Microsoft alcanza el punto de ruptura frente a Sony con Game Pass

Xbox Game Pass está gustando a usuarios de otras consolas, como los de Play Station 4 y 5, que exigen a Sony una alternativa similar.

En el imaginario colectivo de varios importantes países, atendiendo a la capacidad adquisitiva de sus ciudadanos y ciudadanas, cualquier videoconsola se llama “la play“, haciendo referencia a la máquina de la empresa japonesa Sony: PlayStation.

Esto es debido a la imposición de un relato mediante un constante e intensa campaña mediática sostenida durante décadas. Ese relato consta de tres ideas-fuerza que son los pilares de su imagen: los mejores juegos exclusivos; respeto por los valores gamers tradicionales y es el lugar en el que juegan tus amigos.

Hay mucho de verdad en esos tres argumentos que sostienen la marca a día de hoy. Sus exclusivos son de altísima calidad, es cierto objetivamente. Su principal responsable Jim Ryan rechaza -cada vez menos- los nuevos vientos traídos por la visión de Phil Spencer, máximo responsable de Xbox; y al ser la más vendida -al menos en la generación anterior- es el lugar en el que podrás jugar más fácilmente con tus amigos.

Sin embargo hay matices más o menos profundos que degradan esas ideas-fuerza, y que generan contradicciones insuperables cuando se las pone frente a la realidad. Por ejemplo, sus exclusivos. Son de altísima calidad, sí, pero ¿mejores que todos los de la competencia?

Es muy difícil responder con un sí absoluto a no ser que quien responda haya consumido información favorable al hate de la guerra de consolas, sobre todo ahora que el Game Pass permite probar todos los juegos exclusivos de Microsoft -de forma completa- desde el día de su salida.

Además, los gustos personales tienen mucho que decir a la hora de las valoraciones. ¿Es mejor un juego con una narrativa excelsa al que después de completar su historia no se vuelve a jugar, o uno con un argumento más macarra pero con contenido nuevo cada pocos meses, con novedades que diviertan al jugador durante años?

¿Es mejor The Last Os Us II o Gears Of War 5? ¿Forza o Gran Turismo? Pues rayando todos unos gráficos de ensueño y unas capacidades técnicas excelsas -aunque ahora con Dolby y Ray Tracing sean superiores en Xbox Series, pero sin que las de PS5 se queden muy atrás- todo se reduce a los gustos personales de cada uno y cada una. A la nostalgia y otras cuestiones como el juego en solitario o en cooperativo que responden más a lo subjetivo (emociones y sentimientos), que a lo puramente objetivo.

Por lo tanto, gracias a Game Pass, Microsoft ha podido poner en alza sus exclusivos rompiendo la idea-fuerza de que los de su competencia en consolas eran mejores, generando una disputa que eleva a sus títulos a una actualidad mediática que antes era impensable. Además, ha demostrado que cuenta con muchos exclusivos más allá de las franquicias Halo, Gears y Forza.

También hay que tener en cuenta que la prensa, que puede desarrollar su actividad gracias en gran parte a los anuncios de Sony, debe vanagloriar títulos mediocres de la marca japonesa como Destruction AllStars, que recuerda al fracasado Lawbreakers por la pobre cantidad de jugadores que tiene en sus servidores.

En cuanto a los valores gamers tradicionales, es un respeto anacrónico, que limita el nicho al que interpela la marca, en el que poco a poco solo caben los jugadores de consola, y no todos, ya que dentro solo están los que quieren juegos de un solo jugador, por los que se paga 80 euros para jugarlos una sola vez.

Play Station tiene un catálogo mucho más amplio, claro está, pero su argumento de peso es que sus juegos exclusivos -no los multiplataforma-, por los que comprar sus consolas responden a esos parámetros, aunque después, al ver las estadísticas tanto de ventas como de juego, esos títulos los disfrutan un número muy reducido de jugadores teniendo en cuenta el total de usuarios de las máquinas en las que salen, e incluso comparándolos con los números cosechados por otros títulos multi como Fortnite, FIFA, Call Of Duty o Rocket League.

Sostener estos valores tradicionales hace que el modelo de Sony también esté anclado en el pasado. Se debe comprar una videoconsola cara, y adquirir juegos a precios de salida inasumibles (80 euros), cuando su competencia directa, Microsoft, ofrece medio año de cientos de videojuegos por ese precio, a los que puedes jugar en una consola con mejores capacidades técnicas por el mismo o menor precio, o si lo prefieres puedes jugar desde el PC, ¡y desde el móvil o la tablet que ya tienes!

Eso es exactamente el Game Pass, un servicio con un precio muy inferior a la calidad del servicio, en el que los títulos de Microsoft siempre estará, y que contiene un catálogo en el que hay juegos indies, dobles A y triples A, tanto de first, como de second y thrids parties.

Yo estoy jugando ahora mismo al Final Fantasy VIII (Square Enix, thrid party) y Fallout 76 (propiedad de Microsoft), y en los próximos días al Outriders y Octopath Travaler. ¡El primero es un triple A que llega a Game Pass de salida! Y el segundo se suponía que era exclusivo de Nintendo Switch. Sin tener que pagar más.

Y es aquí el momento en el que Microsoft, pese al silencio mediático -cuando se levanta suele ser para manipular- sumado al ruido informativo favorable a los de PlayStation, alcanza el punto de ruptura con Sony.

Los usuarios de Sony han comenzado -se ve cada vez en mayor número por las redes sociales- a abandonar el hate contra Xbox Game Pass patrocinado por Sony en los medios de comunicación en los que pone sus anuncios, para exigir lo mismo en su plataforma.

¿Por qué los de Xbox tienen Outriders de salida y nosotros no?“. “¡Nosotros también queremos Octopath Traveler en Play Station sin coste adicional!“.

Esto indica dos puntos fundamentales, el primero se refiere al imaginario colectivo. Ha cambiado, ahora le pertenece a Microsoft, que ha logrado imponer en él su visión de los videojuegos pese a la oposición mediática de  Sony.

El segundo es la concreción material de ello en la realidad objetiva. Quienes no tienen Game Pass lo quieren, al menos en su plataforma. Ya no cargan contra él repitiendo argumentos falsos (no tiene juegos grandes, es solo un alquiler, solo hay juegos antiguos), sino que exigen una alternativa parecida en su plataforma.

El problema es que Sony debe responder a las inercias comerciales de su apuesta anacrónica. Debe vender muchas consolas y muchos juegos para poder tener los recursos económicos y la capacidad técnica para poner en marcha un servicio que -atención-, como mucho sea cercano al primer Game Pass.

Sin embargo tiene un problema más acuciante que solventar antes, el desarrollo de una videoconsola que sea realmente de nueva generación, ya que la actual PS5 no ofrece herramientas nuevas, ni la calidad en sus componentes, que sí tienen las Xbox Series X|S, lo que supone una nueva inversión que le impide, e impedirá en el medio plazo, embarcarse en una aventura que le pueda traer a sus usuarios su propia versión del Game Pass.

En esa espera, Xbox Game Pass seguirá sumando títulos y creciendo. Muchos usuarios y usuarias no esperarán a que Sony quiera -y pueda- reaccionar.