Venezuela y la democracia, una larga historia de amor plagada de dificultades

En Venezuela existe una profunda relación sistémica entre las variables culturales políticas, militares, y petroleras, las cuales, determina la dinámica social, política y económica del país.

El periodo 1958-1998 se inicia tras las profundas tribulaciones políticas, sociales y militares que caracterizaron a Venezuela en la primera mitad del siglo XX. El acontecimiento más resaltante desde la perspectiva política, es el continuismo que ha tenido el modelo democrático, fundamentado en la participación de la ciudadanía en elecciones libres directas y secretas cada cinco años durante el periodo antes mencionado.

A través de esa línea de tiempo, Venezuela ha experimentado la presencia de corrientes ideológicas más resaltantes de la segunda mitad del siglo XX. En primer lugar, la socialdemocracia, cuya organización bandera fue Acción Democrática, hoy en día totalmente alejada de espectro político izquierdista.

Por otra parte, hubo presencia del socialcristianismo a través del partido COPEI. La ideología socialista se expresaba a través de cuatro grupos principales: MAS, CAUSA R, PCV y MEP. A lo largo del tramo de tiempo estudiado, estas organizaciones políticas de alguna u otra forma han sido electas en elecciones.

La pugna democrática que se ha mantenido en la sociedad venezolana es un acontecimiento verdaderamente trascendental para su historia contemporánea. Lograr la democracia ha sido para Venezuela una tarea tortuosa y llena de dificultades. En la actualidad no solamente hablamos de amenazas en lo político, la democracia también es vulnerada por medio de la corrupción, la delincuencia y el extremismo.

En esta era democrática los factores políticos han mostrado más de una vez su posición frente a las problemáticas del país, expresando públicamente la necesidad de defender, profundizar y perfeccionar el sistema democrático en nuestra nación por cuanto esta siempre debe ser la aspiración política más acabada de la verdadera política.

En Venezuela existe una profunda relación sistémica entre las variables culturales políticas, militares, y petroleras. Hablamos de una interrelación que determina la dinámica social, política y económica del país. Desde el punto de vista sistémico, la variable cultural, es el motor de a su vez de toda interrelación social y política, es la que determina la idiosincrasia y sus formas de manifestación.

La variable militar en el sistema político venezolano funge como un sector de presión política, y al mismo tiempo, se posiciona como un estamento de poder. Si bien la variable militar forma parte del sistema político venezolano, al mismo tiempo actúa como un subsistema de relación cuasi caudillistas como herencias de las guerras de independencias y posteriores guerras civiles.

La actuación de esta última variable a menudo muestra signos de autonomía y decisión propia. En ciertas etapas del sistema político venezolano, en el caso de las fuerzas Armadas, han actuado como un órgano que contribuye al mantenimiento y sobrevivencia del “estatus quo” ante amenazas internas o externas.

En este mismo sentido, en la variable militar intervienen factores internos de sublevación, así como la lucha de guerrillas en el país, esto último es consecuencia de posturas políticas y culturales disidentes a la estructura gobernante y militar de la época. La variable militar es la que está en mayor dependencia con la variable político-cultural, es esta última la que determina la acción subversiva o represiva de la variable militar.

En lo que atañe a la variable petrolera, en relación a las variables culturales y militares, cabe señalar que, con relación a la actividad petrolera y afín, esta no se lleva a cabo sino hasta la segundad mitad del siglo XIX, con el comienzo de la explotación petrolera, así como su producción y exportación comercial.

Para 1930 Venezuela ya era un país netamente petrolero desplazando definitivamente rubros como el café y el cacao, tan importantes y valorados en su tiempo, siendo considerados poseedores de un lugar privilegiado en la producción nacional para la exportación y el consumo interno.

Este estado de cosas, se traduce también en cambios importantes a nivel estructural, geográfico, económico, cultural y social de la población venezolana. El petróleo es el motor de la economía venezolana, y fuente principal hasta la actualidad de los recursos necesarios para llevar a cabo políticas públicas.

En más de una ocasión en la historia de Venezuela, la variable petrolera ha servido para enriquecer el capital político de los gobiernos de turno, hecho que nos induce pensar en su estrecha relación con la variable político- cultural el cual es objeto de estudio del presente artículo. El petróleo en Venezuela ha servido al mismo tiempo para posicionar a Venezuela comercial y geoestratégicamente.

La llegada de Hugo Chávez no solamente representó un cambio de dirección política, con la promesa de la superación de los errores de la democracia, y la convocatoria a un proceso constituyente para la refundación de la República.

También significó el derrumbe del dominio bipartidista, ya seriamente afectado desde el proceso electoral de 1993. En un primer momento el candidato Chávez es percibido por la población como la personificación de los valores anti puntofijistas.

Tras la intentona golpista de 1992 ha ganado un lugar relevante en la idiosincrasia del venezolano la cual se sustenta, entre otras cosas, del fenómeno del caudillismo. Dado su origen militar, se le cree capaz no solo de atender las desigualdades sociales, sino también solucionar la crisis existente dentro de las fuerzas armadas.

1958-1998, culminó así ese período en el que se sucedieron en el poder Rómulo Betancourt, de AD; Raúl Leoni, de AD; Rafael Caldera (primera presidencia) de COPEI; Carlos Andrés Pérez (primera presidencia), de AD; Luís Herrera Campins de COPEI; Jaime Lusinchi de AD; Carlos Andrés Pérez (segunda presidencia), de AD y Rafael Caldera (segunda presidencia) apoyado por Convergencia, MAS y el llamado “chiripero”. Esta etapa culmina con el ascenso de Hugo Chávez al poder en febrero de 1999.

Como los agrios comentaristas de las circunstancias venezolanas de aquella época, pasadas cuatro décadas ostentando el poder distintas alianzas políticas y asociaciones gubernamentales, después de haber administrado una renta petrolera, la cual para muchos fue de manera ineficaz y corrupta, Venezuela había alcanzado una suerte de gran despeñadero económico y social.

El 6 de diciembre de 1998 en oposición a lo que pasaba hace cuarenta años atrás, los electores retiraron su apoyo al arcaico bipartidismo puntofijista. Durante ese tiempo de importantes cambios en el país, la gran totalidad de los que manifestaron su opinión política electoral lo hizo efectivamente contra aquellos considerados miembros de los “cogollos” de los partidos del momento, votó mayoritariamente por Hugo Chávez, y muy en segundo plano, por el independiente Henrique Salas Römer.

Al pasar cuarenta años de una democracia asistida por un hermético bipartidismo y sus cúpulas, estos mismos partidos sufrieron en las elecciones del 6 de diciembre una contundente derrota, situación que se perfila totalmente distinta a la que nació a partir del 23 de enero de 1958.

En la Venezuela de 1998 afrontaba un nuevo siglo y un nuevo milenio se llevó adelante una agenda inédita: se eligió a una Asamblea Constituyente para replantear un cambio profundo que abriese caminos hacia una nueva república donde se comenzara a gobernar en beneficio de las mayorías.

Consecuencia de esa Constituyente fue la aprobación de la nueva Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela mediante referéndum popular del 15 de diciembre 1999. Es aquí donde se escribe una nueva página de la historia de la República.