Desapariciones forzadas en México: el capitalismo como contexto

A partir de un “levantón” con pocos testigos, por el que los agentes de gobiernos tratan de pasar desapercibidos, y maquillan los actos para encubrirse.

Existe una constante negativa al cuestionamiento jurídico de la víctima por parte de las autoridades, y  es el poco esclarecimiento de su ubicación. Suelen ser individuos bien identificados por el régimen gracias a su activa participación política que chocan con intereses estatales, los individuos suelen ser altas cabecillas de movimientos políticos.

En el individuo, las violencias parten desde las físicas (es decir golpes, violaciones sexuales, torturas y asesinato) como desde luego psicológicas e incluso jurídicas, pues a muchas de las víctimas, las mismas Instituciones Estatales les niega justicia y restablecimiento.

Por ejemplo de identidad, para la familia las violencias son, frente a la desaparición, un tormento psicológico y de igual manera institucional y jurídica, puede haber violencias verbales, como puedan ser amenazas; a nivel de  sociedad es reflejo de las contradicciones y violencia a un nivel estructural, lo que genera una constante zozobra. Como individuo, impide la libertad de expresión y, -por estos mecanismos de terror- anula la libertad y seguridad de ciudadano en la participación y crítica política del país.

Este tipo de fenómenos ponen en tela de juicio todo el proyecto al que se ha auto insertado y auto construido el Estado mexicano, un proyecto en aras del progreso y de la modernidad, obviamente, muestra las contradicciones cortantes y profundas de tal proyecto cuando se pone la lupa en estos fenómenos.

Si bien las grietas sobre el control gubernamental violento se podían ver desde el siglo XIX, creo que es a partir de este momento que la vida se vuelve un poco más  “difícil”.

Es en los años sesenta, momento en el que la gran articulación entre lo político y lo económico se fundamentan, cuando el Estado tiene una diferente acción dentro de los sistemas sociales. El Estado, que hasta entonces insertó el modelo keynesiano, empieza a ser presionado por el capital mundial.

Henri Lefebvre apunta que es en los sesenta cuando tiene lugar la articulación entre lo político, lo social y lo económico. Es más visible que nunca. Y cuando el la figura del estado se articula a su vez a otros, es decir, que la figura del Estado se mundializa y socializa, el Estado, más bien, los Estados, se articulan bajo el manto del mercado mundial; estando en un capitalismo ya maduro, superando el mercado socialista.

Por tanto es notoria la polarización de ideologías, y por ello, la tensión política que existe en el mundo, frente al miedo de una tercera guerra mundial, con tintes aún más apocalípticos, una guerra nuclear.  La tierra dividida en dos, o por lo menos así lo parecía, situando a América en una manta capitalista en mano de los Estados Unidos: “los eventos de los años 60 desafiaron ambas tradiciones y forzaron a los líderes estadounidenses a reevaluar su política hacia América Latina”, menciona Tulchin.

México se había situado dentro de un modelo estabilizador económico, pero obviamente, no era para siempre, por lo que es a partir de las décadas de los sesenta que empiezan a mostrarse las rupturas del régimen político en México.

El proyecto nacional de modernización alcanzaba sus objetivos, pues la urbanización se expandía con rapidez, sin embargo a partir de estos procesos dan también pie a problemas de carácter social, como la migración del campo a la ciudad, la salubridad, periferias de la ciudad, la distribución de territorio a los nuevos habitantes, la satisfacción de recursos y servicios así como la contaminación y deterioro ambiental a escalas inimaginables.

En los sesenta el modelo estabilizador aún deja un poco de huellas, por ejemplo, durante el sexenio de López Mateos (1958-1964) figura aún con proyectos de carácter social, por ejemplo, es en 1960 la fundación del ISSSTE (Instituto de Seguridad  y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado).

La participación ciudadana en cuestión política buscaba cada vez más amplios espacios de acción, las generaciones, que en su mayoría son jóvenes, exigen la satisfacción de demandas exponiendo a finales de la década, la falta de diálogo entre el régimen y la ciudadanía.

De la mano con el contexto de la Guerra Fría, los regímenes políticos abrazados por EEUU temían todo rasgo “comunista” dentro del territorio, por lo que la represión era una medida para mantener el orden.

El anticomunismo, ideología partida del gobierno para desacreditar y reprimir toda aquella lucha o protesta por derechos individuales y sociales, aplicó su persecución con los levantamientos populares en protestas así como los movimientos sindicales y estudiantiles.

México ha protagonizado vergonzosamente estos fenómenos, como las desapariciones forzadas. En el centro de la ciudad de México se encuentra el Museo Casa de Memoria Indómita, un lugar dedicado a la exhibición, reconocimiento y denuncia contra las desapariciones forzadas en los últimos 50 años en México, un lugar donde no pueden dejar pasar la oportunidad de visitar.

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