orden, la dominación colonial se basa en el poder que es ejercido hacia otro y cómo es el manejo de las fuerzas provenientes de esa interrelación, que podrán denominarse como formas modernas de explotación y dominación.

A su vez de éstos, se desprende la colonialidad del saber y que se basa en el rol que tiene la epistemología y las tareas que surgen de la producción del conocimiento y su reproducción en forma pensamientos coloniales. De manera que esta interacción permite la concepción de los conceptos y el estudio de la colonialidad del ser, que encuentra sus bases en las experiencias vividas a través de los procesos de colonización y cómo ha sido su impacto en el lenguaje.

Nelson Maldonado, cita a Mignolo para explicar estos fenómenos “La ciencia (conocimiento y sabiduría) no puede separarse del lenguaje; los lenguajes no son sólo fenómenos ‘culturales’ en los que la gente encuentra su ‘identidad’; estos son también el lugar donde el conocimiento está inscrito. Y si los lenguajes no son cosas que los seres humanos tienen, sino algo que estos son, la colonialidad del poder y del saber engendra, pues, la colonialidad del ser”. (2003a, p. 669)

Entonces podemos ver cómo todos los procesos fenomenológicos se encuentran sumidos a los conceptos de colonización, la raza, la cultura, las experiencias vividas a través de los procesos y hasta cómo se ha buscado normalizar los acontecimientos en el plano material para asimilarlos e intentar hacerlos ver como un proceso propio de la aculturación y la conculturación oportuno de la evolución humana.

En el concepto de la colonialidad se puede observar a simple vista un modelo de poder que se dio como consecuencia del colonialismo moderno, y que no se encuentra solamente circunscrito a una relación de poder existente entre las naciones, sino que va más allá de ellas y como sus formas de poder disfrazadas en las representaciones de producción, conocimiento y autoridad, se adecuan entre sí, para dar paso al mercado capitalista y a su división de raza.

De manera que se puede ver cómo el colonialismo antecede de la colonialidad, pero que la colonialidad subsiste al colonialismo. Estos conceptos intersubjetivos se encuentran intrínsecos y se mantienen vivos a través de los procesos educativos, los conceptos de lo que es adecuadamente bueno en lo académico, en las expresiones culturales, en la percepción de la auto-imagen propia de los pueblos, y en cada una de las nociones y apreciaciones en que se basa la vida moderna.

En 1537, el Papa declaró a los amerindios como humanos, según los trabajos de Quijano en 1992: “Desde entonces, en las relaciones intersubjetivas y en las prácticas sociales del poder, quedó formada, de una parte la idea de que los no-europeos tienen una estructura biológica, no solamente diferente de la de los europeos, sino, sobre todo, perteneciente a un tipo o a un nivel inferior”.

Aquí claramente se denota la interrelación de una raza por sentirse superior sobre otra. El claro ejemplo de que alguien tenga que decir que los indios y negros tienen o no alma o que el color de piel determina si alguno es humano, hace evidentes la concepción de una colonización no sólo en la praxis, sino en el discurso y sobre todo en el accionar.

A su vez, la imposición de la división del trabajo, donde una raza llega a un territorio a saquearlo y a invadirlo basado en una gracia divina, no se pudo seguir manteniendo en el tiempo como una forma correcta de evolución, sino que de unos años para acá, América Latina, ha podido manifestar sus impresiones y vivencias de cómo fue saqueada, torturada y esclavizada en nombre la colonización.

Existen pruebas de cómo se ha intentado borrar la historia de los pueblos para poder dominarlos a través de la religión, y cómo se ha ido descubriendo que muchas veces sus mitos formaron parte de los sucesos que éstos vivieron, y que sus habitantes transformaron en cuentos, fábulas o leyendas para que su cultura pudiera sobrevivir.

Cabe mencionar que es el momento justo, para que los conceptos de colonialismo no se circunscriban, exclusivamente en el eurocentrismo, pues hemos visto el resurgir de éstos en América Latina, una potencia, una nación, intentando someter por vía de la fuerza (economía, guerra, golpes de estados) a otros basados en intereses propios de un mercado capitalista.

Otro factor importante es la relación de fuerzas en cuanto al concepto de poder y cómo este ha sido utilizado a través del tiempo para ejercer presión o acomodo de acciones, opiniones entre otras a favor de una raza o nación sobre otra.

Los modismos propios de la modernidad, la cultura del entretenimiento y las nuevas expresiones que se han ido adaptando dentro de los fenómenos sociales de la aculturación y la conculturación, haciendo más apacibles y fáciles, el camino que impuso la colonización.

La tarea es titánica y se fundamenta en desaprender aprendiendo, rescatando lo es propio y nos hace distintos, pero entendiendo que en esas diferencias se basan las riquezas de nuestras culturas expresadas en diversas aristas. Para ello debemos deconstruir aquello que nos ha sido impuesto por las lógicas y trasnacionales coloniales.

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